10 de jul. de 2014

Domingo 15



Mateo 28,16-20

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu Santo para que nos ayude a leer la Biblia como Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Tu palabra nos oriente a fin de que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar que Tú estás vivo en medio de nuestra historia como fuente de fraternidad, de justicia y de paz.  AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: En el pasaje que vamos a meditar hoy los discípulos se encuentran en Galilea con Jesús Resucitado. Él los acoge y les encomienda una nueva misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Noticia. Aunque esta nueva tarea les sobrepasa, Jesús espera que la experiencia vivida les sirva para no confiar en sus propias fuerzas, sino en él, que les acompañará en todo momento. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Mateo 28,16-20: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿Cómo reaccionaron los discípulos con la aparición de Jesús?
3)     ¿Qué les dice Jesús acerca de si mismo?
4)     ¿Cuál es la misión que Jesús confía a los discípulos?
5)     ¿Cuál es la gran promesa de Jesús?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     Los discípulos y discípulas debemos comunicar la Buena Noticia del evangelio a todas las personas para que sean discípulos(as) de Jesús. ¿Cómo hemos respondido a esta misión que el Señor nos ha encomendado?
b)  ¿Nuestra comunidad es misionera o tiende a cerrarse en sí misma? ¿Podemos llamarnos discípulos(as) de Jesús sin ser misioneros(as)? ¿Qué nos falta para ser misioneros?
c)     ¿De qué manera la gran promesa de Jesús es una fuente de esperanza, fuerza y coraje para cumplir nuestra misión?
d)    ¿Sentimos a veces  que la misión que Jesús nos entrega supera nuestras fuerzas? ¿De qué manera el texto de hoy nos da ánimo?
e)     ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Yo estoy con ustedes hasta el fin de los tiempos».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué gestos puedes hacer esta semana para anunciar a Jesús en los ambientes donde tu vives? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Señor, tú nos envías a continuar tu misión comunicando tu Evangelio a toda la humanidad. Confías en nosotros(as) para hacer de todos los pueblos discípulos(as) y seguidores de tus enseñanzas. Espíritu de Jesús, fecunda nuestra comunidad para que sea misionera, testimonio vivo del Evangelio y artesana de tu Reino, vivido hoy, en nuestros días. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  
  
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. ¿Qué significa que Cristo subió a los cielos?: El cielo no es un lugar al que vamos sino una situación en la que seremos transformados si vivimos en el amor y en la gracia de Dios. El cielo de las estrellas y de los viajes espaciales de los astronautas y el cielo de nuestra fe no son idénticos. Por eso cuando rezamos el Credo decimos que Cristo subió a los cielos, no queremos decir que El emprendiera un viaje al espacio. En el cielo de la fe no existe el tiempo, la dirección, la distancia ni el espacio. El cielo de la fe es Dios mismo de quien las Escrituras dicen: "Habita en una luz inaccesible" (1 Tim 6,16). Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes. La subida de Cristo al cielo es un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible, de la inminencia a la trascendencia, de la oscuridad del mundo a la luz divina. Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios (Lc 24,51; Hch 1,9). El vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr.

3. "… yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (28,20b): Cuando Moisés fue enviado a liberar al pueblo de Egipto, recibió de Dios una certeza, la única certeza que ofrece una total garantía: "Ve, Yo estaré contigo" (Ex 3,12). Y esta misma certeza les fue dada a los profetas y a otras personas enviadas por Dios para desarrollar una misión importante en el proyecto de Dios (Jer 1,8; Jue6,16). María recibió la misma certeza cuando el ángel le dijo: "El Señor está contigo" (Lc 1,28). Jesús, en persona, es la expresión viva de esta certeza, porque su nombre es Emmanuel, Dios con nosotros(as) (Mt 1,23). Él estará con sus discípulos(as) hasta el final de los tiempos. Aquí se manifiesta la autoridad de Jesús. Él controla el tiempo y la historia. Él es el primero y el último (Ap 1,17). Antes del primero no existía nada y después del último no vendrá nada. Esta certeza es un apoyo para las personas, alimenta su fe, sostiene la esperanza y genera amor y donación de sí mismos.

