24 ene 2012

2° Tiempo Ordinario (B)

2° Tiempo Ordinario (B)
Juan 1, 35-42

1. Oración Inicial: Tu Palabra, Señor, es fuente de vida. Ella nos anima a la esperanza, nos impulsa a vivir el amor, nos hace fuertes en la fe. Tu Palabra es la fuente viva, envía tu Espíritu para  acercarnos a ella y comprenderla. Enséñanos a beber en el pozo de la vida, muéstranos la novedad permanente del Evangelio. Tu Palabra, Señor, nos enseña a vivir de verdad.  AMÉN.     Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Este pasaje se encuentra al principio de la narración evangélica de Juan, medida por el recorrido de una semana, día tras día. Aquí estamos ya en el tercer día, cuando Juan el Bautista ha comenzado a dar su testimonio sobre Jesús, que llega a su plenitud, con la invitación a los discípulos de seguir al Señor, al Cordero de Dios. En estos días se inaugura el ministerio de Jesús, Palabra del Padre, que desciende en medio de los seres humanos para encontrarlos y hablar con ellos y vivir en medio de ellos. El lugar es Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba: aquí se realiza el encuentro con el Verbo de Dios y comienza la vida nueva.  Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 1,35-42: Leemos este texto de Juan con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.       Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d.  ¿Qué dice el texto?

1)     ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más?
2)     ¿Qué dice Juan al ver pasar a Jesús? ¿Cómo reaccionaron los discípulos de Juan?
3)     ¿Cómo responden los discípulos a la pregunta de Jesús? ¿Qué dice Jesús?
4)     “Eran como las cuatro de la tarde.” ¿Qué importancia tenía esto para los discípulos?
5)     ¿Qué hace Andrés? ¿Qué significa la palabra Mesías? ¿Qué nombre le pone Jesús a Simón?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.     ¿Qué queremos nosotros al seguir a Jesús? ¿Para qué somos sus discípulos(as)?
b.    Cuando Jesús dice “Vengan y lo verán.” está invitándonos a un encuentro con Él. Nosotros(as): ¿Nos hemos encontramos con la persona de Jesús? Cada persona comparte su experiencia.
c.     ¿Hemos tenido una experiencia de “las cuatro de la tarde.”? ¿Un encuentro con Jesús tan significativo que nunca hemos olvidado?
d.    ¿En qué medida nos hemos dispuestos, como los discípulos de Juan, a cambiar el rumbo de nuestras vidas para seguir y comprometernos con el proyecto del Jesús?
e.     Andrés sale a predicar y enseñar quien es Jesús. Nosotros(as): ¿Somos discípulos misioneros(as)? ¿Cómo y dónde lo hacemos?
  1. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Hacer oraciones dirigidas directamente al Señor. Dirigirse hoy al Padre. Hablar con él, contarle, decirle lo que uno quiere o siente.  “Vengan y lo verán.”

5.  Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: Haber encontrado con Jesús debe significar el deseo de invitar a otros a conocerlo. ¿Qué podemos hacer esta semana? Llevamos una “palabra”.  Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente esta “palabra” o versículo se hará presente durante el día (semana)  mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Señor, ayúdanos a seguir tus pasos.  Queremos compartir tu vida, conocer tu proyecto, comprometemos con tu causa, vivir para el Reino.  Danos fuerzas y perseverancia para andar tras tus huellas transmitiendo la esperanza y el amor.  Padre Nuestro que estás en el cielo…  AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Los primeros discípulos. Este relato de vocación difiere profundamente del que nos ofrecen los sinópticos. Es un relato de vocación-testimonio, porque lo que el texto nos ofrece es el descubrimiento y desvelamiento que hacen los discípulos de la persona de Jesús, que es el Mesías, aquel del que escribieron Moisés y los profetas, Rabí, el Hijo de Dios, el Rey de Israel. La comprensión del misterio de Jesús no es cuestión de un golpe de vista, ni del análisis psicológico de una de sus frases. Su vida, muerte y enseñanzas deben ser consideradas globalmente. Unas explican y dan sentido a las otras, y todas ellas comienzan a iluminarse desde la pascua. Por eso debe afirmarse sin rodeos la inverosimilitud de estos títulos cristológicos en labios de los discípulos en este momento. Lo que hace el evangelista es trasladar a este primer momento lo que los discípulos descubrieron posteriormente en Jesús. No hay fraude. Únicamente cambio de perspectiva. Por otro lado, este es un fenómeno común en el evangelio, en el que es imprescindible distinguir siempre varios niveles: el histórico, el cristológico, el eclesial... Hoy se hallan tan armoniosamente superpuestos que nos dan la impresión de constituir un solo nivel.

