22/4/2014

Pascua de resurrección



Juan 20,1-9


1. Oración Inicial: Señor Jesucristo, luz del mundo, fuente de vida y de gozo, danos tu Espíritu de amor y de verdad para que, como María Magdalena, Pedro y Juan, sepamos descubrir e interpretar a la luz de la Palabra los signos de tu vida presente en nuestro mundo y acogerlos con fe para vivir siempre en el gozo de tu presencia aún cuando todo parezca rodeado de las tinieblas de la tristeza y del mal.  AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: Vamos a leer el texto en el que el evangelista, por medio de la visita de los dos discípulos al sepulcro vacío y de la aparición a María Magdalena, trata de comunicar a los lectores y a las lectoras el sentido de la fe en la resurrección. Durante la lectura, tratemos de prestar atención a los detalles del relato.  Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Juan 20,1-9: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d.  ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que le impresionó más.
2)     ¿Quién fue la primera persona en llegar a la tumba de Jesús? ¿Qué día fue? ¿Qué hace?
3)     En la carrera con Pedro, ¿Quién llegó primero al sepulcro y qué hizo?
4)     ¿Qué hizo Pedro al llegar? ¿Qué pasó con el discípulo amado cuando entró al sepulcro vacío?
5)     ¿Qué es lo que no entendían inicialmente en la Escritura?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     Para dar testimonio no basta saber que Jesús ha resucitado, hay que experimentarlo presente. Cada uno(a) relata, ¿Cuál es su experiencia de encuentro personal con el Señor Resucitado? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
b)    De la muerte brota la vida. El pueblo hoy vive situaciones de muerte cotidianas (cesantía, salarios bajos, situaciones de corrupción, violencia e injusticia). El Dios de la Vida nos invita a ser testigos de la Resurrección. ¿Cómo podemos ser testigos del proyecto del Reino en el lugar que nos toca vivir y trabajar? ¿Cómo celebrar el gozo pascual en medio del sufrimiento humano?
c)     El Discípulo Amado “vio y creyó”: ¿Qué es lo que nos lleva a creer que Jesús está vivo, que está presente entre nosotros, hoy, dando vida nueva a los pobres?
d)    ¿Hemos pasado ya por una experiencia de pérdida o de muerte? ¿Qué es lo que nos ha dado nueva vida o nos ha devuelto la esperanza y alegría de vivir?
e)     ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “Hemos visto al Señor”

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Con qué signos externos concretos voy a celebrar la Resurrección de Jesús en mi casa y en mi comunidad? Llevamos una “palabra Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor

6. Oración final: Señor de la vida, que nos llenas de gozo con ocasión de las fiestas anuales de Pascua. Ayúdanos para que, renovados por la gran alegría experimentada por la comunidad, trabajemos siempre por vencer los signos de la muerte. Haz de nosotros testigos convencidos del triunfo final del Amor y de la Vida.    Padre Nuestro, que estás en el cielo…  AMÉN.

 Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1.Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Clave de lectura: Para el evangelista Juan, la resurrección de Jesús es el momento decisivo del proceso de su glorificación, con un nexo con la primera fase de tal glorificación, a saber, con la pasión y muerte. El acontecimiento de la resurrección no se describe con las formas espectaculares de los evangelios sinópticos: para Juan la vida del Resucitado es una realidad que se impone sin ruido y se realiza en silencio, en la potencia discreta e irresistible del Espíritu.  El hecho de la fe de los discípulos se anuncia "cuando todavía estaba oscuro" y se inicia mediante la visión de los signos materiales que los remiten a la Palabra de Dios.  Jesús es el gran protagonista de la narración, pero no aparece ya como persona.

3. El crucificado es el resucitado. Los apóstoles no anunciaban una resurrección abstracta, sino una muy concreta: la de aquel hombre llamado Jesús, a quien las autoridades civiles y religiosas habían rechazado, excomulgado y condenado. Cuando Jesús fue atacado por las autoridades, se encontró solo. Sus discípulos lo abandonaron, y Dios mismo guardó silencio, como si también lo hubiera abandonado. Con su muerte en cruz, todo pareció concluir. Sus discípulos se dispersaron y quisieron olvidar. Pero ahí ocurrió algo. Una experiencia nueva y poderosa se les impuso: sintieron que estaba vivo. Les invadió una certeza extraña: que Dios sacaba la cara por Jesús, y se empeñaba en reivindicar su nombre y su honra. “Jesús está vivo”, no ha podido la muerte con él. Dios lo ha resucitado, lo ha sentado a su derecha misma, confirmando la veracidad y el valor de su vida, de su palabra, de su Causa (El Reinado de Dios). Jesús tenía razón, y no la tenían los que lo expulsaron de este mundo. Dios está de parte de Jesús, Dios respalda la Causa del Crucificado. El Crucificado ha resucitado, ¡vive! Y esto era lo que verdaderamente irritó a las autoridades judías: Jesús les irritó cuando estaba vivo, y les irritó aún más cuando resucitó entre sus discípulos. A las autoridades judías, lo que tanto les irritaba no era el hecho físico mismo de una resurrección, que un ser humano esté muerto o vivo; lo que no podían tolerar era que aquel ser humano concreto, Jesús de Nazaret, cuya Causa (su proyecto, su utopía, su buena noticia) que tan peligrosa habían considerado y que creían ya descartada al haberlo crucificado, volviera a ponerse en pie, resucitara.  Y no podían aceptar que Dios estuviera sacando la cara por aquel crucificado condenado y excomulgado. Era imposible para ellos que Dios se manifestara a favor de Jesús, que lo avalara. Ellos creían en otro Dios, no en el que los discípulos de Jesús creían reconocer en aquella experiencia de sentir a Jesús resucitado.