4. ¿A quiénes se dirige la Misión?: Después de su manifestación, Jesús confía a sus discípulos(as) una misión (Mt 28,19-20). Si comparamos este envío misionero con el de Mt 10,5-15, comprobaremos que se ha dado una transformación muy importante. Allí el anuncio del Evangelio debía hacerse sólo a Israel; aquí sin embargo, se dirige a todos los pueblos. En la perspectiva de Mateo, entre ambos envíos ha sucedido un acontecimiento muy importante: Israel ha rechazado a Jesús (puedes verlo en Mt 21,43), por eso el Reino ha sido entregado a un nuevo pueblo cuya misión consistirá en hacer discípulos(as) de Jesús a toda la humanidad. No es casual que el evangelio termine con un envío misionero. La Iglesia de Jesús es esencialmente una comunidad misionera. Las palabras del Señor resucitado: "Pónganse en camino", la invitan a salir constantemente de sí misma, y de sus problemas y preocupaciones domésticas, para abrirse a un nuevo horizonte: el de todas las personas que no conocen el gozo de sentirse pueblo de Dios y hermanos y hermanas entre sí.

5. Fuerza Misionera: Al final del primer siglo después de Cristo, las dificultades y las persecuciones probablemente llevaron a las comunidades cristianas a perder algo de su fuerza misionera y a cerrarse en sí mismas, como si fueran las únicas que defendían los valores del Reino. Pero el Evangelio de Mateo, fiel a una larga tradición de apertura hacia todos los pueblos, les hizo saber que las comunidades no pueden cerrarse en sí mismas. No pueden pretender para ellas el monopolio de la acción de Dios en el mundo. Dios no es propiedad de las comunidades, sino que las comunidades son propiedad de Yahvé (Ex 19,5). En medio de la humanidad que lucha y resiste contra la opresión, las comunidades deben ser sal y fermento (Mt 5,13; 13,33). Deben hacer que resuene en el mundo entero, entre todas las naciones, la Buena Noticia que Jesús nos ha traído: ¡Dios está presente en medio de nosotros(as)! Es el mismo Dios que, desde el Éxodo, se empeña en liberar a todas las personas que gritan hacia Él (Ex 3,7-12). Esta es su misión.

6. La última página del Evangelio de Mateo presenta una invitación. En este último encuentro, Cristo da a los discípulos y discípulas la misión de llevar la Buena Noticia de la resurrección a todas las naciones del mundo. La pequeña comunidad debe ser luz de las naciones. Debe realizar su misión junto a los pequeños y que otras personas se conviertan también en discípulas de Jesús. El lector que ha llegado hasta el final de este evangelio está invitado a continuar, prolongando la palabra y la acción de Jesús. De este modo Jesús continúa presente y actuante en medio de la historia humana. Y los Evangelios han sido escritos exactamente para eso: producir la conversión y el compromiso con Jesús y su proyecto. Entonces la invitación se transforma en una orden que lleva a la misión. Podríamos decir que la última línea de los Evangelios está siempre en blanco. ¿Qué hacer con ella? Escribir allí nuestro nombre, para sellar un término de compromiso: yo, fulano de tal, acepto el compromiso con Jesús y con su causa. Voy a continuar el anuncio y la práctica de la justicia que El comenzó.

Domingo 14



Mateo 11, 25-30

1. Oración Inicial: Señor, envíe tu Espíritu Santo.  Concédenos escuchar con apertura de corazón tu Palabra y comprender su mensaje para que vivamos siempre conforme a tu voluntad y actuemos como luz y fermento del mundo.   AMEN.        Cantar,  "Espíritu Santo Ven".

