30 jun 2012

Nacimiento de Juan Bautista (B)

Nacimiento de Juan Bautista (B)
Lucas 1,57- 66. 80

1. Oración Inicial: Espíritu Santo de la Verdad, que procedes del Padre y del Hijo y que hablaste por los profetas: acude en nuestra ayuda y revélanos el sentido de las Escrituras. Tú, que eres Espíritu de Vida, haz que el texto bíblico se convierta en Palabra viva y liberadora, que produzca en nosotros(as) la adhesión y el seguimiento de Jesús.  AMÉN.    Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

 a. Introducción: El nacimiento de Juan Bautista cumple el mensaje del ángel (Lc 1,20) y el término de la gravidez de Isabel marca  en el Evangelio de Lucas el final del tiempo de la espera de la salvación. La circuncisión se hacía ocho días después del na­cimiento; en esta ocasión se daba el nombre al niño y se hacía una fiesta con los parientes y vecinos. La insistencia en el nombre de Juan es para marcar el tiempo de la gracia y de la misericordia que va a comenzar, pues Juan significa «Yahvé se compadece». De hecho, Juan será el heraldo de Jesús. Inmediatamente Zacarías queda libre de la mudez y de la sordera, y comienza a alabar a Dios.      Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 1,57- 66. 80: Leemos este pasaje de Lucas con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Releerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

 d.  ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee en voz alta el versículo o palabra que más le tocó el corazón.

2)    ¿Quiénes eran Zacarías e Isabel? ¿Qué señal da Dios de su presencia en la vida de Isabel? ¿Cómo reaccionaron los vecinos y parientes al saber del nacimiento del niño?

3)    ¿Qué sucede al momento de ponerle nombre al niño?

4)    ¿Qué reacción se repite en la gente que acompaña la escena?

5)    ¿Qué se dice de Juan? ¿Cómo fue su proceso de crecimiento?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. «Para Dios no hay nada imposible» (1,37) ¿Dios sigue haciendo maravillas hoy parecidas a las que hizo en la vida de Isabel y Zacarías? Cuentan sus propias experiencias.
  2.  «Pues, ¿qué será de este niño?» Responder a esa misma pregunta pensando en nuestros propios hijos(as) y los niños y jóvenes de hoy. ¿Qué esperamos de ellos(as)?
  3. «El niño crecía y su espíritu se fortalecía…»  ¿Qué es necesario hoy para que los niños(as) crezcan en su espíritu y se fortalezcan en el camino del bien?
  4. Juan Bautista preparó el camino del Señor. ¿Qué relevancia tiene hoy para nuestra comunidad? ¿Qué personas en nuestros días mantienen vivo el espíritu profético de Juan Bautista?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Hacer oraciones dirigidas directamente al Señor. Dirigirse al Padre, a Jesús o al Espíritu Santo. Hablar con él, contarle, decirle lo que uno quiere o siente.  «Queremos ser portavoces de esperanza».

5.  Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿Cómo puede nuestra comunidad trabajar por la esperanza de los necesitados a nuestro alrededor?  Llevamos una “palabra”.  Esa palabra o versículo nos va a acompañar. Tratar de tenerla en cuenta en todo momento y buscando un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración cotidiano donde volver a charlarla con el Señor.

6. Oración final: Padre misericordioso, que quisiste preparar los caminos de tu Hijo con el envío de Juan Bautista como su “precursor”; haznos portavoces de esperanza para el pueblo, mensajeros del Dios de la Vida y constructores de fraternidad para que allanemos los caminos y eliminemos los  obstáculos al crecimiento de tu Reino de Amor, de justicia y de paz.   AMEN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

 1. Contexto: Los dos capítulos 1,5 – 2,52 son propios de Lu­cas. Es su Evangelio de la in­fancia. Se trata principalmente de una presentación paralela entre Juan Bautis­ta y Jesús: dos anunciaciones, un en­cuentro de dos niños en el seno de su ma­dre, dos nacimientos, dos circuncisiones, dos misiones proclamadas proféticamente, dos breves notas sobre la infancia de cada uno. El propósito de este paralelis­mo es el de demostrar la unidad de la ac­ción divina en Juan y en Jesús y el cumpli­miento mesiánico en ambos personajes. Sin embargo, presentar el misterio de Jesús siempre queda como el objetivo principal de Lucas, señalando a la vez cómo la misión de Juan tiene ahí su lugar.

Entonces, estos dos capítulos pre­sentan en primer término, una proyec­ción teológica: esto no significa que no tengan relación alguna con los hechos realmente acaecidos, sino que son escri­tos para presentar el significado del plan de Dios. Revelan un poco el mismo género de verdad profunda sobre Jesús así como los cuentos infantiles sobre la vida y los seres humanos. Lucas decide narrar una histo­ria religiosa a la manera bíblica; se inspira de precedentes en el Antiguo Testamen­to (ver Jue 13, Dn 10; Gen 16; 17; 18; Is 7, 14). Así hace resaltar un significado de fe. Por ejemplo, la concepción virginal de Je­sús es algo más que un prodigio maravi­lloso: significa que Jesús es totalmente de Dios, verdaderamente Hijo de Dios. Al comienzo de su Evangelio, enton­ces, Lucas presenta a Jesús en su pleni­tud: el resto de la obra muestra cómo este misterio se ha revelado poco a poco a los seres humanos, durante la vida pública