4. De todas las mujeres presentes en la tumba en los otros evangelios, sólo María Magdalena aparece en Juan. Tuvo el valor de quedarse con Jesús hasta la hora de su muerte en la cruz (19,25). A la noticia de la Magdalena que ve el sepulcro vacío, Pedro y el Discípulo Amado van al sepulcro. El evangelio nos comunica algo extraño: el "otro discípulo (discípulo amado)" corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro, pero no entró. Pedro miró adentro y vio los lienzos en el suelo. El discípulo amado, tras haber entrado, vio también el sudario enrollado en un lado y el evangelio dice: "¡Vio y creyó!" Pero no nos dice nada de la reacción de Pedro que había entrado primero en el sepulcro vacío. Al final, el evangelio añade esta frase: "Aún no habían comprendido la Escritura, según la cual Jesús debía resucitar de entre los muertos" (20,9). Esto significa que el Antiguo Testamento no comunica por sí sólo la comprensión total de lo que encierra. La luz para entender el verdadero sentido del Antiguo Testamento se ve en el preciso momento en que el Discípulo Amado "vio y creyó". El sepulcro vacío fue para él, y únicamente para él, un "signo". Su experiencia de la resurrección fue como una luz que entró en los ojos de los discípulos y de las discípulas y les reveló el sentido total y completo del Antiguo Testamento. Y es la luz en los ojos la que libera el sentido de las palabras del Antiguo Testamento.

5. El Nuevo Rostro de Dios: El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos(as). Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Los seres humanos podrán destruir la vida de mil maneras, pero si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que sólo quiere la vida para su pueblo. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, quiere vernos llenos de vida. En adelante, sólo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «felices los pobres porque le tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilatos, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Sólo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos. Dios resucita a los crucificados. Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad como se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Sólo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.

13/4/2014

Domingo de Ramos



Mateo 21,1-11

1. Oración Inicial: Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad, abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Purifica nuestros corazones de todo lo que opone resistencia a la Palabra. Haz que aprendamos a escuchar con corazón abierto la Palabra que Dios que nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto del Reino con nuestra perseverancia. AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: En el encuentro de hoy, el evangelio de Mateo nos narra la entrada de Jesús en Jerusalén, aclamado por el pueblo como el Mesías. El pueblo esperaba un Mesías que fuese un rey fuerte y dominador. Pero Jesús no corresponde a esta expectativa. Es hijo de un trabajador. Es un Mesías diferente de lo que se esperaba. Sin agredir al pueblo, procura ayudarlo a ver las cosas más claras. Entra montado en un pollino, cría de un animal de carga. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Mateo 21,1-11: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿Qué animal está presente en este relato? ¿Qué significado tiene en este texto?
3)   ¿Cómo reaccionan los discípulos, la multitud, Jesús y la gente de la ciudad ante la entrada en Jerusalén? ¿Qué usaron para cubrir el suelo?
4)     ¿Qué títulos recibe Jesús en este texto?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     ¿Qué  títulos suelen atribuirse  a Jesús hoy en día?
b)   ¿Cuál es la imagen de Jesús que hoy divulgan los medios de comunicación a través del cine, televisión, canciones, propaganda, etc.?
c)     ¿Qué pensamos de todo esto?
d)    "Querían un gran Rey". ¿Cuál es el Jesús que queremos y amamos nosotros? ¿Qué práctica debe brotar de ese amor?
e)     La venida del Mesías pobre exige tomar postura: ¿Cuál es la nuestra?
f)   ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Jesús, rey manso y humilde de corazón, escucha nuestra oración».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Intentemos esta semana reconocer el rostro de Cristo en los empobrecidos. Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Dios, Padre Bueno, Tú que nos amas hasta el extremo, ayúdanos a poner en práctica tu Palabra de Vida. Enséñanos a amar a los demás con todas nuestras fuerzas, y que nuestro amor no se quede en buenas palabras sino que se traduzca en obras de justicia, de amor y de servicio a favor de todas las personas, especialmente a los más pobres.  Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  





Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1.    Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Contexto: Jesús termina el viaje y llega a Jerusalén, donde tendrán lugar los acontecimientos más importantes de su vida. Al entrar en la ciudad, realiza tres gestos simbólicos que revelan su identidad mesiánica: 1. Entra montado en un pollino que, según las profecías, era la característica del rey justo, pobre y desarmado (21,1-11). 2. Entra en el templo, expulsa a los vendedores y denuncia la hipocresía del comercio de los animales para los sacrificios (21,12-17). 3. Maldice la higuera para manifestar su crítica contra el pueblo de Israel, por no haber producido frutos de justicia (21,18-22).