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: Cuando Jesús se dio cuenta que los pequeños entendían la buena nueva del Reino, se alegró intensamente. Espontáneamente se dirigió al Padre con una plegaria de acción de gracias e hizo una invitación generosa a todos los que sufren, oprimidos por el peso de la vida. El texto revela la ternura de Jesús al acoger a los pequeños y su bondad al ofrecerse a los pobres como fuente de reposo y de paz.  Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Mateo 11, 25-30: Leemos este pasaje de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso trasmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.  
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.     Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.
d.  ¿Qué dice el texto?
1)    ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?
2)    ¿Cuáles son los motivos que empujan a Jesús a dar alabanza a Dios?
3)    ¿A quienes ha revelado Dios los secretos del Reino? ¿A quienes les ha mantenido oculto?
4)    ¿Qué tipo de relación existe entre Jesús y el Padre? ¿Quién da a conocer al Padre Dios?
5)    ¿Qué invitación hace Jesús a los que están afligidos y agobiados? ¿Qué les promete?
6)    ¿Cómo describe Jesús a si mismo? ¿Qué características tiene el yugo y la carga de Jesús?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
  1. La Buena Noticia del Reino de Dios es revelada a los pequeños y sencillos. Comentar.
  2. ¿Valoramos la sabiduría de los pequeños, sencillos, trabajadores, campesinos, indígenas...? ¿Creemos que el pueblo sencillo tiene sabiduría y capacidad, o siempre será necesario recurrir a personas supuestamente “superiores” para gobernar la sociedad, la iglesia, las organizaciones sociales, la cultura...?
  3. En nuestros días: ¿Cuál es el yugo y la carga que más pesa sobre el pueblo? ¿Qué nos aflige  y agobia hoy? ¿Qué causas tiene o quiénes son los responsables de esa situación? ¿Dónde y cómo se busca alivio?
  4. ¿Es nuestra comunidad un lugar de acogida y aliento para los afligidos y agobiados?
  5. ¿Qué significa cargar con el yugo de Jesús? ¿Lo encontramos suave y liviana?  Explicar.
  6. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Desde la vida iluminada por la Palabra, ahora nos dirigimos a Dios.  Como comunidad orante, hablamos con el Señor alabando, dando gracias, pidiendo, contándole lo que uno quiere o siente. "Te alabamos, Padre, porque te revelaste a los sencillos".

5.  Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: Ser discípulos(as) de los pequeños. “Llevamos una “palabra. Seguramente esta “palabra” o versículo se hará presente durante el día (semana)  mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Te bendecimos, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido grandes cosas a los sabios y prudentes, y se las has revelado a los sencillos. Te pedimos que también a nosotros(as) nos des un corazón de pobre, un amor a la Causa de los pobres, y el desprendimiento necesario para no dejarnos atar por los intereses egoístas, de forma que siempre sepamos captar el sentido de “estas cosas” que revelas a los sencillos.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…  AMÉN.
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. El contexto literario de las palabras de Jesús: (Capítulos 10-12): En el Evangelio de Mateo, el discurso de la Misión ocupa todo el capítulo 10. En la parte narrativa que sigue después de los capítulos 11 y 12, donde se describe cómo Jesús realiza la Misión, aparecen incomprensiones y resistencias que Jesús debe afrontar. Juan Bautista, que miraba a Jesús con una mirada del pasado, no lo comprende (11,1-15). El pueblo, que miraba a Jesús sólo por interés, no es capaz de entenderlo (11,16-19). Las grandes ciudades en torno al lago, que habían oído la predicación y habían visto los milagros, no quieren abrirse a su mensaje (11,20-24). Los escribas y doctores que juzgaban todo a partir de su ciencia, no son capaces de entender la predicación de Jesús (11,25). Ni siquiera los parientes lo entienden (12,46-50) Sólo los pequeños entienden y aceptan la buena nueva del Reino (11,25-30). Los otros quieren sacrificios, pero Jesús quiere misericordia (12,8). La resistencia contra Jesús lleva a los fariseos a intentar matarlo (12,9-14). Ellos lo llaman Beelzebul (12,22-32). Pero Jesús no cede; él continúa asumiendo la misión del Siervo, descrito por el profeta Isaías (Is 43, 1-4) y citado por completo por Mateo (Mt 12, 15-31).

2. El término "sabios e inteligentes": La expresión apunta a los doctores de la ley, sumos sacerdotes y escribas; es decir, a la minoría que detenta el poder social y religioso en tiempo de Jesús. Se trata de aquellos que están sentados "en la cátedra de Moisés" (23,2) y que se han apoderado de "la llave del poder" (Lc 11,52). Son gente importante y religiosa, segura de sí misma, que desprecia al pueblo marginado y pobre. Ellos se sentían los depositarios de la revelación y los expertos en su interpretación. Con su afirmación Jesús desafía su autori­dad.