2. El Cordero de Dios: En el vs. 36 Juan anuncia a Jesús como el cordero de Dios, repitiendo el grito ya emitido antes, el día anterior: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. La identificación de Jesús con el cordero está rebosante de alusiones bíblicas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El cordero aparece ya en el libro del Génesis, en el cap. 22, en el momento del sacrificio de Isaac; Dios provee un cordero, para que sea ofrecido como holocausto en vez del hijo. El cordero desciende del cielo y toma sobre sí la muerte del hombre; el cordero es inmolado para que el hijo viva. En el libro del Éxodo, en el cap. 12, se ofrece el cordero pascual, sin mancha, perfecto; su sangre derramada salva a los hijos de Israel del exterminador, que pasa de casa en casa, en la noche. Desde aquel momento todo hijo quedará señalado, sellado, por aquella sangre de salvación. Así viene abierto el camino de la libertad, la vía del éxodo, para llegar a Dios, para entrar en la tierra por Él prometida. Empieza aquí la senda, que conduce hasta el Apocalipsis, hasta la realidad del cielo. El elemento del sacrificio, de la degollación, del don total acompaña constantemente la figura del cordero; los libros del Levítico y de los Números nos ponen delante continuamente esta presencia santa del cordero: éste viene ofrecido todos los días en el holocausto cotidiano; se inmola en todos los sacrificios expiatorios, de reparación, de santificación. También los profetas hablan de un cordero preparado para el sacrificio: oveja muda, esquilada sin abrir siquiera la boca, manso cordero conducido al matadero (Is 53,7; Jer 11,19). Cordero sacrificado sobre el altar, todos los días. En el evangelio, es Juan el Bautista el que anuncia y descubre a Jesús como verdadero cordero de Dios, que toma sobre sí el pecado del hombre y lo borra con la efusión de su pura y preciosa sangre. Es Él, de hecho, el cordero inmolado al puesto de Isaac; es Él el cordero asado al fuego la noche de Pascua, Cordero de la liberación; es Él el siervo sufridor, que no se rebela, no recrimina, sino que se entrega silencioso por nuestro amor. San Pedro lo dice claramente: “Ustedes fueron liberados de su conducta gracias a la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto y sin mancha” (1 Pe 1,19). El Apocalipsis revela todo sobre el Cordero. Es Él el que puede abrir los sellos de la historia, de la vida de cada hombre, del corazón escondido, de la verdad (Ap 7,1.3.5.7.9.12.;8,1), es el vencedor, aquél que se sienta sobre el trono (Ap 5,6), es él el rey, digno de honor, alabanza, gloria, adoración (Ap 5, 12) Es Él el Esposo, que invita a su banquete de bodas (Ap 19,7); es la lámpara (Ap 21,23), el templo (Ap 21,22), el lugar de nuestro descanso eterno; Él es el pastor (Ap 7,17), al que seguiremos adonde vaya (Ap 14,4).

2. Permanecer – morar: Este es otro verbo importantísimo, fortísimo, otra perla preciosa del Evangelio de Juan. En nuestro pasaje se encuentra tres veces, con dos significados diversos: habitar y permanecer. Los discípulos preguntan inmediatamente a Jesús dónde vive Él, dónde está su casa y Él los invita a caminar, a entrar, a quedarse. “Se quedaron con Él aquel día” (v.39). No es un quedarse físico, temporal; los discípulos no son sólo huéspedes de paso, que pronto se irán. No, el Señor les da espacio en su lugar interior, en su relación con el Padre y allí los acoge para siempre; pues dice: “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, estén también ellos en nosotros.... yo en ellos y tú en mí...” (Jn 17,21.23). Nos deja entrar y entra; nos deja tocar en la puerta y toca Él mismo; nos hace morar en Él y pone en nosotros su morada junto al Padre (Jn 14,23). Nuestra llamada a ser discípulos de Cristo y para ser sus anunciadores ante nuestros hermanos(as) tiene su origen, su fundamento, su vitalidad, precisamente aquí, en esta realidad de la recíproca habitar del Señor en nosotros y de nosotros en Él; nuestra felicidad duradera y verdadera surge de la realización de este nuestro permanecer. Hemos visto donde Él vive, hemos conocido el lugar de su presencia y hemos decidido permanecer con Él, hoy y por siempre. “Permanezcan en mí y yo en ustedes...Quien permanece en mí y yo en él lleva mucho fruto... Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.... Permanezcan en mi amor” (Jn 15) ¡No, no iré a ningún otro, no me refugiaré en otro lugar sino en Ti Señor, mi morada, mi lugar de salvación!