2. En el nacimiento de Juan se cumple lo anunciado a Zacarías y se hace realidad la promesa. La esterilidad de unos padres, vencida por el nacimiento de un hijo, es fuente de alegría, jubilo y regocijo que envuelve y contagia a vecinos y parientes, como ya lo había predicho el mensajero de Dios. En la narración del nacimiento, Lucas matiza dos aspectos muy importantes: el de la misericordia de Dios que se manifiesta en favor del pueblo, al quitarle la afrenta de la esterilidad que pesaba sobre Isabel, precisamente sobre la esposa de un sacerdote encargado del servicio litúrgico en el templo de Jerusalén, y por otra parte, el significado del nombre de Juan (“Dios ha mostrado su favor”), con el cual se subraya la presencia de la misericordia Divina, que recae no sólo sobre una persona en particular, Isabel en este caso, sino que alcanza a la totalidad del pueblo.

Al relato de nacimiento de Juan sigue el de su circuncisión, imposición del nombre, y su manifestación pública. Por la circuncisión, Juan queda indeleblemente marcado con la “señal de la alianza”, signo visible de la incorporación al pueblo de Israel. Esa marca en la propia carne hace de Juan partícipe de la bendición prometida por el Señor a su pueblo elegido, le capacita para celebrar la Pascua como fiesta de la comunidad y confirma sus esperanzas de compartir con todos sus antepasados la restauración futura y definitiva. El rito de la circuncisión comportaba igualmente la obligación de una escrupulosa observancia de la ley de Moisés. La incorporación del precursor del Mesías al pueblo de Israel es muy importante para Lucas, no sólo porque prefigura la incorporación del propio Jesús a ese mismo pueblo, sino también porque Lucas se esfuerza por demostrar que el cristianismo es una derivación lógica del judaísmo. Por eso tiene que quedar bien claro que los pilares de ese nuevo modo de vida, son de raíces profundamente judías.

La imposición de un nombre como el de “Juan” rompe radicalmente con la tradición familiar. Como era costumbre, los vecinos y parientes dan por hecho que el niño se llamaría como el padre. El acuerdo entre la madre y el padre en un nombre que no era familiar aparece como un signo donde se refleja el favor de Dios. La Misericordia divina no sólo se manifiesta a un matrimonio anciano, de vida intachable, sino que alcanza a la totalidad de Israel. De ahí que al recuperar Zacarías el habla, todos los vecinos se interroguen sobre el futuro de ese niño.

3. Nacimiento de Juan. Las pro­mesas de Dios a Zacarías se realizan en me­dio de la alegría, signo de que los tiempos del cumplimiento han llegado. El origen del nom­bre del niño (Lc 1,13) indica el carácter ex­cepcional de Juan y su misión en los nuevos tiempos que se inician. Como era costumbre, los vecinos y parientes dan por hecho que el niño se llamaría como el padre (Tob 1,9). El acuerdo entre la madre y el padre en un nombre que no era familiar aparece como di­vinamente inspirado. De ahí que al recupe­rar Zacarías el habla, todos los vecinos se in­terroguen sobre el futuro del Bautista.

4. En todo, Juan es el precursor de Cristo. Ya desde su nacimiento e infancia él apunta a Cristo. «¿Qué será este niño» Él es «la voz que grita en el desierto» (Jn 1,23), animando a todos(as) a preparar los caminos del Señor. No es él el Mesías (Jn 1,20), pero lo indica con su predicación y sobre todo con su estilo de vida ascética en el desierto. Él entretanto “crecía y se fortificaba en el espíritu. Vivió en regiones desérticas hasta el día de su manifestación a Israel. (Lc 1,80).

Mc 16,14‑20

Mc 16,14‑20

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu Santo para que nos ayude a leer la Biblia Corno los discípulos en el camino de Ernaús. Tu palabra nos oriente para que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia, de solidaridad y de paz. Amén. Cantarel estribillo "Espíritu Santo Ven, Ven''.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción, La misión es la de proclamar el evangelio a toda criatura, un evangelio que obliga a tomar postura, que se convierte ineludiblemente enjuicio de salvación o de condenación y que ya, desde ahora, manifiesta su eficacia en quien lo acoge con fe. En esta misión nada tienen que temer. Los discípulos cuentan con la asistencia, eternamente presente, de Cristo resucitado. Él no puede fallar, Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios,

b. Leer el texto: Mc 16,14‑20: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva para escuchar a Dios Releerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente. Terminar cantando: "Tu Palabra me Da Vída"

d. ¿Qué dice el texto?
1)  Cada persona lee en voz alta el versículo o palabra que más le tocó el corazón.
2)  ¿Dónde se encontraban los discípulos cuando se les apareció Jesús Resucitado?
3)  ¿Qué actitud mostró Jesús con ellos inicialmente?
4)  ¿Qué misión les dio a sus discípulos?
5)  ¿Qué sucedió después de hablarles? ¿Cómo respondieron los discípulos y qué hacía el Señor para ayudarles?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo, Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a.  ¿Qué milagros descubrimos hoy como signos que acompañan la predicación de la iglesia?
b.  ¿Qué opinamos de las personas que dedican tiempo en trabajos misioneros de cualquier índole
c.  ¿Qué podría reprocharme Jesús en mi apostolado, en mi seguimiento?
d. ¿Pongo mi confianza en el Señor al emprender un trabajo por el evangelio?
e. ¿A dónde me siento llamado a llevar la Buena Noticia de Jesús?
f.  ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Hacemos nuestra oración comunitaria; oraciones dirigidas directamente al Señor. Hablar con él, contarle, decirle lo que uno quiere o siente. (Peticiones, Alabanzas, Acción de gracias a Dios, Súplicas de perdón ... )

S. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: Predicar el evangelio es vivirlo en gestos concretos, ¿Qué actitud o gesto puedes ofrecerle esta semana a Dios para anunciar su Buena Nueva"? Llevamos una "palabra". Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente esta "palabra" o versículo se hará presente durante el día (semana) mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Tus palabras Jesús, Señor de la Vida, no pasarán jamás. Danos Señor, hambre y sed de tus palabras. Hazlas llegar a nuestro corazón. Hazlas vida y construcción de¡ mundo nuevo a través de nuestras manos. Queremos ser, Señor, testigos fieles de tus palabras. Mostrar con la vida, el ejemplo y el testimonio, que nuestra vida cambia y se hace más fraterna y solidaria al escuchar y vivir tus enseñanzas. Tus palabras no pasarán Señor. ¡Las mantendremos vivas en la lucha por el Reino. Amén

 Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Los signos que acompañan el anuncio de la Buena Noticia (Marcos 16,15‑18)

Jesús confiere la misión de anunciar la Buena Noticia a todas las criaturas. La exigencia que Él pone para quien quiere ser salvo es ésta: creer y ser bautizado. A los que tienen el valor de creer en la Buena Noticia y se hacen bautizar, Él promete estos signos: (1) expulsarán los demonios, (2) hablarán nuevas lenguas, (3) tomarán en las manos las serpientes, (4) beberán cualquier ponzoña y no les dañará, (5) impondrán las manos a los enfermos y éstos curarán. Estos signos se dan aun hoy:

a.  expulsar los demonios: es combatir el poder del mal que estrangula la vida. La vida de muchas personas ha mejorado desde el momento en que entraron en comunidad y empezaron a vivir la Buena Noticia de la experiencia de Dios, Participando en la vida de la comunidad, echan el mal de sus vidas,

b.  hablar nuevas lenguas: es comenzar a comunicarnos con los otros de modo nuevo. A veces encontramos una persona que nunca la habíamos visto antes, pero sucede como si ya la conociésemos de mucho tiempo, Es porque hablamos la misma lengua, la lengua del amor.

c.  tomar en las manos las serpientes y tomar el veneno: hay muchas cosas que envenenan la convivencia. Muchas habladurías que arruinan la relación entre las personas. Quien vive la presencia de Dios sabe superar esto y no es molestado por este veneno mortífero.

d.  curar los enfermos: en cualquier lugar en el que aparezca una conciencia más clara de la presencia de Dios, aparece también una especial atención a las personas excluidas y marginadas, sobre todo a los enfermos. Lo que más favorece la salud es que la persona se sienta acogida y amada.

2. Jesús se despide de los discípulos definitivamente con un encargo: «Vayan por el mundo entero a

proclamar el mensaje por todas partes». De ahora en adelante no deberá limitarse al pueblo judío, pues el mensaje de Jesús es universalista y mira ala humanidad entera. Ya no hay un pueblo elegido, sino que es toda la humanidad la elegida y destinada a experimentar la salvación de Dios. Además no habrá lugar donde no se deba anunciar este mensaje de resurrección y vida de Jesús: hay que proclamarlo «por todas partes». Ningún rincón de la tierra, ningún país, ningún grupo de personas estará excluido en principio del reino, pues Jesús ha venido para que no haya excluidos del pueblo ni pueblos excluidos.

Pero la tarea iniciada por Jesús de hacer del mundo una fraternidad que confiese a un solo Dios como Padre y considere que todos somos hermanos(as) queda aún por completar. Seremos sus discípulos quienes anunciemos que hay que cambiar de mente – convertirse ‑ y sumergir en las aguas de la muerte nuestra vida de pecado – bautizarse ‑ para llegar a la orilla de una comunidad donde todos entienden a Dios como Padre y se consideran hermanos unos de otros, o lo que es igual, libres para amar, iguales sin perder la propia identidad, siempre abiertos y dispuestos a acoger al otro, aunque no sea de los nuestros, y solidarios,

Para ello contamos con la ayuda de Jesús, cuyos signos de poder nos acompañarán podremos arrojar

Los demonios de las falsas ideologías que no conducen a la felicidad, seremos capaces de comunicar el

mensaje de amor a todos, hablando lenguas nuevas, el maligno no tendrá poder sobre nosotros ‑ ni las

serpientes ni el veneno nos harán daño ‑ y pasaremos por la vida remediando tanto dolor humano. Este es el legado que nos dejó Jesús antes de irse con Dios, con un Dios que, desde que Jesús se bautizó en el Jordán, no habita ya en lo alto del cielo sino que anida en lo profundo del ser humano, convertido desde el bautismo de Jesús en el nido y templo de un Dios, antes llamado «altísimo», pero a quien Jesús nos

enseñó a llamar «Padre» con lo que evoca esta palabra de entrega, amor y comunicación de vida.