3. El término “pequeños”: De otro lado están los "pequeños" (vs.25). El término griego que emplea Mateo tiene una clara connotación de ignorancia. Se trata de “gente sencilla”, pero no en el sentido de personas humildes moral o espiritualmente. Se trata más bien del '”simple”, del ignorante, alguien considerado como incapaz de seguir, por él mismo, el buen camino. Es gente que requiere ser guiada por los maestros de la ley. La palabra "pequeños" está emparentada a pobres, hambrientos, afligidos, pecadores, enfermos, ovejas sin pastor, niños, los “no invitados” de que nos habla el Evangelio.  A ellos se da a conocer primero la revelación. El mundo religioso de entonces es, por consiguiente, socavado desde su base misma: el destinatario privilegiado de la Palabra de Dios. Los sabios, los doctores de aquel tiempo, habían creado una serie de leyes en torno a la pureza legal, que después imponían al pueblo en nombre de Dios (15, 1-9). Ellos pensaban que Dios exigía todas estas observancias, para que el pueblo pudiese tener paz. Pero la ley del amor, revelada por Jesús, afirmaba lo contrario. De hecho, lo que cuenta, no es lo que hacemos por Dios, sino más bien, ¡lo que Dios, en su gran misericordia, hace por nosotros(as)! Los pequeños oían esta nueva noticia y se alegraban. Los sabios y doctores no conseguían entender tal clase de enseñanza. Hoy, como en aquel tiempo, Jesús está enseñando muchas cosas a los pobres y a los pequeños. Los sabios e inteligentes harán bien en convertirse en discípulos(as) de estos pequeños.

4. El beneplácito del Padre: No es que la ignorancia sea una virtud o que ser sabio sea un demérito. El inteligente no es necesariamente un orgullo­so, ni el ignorante es siempre humilde. La preferencia no viene -en primer lugar- de condiciones morales o religiosas, sino de una situación humana en la que Dios se revela trastornando valores y criterios. El despreciado de este mundo es el preferido del Dios que nos revela Jesucristo (vs.27). Una buena lección para todo aquel que pretenda apoderarse indebidamente de la palabra del Señor. Esta nos debe llevar al servicio y no a la ebriedad del poder. La preferencia se arraiga en el beneplácito de Dios, su amor gratuito (vs.26). Este es el motivo del agradecimiento de Jesús. La oración del Señor ("yo te bendigo, Padre", vs.25) nos invita a hacer lo mismo. El amor libre y gratuito de Dios está al comienzo de todo. Desde allí es posible comprender sus exigencias de compromiso y solidaridad con los demás. Ese "yugo es suave" (vs.30), porque tiene en la raíz el amor

5. “yo los aliviaré": Jesús es la nueva fuente de vida capaz de fortalecer al pueblo cansado, capaz de oponerse a la enseñanza e interpretación de la ley que hacen los entendidos, que están utilizando la Palabra como un instrumento de do­minación. Jesús invita a todas las personas a acercarse a Él. Su enseñanza es descanso (Jr 6,16) del pasado opresor (Mt 11,28). Su mensaje, aunque exigente, es un yugo suave, no como la ley que enseñan los letrados, que mantenía a la gente en la opresión de lo puro e impuro. Jesús invita a romper con la enseñanza legalista que oprimía y a asumir su enseñanza. Él es el Hijo, la Sabiduría que co­noce y revela al Padre. Es lo contrario a una moral sofocante, sin alegría. Jesús propone el servicio exigente y alegre de las bienaventuranzas. El yugo que Jesús propone no es símbolo de tiranía ni de servidumbre, sino de docilidad y obediencia a la voluntad de Dios. Ésa es la única condi­ción para entrar en el Reino de los Cielos, y se concreta en la búsqueda de la justicia y en la práctica del amor (Mt 9,13; 12,7; 22,34-40).