3. "¿Quién es éste?"  Cuando Jesús entra en Jerusalén, la ciudad se conmueve y se pregunta: "¿Quién es éste?" (21,10). La gente respondía: "Es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea" (21,11). La palabra que usa Mateo para describir la reacción de la ciudad se usaba también para describir un temblor de tierra. Esta reacción de la gente de la ciudad nos da la clave para entender lo que estaba pasando en las comunidades a las que Mateo escribía su evangelio. Los fariseos y los jefes de la sinagoga "se conmovían", reaccionaban contra los seguidores de Jesús y se negaban a aceptarlo como Mesías. No obstante, la multitud, las personas sencillas, lo identificaban como el profeta anunciado por Moisés (Dt 18,15.18), en total continuidad con la historia y las esperanzas de Israel.

4. El Mesías pobre y desarmado (21,1-5): La escena de la entrada de Jesús en Jerusalén nos muestra su identidad como Mesías pobre y desarmado. Él mismo se prepara para entrar en la ciudad montado en un pollino, el transporte de los pobres de aquella época. Al narrar este episodio, Mateo se inspira en la tradición profética. Para dar a la escena el sentido de cumplimiento de la profecía, cita literalmente el texto de Zacarías 9,9: "Digan a la hija de Sión: Mira, tu rey viene a ti, humilde y sentado en un asno, en un pollino, cría de m animal de carga".

5. Acoger a Jesús tal como se revela y se presenta (21,6-7): Los discípulos son los que se encargan de preparar el animal para la entrada de Jesús en la ciudad. Harán exactamente lo que Jesús les manda. En el fondo de esta narración hay un recado para las comunidades: el verdadero discípulo es aquel que acepta a Jesús de la manera que es y quiere ser, y no de la manera que les gustaría que fuese. Si Jesús se hizo un Mesías sobre y desarmado, no lo pueden hacer un Mesías glorioso y poderoso.

6. Ellos querían un gran rey (21,8-9): La gente reacciona con entusiasmo. Extiende sus mantos en el suelo para que pase Jesús y gritan: "Hosanna al Hijo de David". Reconocen en Jesús al Mesías, el descendiente de David: "Querían un gran rey que fuese fuerte y dominador". Jesús no daba mucha importancia a este título "Hijo de David" y lo cuestionó (22,41-46). Por la forma de entrar en la ciudad sentado en un burro, estaba diciendo que su manera de ser rey era diferente.

7. ¿Quién es éste? (21,10-11): La entrada de Jesús en Jerusalén cuestiona a la gente de la ciudad. Ésta tiembla, se conmueve y se pregunta: "¿Quién es éste que la multitud acoge como rey mesiánico? ¿Por qué viene como un pobre? El pueblo responde: "Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea". Y con eso deja bien claro que toda la actividad liberadora que Jesús realizaba en Galilea ahora se va a confrontar con el centro del poder opresor.

8. Como en su nacimiento (2,1-12), su presencia provoca dos reacciones opuestas: mientras la gente grita "Hosanna" -sálvanos- (cf. 2 Re 6,26-27), la ciudad que representa a los poderosos se inquieta. La presencia de Jesús es una amenaza para los que viven a costa de la vida de la gente. Ellos preguntan: "¿Quién es éste?" (21,10). La gente responde: "Es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea" (21,11). Las actividades liberadoras que Jesús hizo en Galilea desafían al poder opresor. Su forma de vivir pone en entredicho a las instituciones y a los servicios de la antigua alianza. La venida del rey-pobre exige tomar postura: rechazo o aceptación. Las comunidades deben distinguir entre el verdadero y el falso discípulo; entre el antiguo y el nuevo pueblo de Dios; entre el poder y el servicio. ¡La decisión es nuestra!

9. Los ramos en la fiesta de la entrada de Jesús: Hoy celebramos con ramos la entrada de Jesús en Jerusalén. El origen de esta aclamación viene de la fiesta de las tiendas, que se celebraba en otoño, después de la cosecha (Dt 16,13; Lv. 23,34). Recordaba el tiempo en el que el pueblo de Israel caminaba por el desierto (Lv 23,43), viviendo en tiendas. Por eso, durante una semana recogían ramas y montaban tiendas por todas partes (Neh 8,14-17). El pueblo agitaba ramas y decía: "Bendito el que viene en nombre del Señor". Y los sacerdotes respondían: "Desde la casa del Señor os bendecimos" (Sal 118,25-27). La fiesta de las tiendas era un momento de alegría y alabanza, que mantenía la identidad del pueblo y le daba resistencia.