3. Anunciamos la Buena Noticia de Jesús cuando seguimos los pasos de su práctica concreta y nuestra vida da testimonio del Reino que Dios quiere para todos(as). Anunciamos la Buena Noticia de Jesús cuando nos comprometemos por la vida, cuando luchamos por la justicia, cuando construimos la paz y la concordia, cuando nos rebelamos ante la injusticia e intentamos aportar nuestro granito de arena para que el mundo cambie. Anunciamos la Buena Noticia de Jesús cuando nos animamos ajuntarnos, cuando comenzamos a compartir, cuando aprendemos juntos, cuando superamos las diferencias y nos animamos a vivir la aventura de la comunidad y caminar en los pasos de Jesús

                                     ¡Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva! 

11° Tiempo Ordinario (B)

11° Tiempo Ordinario (B)
Marcos 4,26-34
 
1. Oración Inicial: Señor de la Vida, danos tu gracia hoy para acoger la Palabra de Dios.  Ilumínanos con tu luz, abre nuestra inteligencia y nuestros corazones para comprenderla. Danos la voluntad, el valor y la gracia necesaria para vivirla en nuestras vidas.   AMÉN.    Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
 a. Introducción: Siempre detrás de una parábola, existe un hecho histórico. El hecho histórico detrás de las dos parábolas del texto de hoy son las críticas de los discípulos a la acción o proyecto de Jesús. Les parece que el movimiento de Jesús va muy lento; que Jesús no emplea todo su poder y sabiduría para construir rápidamente el Reino de Dios. Y hay otra crítica más radical: Algunos piensan que el proyecto de Jesús, el Reino de Dios, debe construirse «en grande». Contra estas críticas, Jesús cuenta dos parábolas. Abramos nuestros corazones para escucharlas.
b. Leer el texto: Marcos 4,26-34: Leemos este texto de Marcos con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
 c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
      1)    ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?
2)    ¿Qué pasa con la semilla después de ser sembrado en la tierra?
3)    ¿Cuál es la maravilla que el hombre descubre cuando echa la semilla en la tierra?
4)    ¿Cómo es la semilla de mostaza cuando se siembra?, ¿y cómo es una vez crecida?
 3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
  1. ¿Hemos preguntado a veces por qué Jesús no emplea su poder para construir rápidamente el Reino de Dios? ¿Qué respuesta da la parábola a esta inquietud?
  2. Según nuestra experiencia: ¿El Reino crece rápido o despacio? ¿Desde arriba o desde abajo?
  3. Jesús se consagró totalmente al «reino de Dios». Fue la pasión de su vida, la causa a la que se entregó. Abandonó a su familia, dejó su trabajo, se adhirió al movimiento de Juan, luego lo abandonó, buscó colaboradores, empezó a recorrer los pueblos de Galilea. Su obsesión era anunciar la «Buena Noticia de Dios»: ¿Qué importancia tiene el «reino de Dios» en nuestra vida personal y comunitaria?
     d.    ¿Tenemos fe en que nada podrá impedir definitivamente que el Reino de Dios llegue a su     plenitud?
e.    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos unas semillas en medio del grupo y meditamos. Si las plantamos, las pequeñas semillas podrán crecer, con la ayuda de Dios. Pedimos para que todos un día las tengamos y podamos compatirlas. «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra».
5. Contemplar a Dios, volver la mirada al mundo y comprometerse con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Cada persona dice su compromiso para ayudar al crecimiento del Reino.  Llevamos una “palabra”. No significa una palabra sola; puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta en todo momento y buscando un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración cotidiano donde volver a charlarla con el Señor.
6. Oración final: Dios, Padre Bueno, aumenta nuestra fe, esperanza y, sobre todo, aumenta nuestro amor y nuestro sentido de la justicia, de modo que vivamos siempre próximos a nuestros hermanos y hermanas, especialmente a las personas más necesitadas. Ayúdanos a vivir este amor en la vida familiar, en el trabajo diario, en el barrio con los vecinos, en la lucha social por la justicia, en el compromiso político,  en la construcción de un mundo nuevo.  AMEN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más
1. El Proyecto de Jesús entra en crisis: Siempre hay detrás de una parábola un hecho histórico concreto. Hoy nosotros tenemos sólo la parábola, pero casi siempre el hecho histórico lo desconocemos; lo tenemos que reconstruir a partir de la parábola y de su contexto. Después de narrar Jesús la parábola del sembrador, Jesús narra dos parábolas más: una, la parábola del campesino paciente, y otra, la parábola de la semilla chiquitita.  El hecho histórico detrás de estas dos parábolas es una crítica de los discípulos a la acción o proyecto de Jesús.  Los discípulos entienden en lo fundamental a Jesús y lo siguen con generosidad, pero hay cosas más profundas que no entienden, difieren también de Jesús en sus métodos y estrategias. Por ejemplo, les parece que el movimiento de Jesús va muy lento; que Jesús no emplea todo su poder y sabiduría para construir rápidamente el Reino de Dios. Jesús discute esta crítica con la parábola del campesino paciente: con la parábola Jesús analiza la realidad de su movimiento y quiere suscitar en sus discípulos una actitud distinta: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha». (4,26-29). En esta parábola Jesús asume la sabiduría campesina para explicar el crecimiento lento, pero seguro, de su proyecto histórico.
Hay otra crítica más radical de los discípulos a Jesús. Se piensa que lo que hace Jesús es muy insignificante.  Jesús ha llamado para realizar su proyecto a la gente pobre y oprimida: campesinos, pescadores, funcionarios de pueblo; incluso le siguen los enfermos, los endemoniados, los leprosos, los pecadores y otra gente despreciada. Algunos discípulos piensan que el proyecto de Jesús, que es el Reino de Dios, debe construirse «en grande». Jesús tiene poder para eso. Les parece que Jesús «se queda chico». Incluso para el bien de los mismos pobres Jesús debiera relacionarse más con los grandes y poderosos, con la gente importante, y hacer cosas más serias y eficaces, más grandiosas e imponentes. Contra estas críticas, Jesús cuenta la parábola de la semilla chiquitita: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra». (4,30-32).
2. El Reino de Dios es irresistible (vv. 26-29): La parábola de la semilla que crece por sí mismo es una de las respuestas a la crisis en la actividad de Jesús y caminar por las comunidades cristianas. En medio de conflictos, las crisis y la resistencia, lo importante es ir de cultivo. Es lo que Jesús hizo y lo que los(as) cristianos deben hacer. La parábola es ver cómo los campesinos trabajaban en la época de Jesús, después de la siembra, sólo volver a comprometerse con la cosecha en época de cosecha (que ya no es cierto hoy en día, donde hay que estar continuamente de la siembra). El centro de la parábola es el hecho de que la semilla en sí (en griego: automatizar - de forma automática), crece y da fruto. Esto se debe a que tiene dentro de sí una fuerza irresistible. ¡Sólo siembran, y verán! Su proceso es lento, pero progresivo, hojas, espigas y, por último, los granos que llenan el oído (v. 28). Es una advertencia para aquellos que quieren todo hecho, y también una advertencia a las comunidades ahogadas por la burocracia, las estructuras y órganos. Precaución: La semilla crece sola. Lo importante es sembrar.
 