San Pedro y San Pablo




Mateo 16,13-20

1. Oración Inicial: Señor de la Vida, tu Palabra es la fuente viva. Envía tu Espíritu Santo para acercarnos a ella y comprenderla. Danos también la gracia, la voluntad y el valor necesario para vivirla en nuestras vidas.   AMÉN.      Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El evangelio de Mateo tiene su propia visión sobre la funda­ción de la Iglesia y nos presenta a Jesús como un constructor dedicado a asegurar la solidez de sus cimientos. A la mitad del camino de Jerusalén, o sea, en la exacta mitad del proceso de formación de los discípulos, Jesús los interroga: “¿Quién dice la gente que sea yo?” Después de saber la opinión de la gente, quiere conocer la opinión de sus discípulos. Pedro, en nombre de todos, hace su profesión de fe. Jesús confirma la fe de Pedro.   Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Mateo 16,13-20: Leemos este texto de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.  Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d.  ¿Qué dice el texto?
1)    ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?
2)    ¿Cuál es la primera pregunta de Jesús a sus discípulos? ¿Cuáles son las opiniones de la gente sobre Jesús?
3)    ¿Cuál es la segunda pregunta de Jesús a sus discípulos? ¿Cómo respondió Pedro en nombre de los discípulos?
4)    ¿Por qué Jesús le llama “dichoso” (“feliz”)?
5)    ¿Cuál es la nueva misión que el Señor encomienda a Pedro para la edificación de la comunidad cristiana?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. En el texto aparecen muchas opiniones diversas sobre Jesús. ¿Cuáles son algunas de las opiniones que existen hoy sobre Jesús?
  2. La pregunta de Jesús también va dirigida a nosotros(as), a la Iglesia de hoy, a nuestra comunidad, a mí personalmente: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién es para nosotros Jesús? ¿Qué significa en nuestra vida?
  3. Si creemos en Jesús, ¿Cuál debe ser nuestra conducta? ¿Cuál es la misión que de ello resulta?
  4. Somos discípulos misioneros(as): ¿Cómo, con nuestro testimonio, compartimos con la gente la fe y el amor, consecuencia de nuestro seguimiento de Jesús?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.”

5.  Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: Confesar que Jesús es el Mesías es vivir como él nos enseñó: ¿Qué debe cambiar en nuestra vida para lograrlo? Llevamos una “palabra”.  Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Padre Bueno, ayúdanos a creer en Jesús y a seguir sus pasos. Danos fe para reconocer su presencia entre nosotros, vivo en los sufrientes y excluidos.  Ayúdanos a reconocerlo para aprender de su vida y comprometer la nuestra hacia la realización de tu voluntad, el Reinado de la Vida, la justicia y de Amor.  AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…  

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. La Iglesia, en el evangelio de Mateo: La palabra "Iglesia", en griego ekklesía, aparece 114 veces a el Nuevo Testamento, casi exclusivamente en las Cartas y en los Hechos de los Apóstoles. En los evangelios aparece tres veces, sólo en Mateo, quién concede una gran importancia al tema de la Iglesia. Utiliza este término para referirse a la comunidad cristiana, de cuyo origen y desarrollo se preocupa de un modo especial.

    a. El nuevo pueblo de Dios: Iglesia es una palabra de origen griego que significa "asam­blea" y que en el Antiguo Testamento se aplica a Israel como pueblo elegido y convocado por Dios. Mateo, en cambio, designa con ella a la reunión de los que creen en Jesús. ¿Por qué? Según la visión del evangelista, la Iglesia surge a raíz del rechazo de Israel, que no quiso reconocer en Jesús al Mesías esperado. La parábola de los viñadores homicidas (21,33-43) se refiere con crudeza a este drama y acaba con estas palabras: "Por eso os digo que se os quitará el Reino de Dios y se entrega­rá a un pueblo que dé a su tiempo los frutos que al Reino corresponden". La Iglesia cristiana es, por tanto, ese nuevo pueblo de Dios encargado de culminar la misión frustrada que Israel no supo llevar a cabo. En ella se superan las antiguas barreras y tienen cabida todas las gentes sin distinción, judíos y paganos, siem­pre que acojan a Jesús como Mesías e Hijo de Dios y pongan en práctica sus enseñanzas (28,16-20).

    b. La Iglesia de Jesús: La Iglesia no es para Mateo una institución más, ni debe su origen a la iniciativa humana. Es Jesús quien la reúne, la edifica y la consolida. Por eso la llama "mi Iglesia" (16,18) y promete no dejarla nunca sola y acompañarla hasta el final de los siglos. La antigua alianza entre Dios e Israel se hace ahora realidad en la persona de Jesús, que está siempre presente en medio de su comunidad (1,23; 18,20; 28,20). La estrecha relación entre Jesús y su Iglesia se manifiesta también en el encargo que ésta recibe de continuar su misión (10, 11,2-6; 18,16-20). Su razón de ser no es otra que pro­longar la presencia del Señor en medio de este mundo. La Iglesia o la comunidad no es el Reino. El Reino es mayor. En la Iglesia, en la comunidad, debe o debería parecer a la vista de todos aquello que pasa cuando un grupo humano deja que Dios entre a formar parte de sus vidas.

    c. Una comunidad de discípulos(as): El primer núcleo de la Iglesia se encuentra, sin duda, en el grupo de los Doce. Pero Mateo no suele emplear para ellos el calificativo de "apóstoles". Prefiere llamarlos simplemente "discí­pulos". De este modo los propone como modelo de aquellas acti­tudes que deben hacer suyas los miembros de la comunidad cristiana de todos los tiempos. Ésa es la razón de que Mateo haya suavizado un tanto los rasgos negativos con que los Doce son presentados en otros evangelios (especialmente Marcos), aunque no los idealiza ni oculta sus limitaciones. Dos son las características esenciales que según él definen al discípulo(a): la comprensión de las en­señanzas de Jesús (13,23; 16,12; 17,13) y la fe en él (14,33). Discípulo(a) es por tanto el creyente, aunque su fe sea a veces "poca" (14,31; 16,8...) y esté constantemente ame­nazada por dudas y vacilaciones

2. La Misión de Pedro: La especial tarea que se le confiere a Pedro en este pasaje concuerda con la que aparece en otros pasajes de Mateo: es el portavoz del grupo de los discípulos y tiene una especial relación con Jesús (véase Mt 14,28-31 y Mt 17,24-27). Al presentar así a Pedro, el evangelista se hace eco del impor­tante papel que desempeñó en la vida de la Iglesia naciente, sobre todo en las comuni­dades de Siria, a las que se dirige este evan­gelio. De Pedro han recibido el evangelio y la tradición sobre Jesús; él ha sido la roca sobre la que se ha edificado su comunidad. Este texto ha suscitado numerosas dis­cusiones entre católicos y cristianos no católicos sobre la figura del papa como sucesor de Pedro. La tradición católica ha entendido este pasaje como fun­damento del ministerio de Pedro, que se trasmite a sus legítimos sucesores, y ha visto en él el fundamento del primado del Papa sobre la Iglesia universal. La tradición cristiana no católica, sin embargo, ha visto en las palabras de Jesús una alabanza y una promesa referidas, no a su persona, sino a la confesión de fe que Pedro proclama.

3. ¿quién dicen Uds. que soy yo?": La segunda pregunta es directa: "¿quién dicen Uds. que soy yo?" Es una interrogante siempre vigente; ¿quién es Jesús para nosotros(as) hoy? Tal vez nos sorprenderíamos si tuviésemos el coraje de responderla. Cristo ¿es realmente el centro dinámico y exigente de nuestras vidas? o ¿acaso nuestra respuesta sobre su identidad se ha convertido en una formalidad sin influir mucho en nuestra vida diaria? La contestación de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo", no es algo puramente formal. La fe profesada por el após­tol será el fundamento inconmovible sobre el que se asentará el nuevo pueblo de Dios que Jesús quiere reunir, de modo que el poder de la muerte no pueda vencerlo ni destruirlo. Ella exige un comportamiento que parte de la decisión de seguir los pasos del Señor en su amor por los marginados e insignificantes de la historia y en su servicio a los más necesitados.