3. La pequeñez y la grandeza del reino (vv. 30-32): La parábola del grano de mostaza - popularmente considerado como el más pequeño de todas las semillas - ilustra el contraste entre el comienzo y el resultado de la acción de Jesús y los(as) cristianos. El centro de la parábola es el contraste entre la más pequeña de todas las semillas de la tierra y el más grande de todas las hierbas. De hecho, en las colinas del Mar de Galilea a la mostaza alcanzó tres metros de altura o más. Y los pájaros construyeron nidos en sus ramas. Así es la propuesta del Reino: pequeño en sus comienzos, insignificante debido a los conflictos y resistencias, pero grande en sus resultados, por lo que es proposición universal: las aves representan a las naciones y los pueblos se adhieran a los designios de Dios, sembrada por Jesús, se benefician del mismo. El Reino de Dios será el punto de encuentro de todas las personas.

4. Las parábolas de Jesús no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción cristiana, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

Pentecostés (C)

Pentecostés (C)
Juan 20,19-23

1. Oración Inicial: Señor Jesucristo, tu luz resplandece como fuente de vida y de gozo. Envíanos tu Espíritu Santo para leer y comprender tu Palabra. Abrir nuestros ojos para descubrir e interpretar a la luz de tu Palabra los signos de tu Reino presente en nuestra historia.  Amén.  Cantar,  "Espíritu Santo Ven".

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a)  Introducción: La situación de los discípulos, encerrados por miedo a los judíos, refleja la actitud de la comunidad de Juan, que temerosa ante un mundo externo hostil, vive la tentación de refugiarse en el propio círculo de la comunidad. Jesús, sin embargo los(as) envía al mundo para que sean testigos suyos comprometidos en la construcción del Reinado de Dios. Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios.

b) Leer el texto: Juan 20, 19-23: Leemos este pasaje de Juan con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez

c)  Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.     Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d)  ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee en voz alta el versículo o palabra que más le tocó el corazón.

2)    ¿Por qué los discípulos se encuentran reunidos con las puertas cerradas?

3)    ¿Qué dice y hace Jesús al ponerse en medio de ellos? ¿Cómo reaccionan los presentes al ver y escuchar a Jesús Resucitado?

4)    A continuación, ¿Qué les dice Jesús y qué gesto realiza? ¿Cuáles son las palabras que acompañan ese gesto?

5)    ¿Cuáles son las características de la misión que los(as) discípulos(as) reciben de parte de Jesús?

3.  Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el pasaje, reflexionarlo y aplicarlo a nuestra vida.

a.    Hace mucha falta la paz: rehacer los pedazos de la vida desintegrada, reconstruir las relaciones humanasm rota a causa de las injusticias y abusos que se cometen y por tantos otros motivos. ¿En que nos desafía esta realidad?  ¿Y a nuestra comunidad cristiana?

b.    A veces la realidad nos parece amenazante y nos resulta más seguro y cómodo quedarnos instalados dónde estamos. Sin embargo Jesús nos dice, “...los envío a ustedes”: ¿Cuáles son nuestros  miedos qué nos impide salir de la comunidad y ser misioneros(as) del Señor?

c.    Una comunidad sin perdón y sin reconciliación, no es una comunidad cristiana. ¿Qué nos falta al respecto? ¿Cómo ser signos de reconciliación en nuestra familia, nuestro barrio, nuestra sociedad?

d.    ¿Qué significado tiene saber que contamos con la fuerza del Espíritu Santo para la misión?

e.    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?


4.  Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de meditar su Palabra?   Hacer oraciones dirigidas directamente al Señor. Dirigirse al Padre, a Jesús o al Espíritu Santo. Hablar con él, contarle, decirle lo que uno quiere o siente. Señor, renueva nuestras comunidades y nuestro mundo con tu Espíritu Santo.

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometerse con la transformación de la realidad: Compromiso: Caminar en el Espíritu de Jesús es vivir como El, ¿Qué puedes hacer esta semana para extender el Reinado de Dios? Llevamos una “palabra”. No significa una palabra sola; puede ser un versículo del texto. Seguramente esta “palabra” se hará presente durante el día mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Dios de misericordia, danos tu Espíritu Santo para renovarnos y darnos valor para ser misioneros(as) y testigos del Reinado de Dios en el mundo de hoy. Que nuestras vidas sean un signo de que la vida es siempre más fuerte que toda la muerte que nuestra sociedad pueda engendrar. Renueva nuestra esperanza y enséñanos la fidelidad al Evangelio en estos tiempos difíciles.  AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más


 1. La muerte de Jesús, su ejecución en la cruz, inspiró temor a quienes lo habían seguido. Todos los evangelios hablan del miedo que esto les produjo; y los mismos evangelios nos dicen que el temor es lo contrario de la fe. Tener fe es confiar, Juan nos dice que los discípulos en lugar de anunciar el mensaje de Jesús se encerraron (20,19). El Señor se presenta y les desea la paz, es decir la vida, la salud, la integridad. La alegría es el sentimiento que experimentan ante este nuevo encuentro con Jesús. El Señor los asocia a su tarea, ellos(as) deben prolongar su misión, el envío que él recibió del Padre es el fundamento de la responsabilidad que deben asumir los(as) discípulos(as). La fuente se halla en la misión enco­mendada por el Padre, a ella hay que ir constantemente porque en la fuente encontramos siempre aguas nuevas. El envío que hace Jesús se halla reforzado por el don del Espíritu Santo. La palabra espíritu significa soplo, aliento vital, fuerza. Hay que ligarlo a paz. La paz, la vida, se rompe por el pecado que expresa nuestra negativa a amar. Por ello perdonar es dar vida, perdonar a alguien significa confiar que esa persona es capaz de recuperar su capacidad de amar, de restablecer la amistad con Dios y con los demás rota por el pecado (vs.23). Perdo­nar supone coraje y la disponibilidad de arriesgarse; lo contrario de la actitud de los(as)  discípulos(as)  antes de recibir el don de la paz y del Espíritu Santo. Sin coraje y sin riesgo no es posible hacer presente el Evangelio en medio de las situaciones conflictivas que atra­vesamos hoy. Con frecuencia somos testigos en este tiempo de lo poco que vale la vida humana. Como Iglesia nos toca denunciarlo y no quedarnos en la comunidad con las puertas cerra­das (vs.19).

2. Los discípulos están encerrados con las puertas atrancadas. El miedo los paraliza y los aísla. No pueden entrar las autoridades judías, cuya represalia temían, pero ellos tampoco pueden salir. El temor predomina sobre la esperanza y es el gran enemigo del amor (1 Jn 4:18). Venciendo esa traba que el temor de los discípulos había puesto, se hace presente Jesús, cumpliendo su promesa (Jn 14:19; 16:22). Esta presencia nos muestra como Jesús rompe las barreras impuestas por el temor para hacer realidad en medio de los suyos la certeza de su victoria sobre la muerte y el cumplimiento de la Promesa. Jesús anuncia una vez más su paz. La paz aparece como una certeza que permite sobrellevar la adversidad sin perder la confianza en la presencia continua del Señor que vence al mundo. Por eso es una paz que el mundo no puede dar (Las tropas romanas eran la “garantía” de la Pax Romana). Como Jesús ya sabía acerca del miedo de sus discípulos(as) (6,19-20), les dio pruebas de su presencia: las heridas que lo identifican como el crucificado. Es el mismo Jesús del ministerio terreno, con sus llagas, el que ahora se muestra resucitado. Son las mismas manos que lavaron sus pies tres días antes las que ahora los discípulos contemplan heridas. Jesús derrota el miedo mostrando el triunfo de su amor (15,12-14) y de su paz (16,33).

3. Como el Padre me envió … La Resurrección no se impone como evidencia y las apari­ciones del resucitado van ganando paulatinamente el cora­zón de sus discípulos(as). La fe nos abre a la presencia resucitada del Señor en medio de los suyos: "los discípulos se alegraron de ver al Señor" (vs.20). Pero esta presencia y la alegría, su fruto, no son para la contemplación íntima; son fuerza para la misión. Jesús se presenta en medio de los suyos y les dice: "como el Padre me envió, también yo los envío" (vs.21). Misión que viene del Padre y de su amor, de su deseo de perdonar y dar vida (porque perdonar es dar vida), de su preocupación por "reunir a los hijos(as) dispersos" (Jn 11,52). Para ello envía a su Hijo y a su Iglesia y los equipa con la fuerza del Espíritu, "Señor y dador de vida". El Señor está en medio de la comunidad para abrirla al mundo, pero muchas veces la comunidad tiene miedo de arriesgar su vida y tiende a replegarse en un aislamiento estéril, sobre todo cuando fuera reina la hostilidad y la muerte. Como lo dice el texto de hoy, la presencia del Señor se da en medio de una comunidad que se hallaba "con las puertas cerradas por miedo a los judíos" (vs.19).

4. El Envío: De este Jesús crucificado y resucitado recibimos la misión, la misma que Él recibió del Padre. Y también para nosotros(as) Él repite: “¡La paz esté con ustedes!”. La repetición recalca la importancia de la paz. Construir la paz forma parte de la misión. La Paz que Jesús nos deja significa mucho más que ausencia de guerra. Significa construir un conjunto humano armonioso, en el que las personas puedan ser ellas mismas, con todo lo necesario para vivir, y donde puedan vivir felices y en justicia y paz.

5. Juan 20, 22: Jesús comunica el don del Espíritu. Jesús sopló y dijo: “Reciban el Espíritu Santo”. Y es por tanto con la ayuda del Espíritu Santo con la que podemos realizar la misión que él nos confía. En el evangelio de Juan, la resurrección (Pascua) y la efusión del Espíritu Santo (Pentecostés) son una misma cosa. Todo sucede en el mismo momento.
 
“Como el Padre me ha enviado, así yo los envío a ustedes. Reciban el Espíritu Santo”

Mateo 28, 16‑20

Mateo 28, 16‑20

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu Santo para que nos ayude a leer la Biblia como Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Tu palabra nos oriente a fin de que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar que Tú estás vivo en medio de nuestra historia como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. AMEN. Cantar, "Espíritu Santo Ven".

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: En el pasaje que vamos a meditar hoy los discípulos se encuentran en Galilea con Jesús Resucitado. Él los acoge y les encomienda una nueva misión: anunciar a todos los pueblos la Buena Noticia. Aunque esta nueva tarea les sobrepasa, Jesús espera que la experiencia vivida les sirva para no confiar en sus propias fuerzas, sino en él, que les acompañará en todo momento. Abramos nuestros corazones a la Palabra.

b. Leer el texto: Mateo 28, 16‑20: Leemos este pasaje de Mateo con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente. Terminar cantando: Tu Palabra me Da Vida

d. ¿Qué dice el texto?

1)  ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más?

2)  ¿Cómo reaccionaron los discípulos con la aparición de Jesús?

3)  ¿Qué les dice Jesús acerca de si mismo?

4)  ¿Cuál es la misión que Jesús confía a los discípulos?

5)  ¿Cuál es la gran promesa de Jesús?

 3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.  Los discípulos y discípulas debemos comunicar la Buena Noticia del evangelio a todas las personas para que sean discípulos(as) de Jesús. ¿Cómo hemos respondido a esta misión que el Señor nos ha encomendado?

b.  ¿Nuestra comunidad es misionera o tiende a cerrarse en sí misma? ¿Podemos llamarnos discípulos(as) de Jesús sin ser misioneros(as)? ¿Qué nos falta para ser misioneros?

C.  ¿De qué manera la gran promesa de Jesús es una fuente de esperanza, fuerza y coraje para cumplir nuestra misión?

d.  ¿Sentimos a veces que la misión que Jesús nos entrega supera nuestras fuerzas? ¿De qué manera el texto de hoy nos da ánimo?

e.  ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Hacer oraciones dirigidas directamente al Señor. Dirigirse al Padre, a Jesús o al Espíritu Santo. Pidamos al Señor aquello que creemos más necesario para que podamos llevar a cabo la misión que Jesús nos encomienda, Respondamos diciendo: "Yo estoy con ustedes hasta el fin de los tiempos".

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿Qué gestos puedes hacer esta semana para anunciar a Jesús en los ambientes donde tu vives? Llevamos una "palabra". Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente esta "palabra" o versículo se hará presente durante el día (semana) mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Señor, tú nos envías a continuar tu misión comunicando tu Evangelio a toda la humanidad. Confías en nosotros(as) para hacer de todos los pueblos discípulos(as) y seguidores de tus enseñanzas. Espíritu de Jesús, fecunda nuestra comunidad para que sea misionera, testimonio vivo del Evangelio y artesana de tu Reino, vivido hoy, en nuestros días. Padre Nuestro, que estás en el cielo... AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. ¿Qué significa que Cristo subió a los cielos? El cielo no es un lugar al que vamos sino una situación en la que seremos transformados si vivimos en el amor y en la gracia de Dios. El cielo de las estrellas y de los viajes espaciales de los astronautas y el cielo de nuestra fe no son idénticos.  Por eso cuando rezamos el Credo decimos que Cristo subió a los cielos, no queremos decir que El emprendiera un viaje al espacio.  En el cielo de la fe no existe el tiempo, la dirección, la distancia el espacio.  El cielo de la fe es Dios mismo de quien las Escrituras dicen: “Habita en una luz inaccesible” (1 Tim 6, 16).  Del mismo modo la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes.   La subida de Cristo al cielo es pasar, pero del tiempo a la eternidad,  de lo visible a lo invisible, de la inminencia a la trascendencia de la oscuridad del mundo a la luz divina.  Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios (Lc 24, 51; Hch 1, 9).  El vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr.

 2. “... yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (28, 20b), Cuando Moisés fue enviado a liberar al pueblo de Egipto, recibió de Dios una certeza, la única certeza que ofrece una total garantía: “Ve , Yo estaré contigo” (Ex3,12). Y esta misma certeza les fue dada a los profetas y a otras personas enviadas por Dios para desarrollar una misión importante en el proyecto de Dios (Jer 1, 8; Jue 6, 16). Maria recibió la misma certeza cuando el ángel le dijo: “El Señor está contigo" (Lc 1, 28). Jesús, en persona, es la expresión viva de esta certeza, porque su nombre es Emmanuel, Dios con nosotros(as) (Mt 1, 23). El estará con sus discípulos(as) hasta el final de los tiempos. Aquí se manifiesta la autoridad de Jesús. Él controla el tiempo y la historia. Él es el primero y el último (Ap 1, 17). Antes del primero no existía nada y después del último no vendrá nada. Esta certeza es un apoyo para las personas, alimenta su fe, sostiene la esperanza y genera amor y donación de sí rnismas.

3. ¿A quiénes se dirige la Misión?: Después de su manifestación, Jesús confía a sus discípulos(as) una misión (Mt.28, 19‑20).   Si comparamos este envío misionero con el de Mt 10, 5‑15, comprobaremos que se ha dado una transformación muy importante. Allí el anuncio del Evangelio debía hacerse sólo a Israel, aquí sin embargo, se dirige a todos los pueblos. En la perspectiva de Mateo, entre ambos envíos ha sucedido un acontecimiento muy importante: Israel ha rechazado a Jesús (puedes verlo en Mt 21, 43), por eso el Reino ha sido entregado a un nuevo pueblo cuya misión consistirá en hacer discípulos(as) de Jesús a toda la humanidad. No es casual que el evangelio termine con un envío misionero. La Iglesia de Jesús es esencialmente una comunidad misionera. Las palabras del Señor resucitado: "Pónganse en camino”, la invitan a salir constantemente de sí misma, y de sus problemas y preocupaciones domésticas, para abrirse a un nuevo horizonte: el de todas las personas que no conocen el gozo de sentirse pueblo de Dios y hermanos y hermanas entre sí,

4. Fuerza Misionera: Al final del primer siglo después de Cristo, las dificultades y las persecuciones probablemente llevaron a las comunidades cristianas a perder algo de su fuerza misionera y a cerrarse en si mismas, como si fueran las únicas que defendían los valores del Reino. Pero el Evangelio de Mateo, fiel a una larga tradición de apertura hacia todos los pueblos, les hizo saber que las comunidades no pueden cerrarse en sí mismas. No pueden pretender para ellas el monopolio de la acción de Dios en el mundo. Dios no es propiedad de las comunidades, sino que las comunidades son propiedad de Yahvé (Ex 19, 5).  En medio de la humanidad que lucha y resiste contra la opresión las comunidades deben ser sal y fermento (Mt 5, 13; 13, 33). Deben hacer que resuene en el mundo entero, entre todas las naciones, la Buena Noticia que Jesús nos ha traído: ¡Dios está presente en medio de nosotros(as)!   Es el mismo Dios que, desde el Éxodo, se empeña en liberar a todas las personas que gritan hacia Él (Ex 3, 7 ‑ 12). Esta es su misión.

5. La última página del Evangelio de Mateo presenta una invitación. En este último encuentro, Cristo da a los discípulos y discípulas la misión de llevar la Buena Noticia de la resurrección a todas las naciones del mundo   La pequeña comunidad debe ser luz de las naciones. Debe realizar su misión junto a los pequeños y que otras personas se conviertan también en discípulas de Jesús. El lector que ha llegado hasta el final de este evangelio está invitado a continuar, prolongando la palabra y la acción de Jesús. De este modo Jesús continúa presente y actuante en medio de la historia humana. Y los Evangelios han sido escritos exactamente para eso: producir la conversión y el compromiso con Jesús y su proyecto. Entonces la invitación se transforma en una orden que lleva a la misión. Podríamos decir que la última línea de los Evangelios está siempre en blanco. ¿Qué hacer con ella? Escribir allí nuestro nombre, para sellar un término de compromiso: yo, fulano de tal, acepto el compromiso con Jesús y con su causa. Voy a continuar el anuncio y la práctica de la justicia que El comenzó.