Reflexión

Santa María Madre de Dios (Lucas 2, 16-21)
José Antonio Pagola
Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús indicando a los lectores que «María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón». No conserva lo sucedido como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que actualizará y revivirá a lo largo de su vida.
No es una observación gratuita. María es modelo de fe. Según este evangelista, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida.
Por eso, Lucas utiliza un recurso literario muy original. Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo "HOY", ahora mismo, siempre que nos encontramos con él. Veamos algunos ejemplos.
Así se nos anuncia el nacimiento de Jesús: "Les ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador". Hoy puede nacer Jesús para nosotros. Hoy puede entrar en nuestra vida y cambiarla para siempre. Con él podemos nacer a una existencia nueva.
En una aldea de Galilea traen ante Jesús a un paralítico. Jesús se conmueve al verlo bloqueado por su pecado y lo sana ofreciéndole el perdón: "Tus pecados quedan perdonados". La gente reacciona alabando a Dios: "Hoy hemos visto cosas admirables". También nosotros podemos experimentar hoy el perdón, la paz de Dios y la alegría interior si nos dejamos sanar por Jesús.
En la ciudad de Jericó, Jesús se aloja en casa de Zaqueo, rico y poderoso recaudador de impuestos. El encuentro con Jesús lo transforma: devolverá lo robado a tanta gente y compartirá sus bienes con los pobres. Jesús le dice: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa". Si dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, hoy mismo podemos empezar una vida más digna, fraterna y solidaria.
Jesús está agonizando en la cruz en medio de dos malhechores. Uno de ellos se confía a Jesús: "Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino". Jesús reacciona inmediatamente: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". También el día de nuestra muerte será un día de salvación. Por fin escucharemos de Jesús esas palabras tan esperadas: descansa, confía en mí, hoy estarás conmigo para siempre.
Hoy comenzamos un año nuevo. Pero, ¿qué puede ser para nosotros algo realmente nuevo y bueno? ¿Quién hará nacer en nosotros una alegría nueva? ¿Qué psicólogo nos enseñará a ser más humanos? De poco sirven los buenos deseos. Lo decisivo es estar más atentos a lo mejor que se despierta en nosotros. La salvación se nos ofrece cada día. No hay que esperar a nada. Hoy mismo puede ser para mí un día de salvación.

Santa María Madre de Dios

Santa María Madre de Dios
Lucas 2,16-21

1. Oración Inicial: Señor Jesús, haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y abra nuestros corazones para escuchar y comprender tu Palabra. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. AMËN. Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: En la Octava de Navidad, celebramos la solemnidad de «Santa María Madre de Dios». Un día muy especial para contemplar a la Madre que lo dio todo para que Dios, en su proyecto salvador, lo realizara contando, una vez más, con el ser humano. En este caso, con María, la sencilla mujer de Nazaret, que estuvo siempre atenta a la Palabra. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 2,16-21: Leemos este texto de Lucas con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d. ¿Qué dice el texto?

1)     ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?
2)     ¿Dónde y en qué condición encontraron los pastores a Jesús?
3)     ¿Qué hacen los pastores al llegar al pesebre y ver a Jesús?
4)     ¿Cuál fue la actitud de María después de escuchar lo que le contaron los pastores?
5)     ¿Qué hacen los pastores al volver a su lugar de origen?
6)     ¿Qué hacen María Y José al cumplirse los ocho días de nacer?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a.     La gente que esperaba al Salvador de todo un pueblo y deberá reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. ¡Gran sorpresa! El plan de Dios acontece a veces de modo inesperado, lleno de sorpresa. ¿Esto sucede también hoy?  Explicar.
b.    ¿Cómo se ha manifestado Dios en los acontecimientos de nuestra vida e historia?
  1. Los pastores se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír. ¿Cómo proclamamos nosotros la experiencia gozosa de nuestro encuentro con el Mesías?
  2. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “…se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído”.

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: Seguir viviendo con el espíritu de la navidad en los diversos ambientes: familia, barrio, trabajo, lugar de compromiso. Llevamos una “palabra”. Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente durante la semana mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Dios de la Paz, que quieres que vivamos como hermanos y hermanas en unidad fraterna. En este tiempo que damos comienzo al nuevo año, te pedimos con todo el corazón nos concedas la Paz, don tuyo y a la vez fruto de nuestros esfuerzos por la Justicia, y que hagas de nosotros sus esforzados constructores, para que merezcamos la bienaventuranza que anunció Jesús. AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…
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Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más
1. La función de los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas: Se trata de dos capítulos bastantes conocidos, pero pocos profundizados. Lucas los escribe imitando los escritos del Antiguo Testamento. Es como si estos dos capítulos fuesen los últimos del Antiguo Testamento abriendo la puerta para la llegada del Nuevo Testamento. En estos capítulos nos hace sentir el perfume de un ambiente de ternura y alabanza. Del principio al fin, se alaba y canta la misericordia de Dios que, finalmente, viene a cumplir sus promesas. Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Antiguo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana, los pastores. Por esto, los dos primeros capítulos no son historia según el sentido que hoy le damos a la historia. Sirven mucho más como un espejo, en el que los destinatarios, los cristianos convertidos del paganismo, podían descubrir quién era Jesús y cómo había venido para realizar las profecías del Antiguo Testamento, respondiendo a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Era espejo también de lo que estaba acaeciendo en las comunidades del tiempo de Lucas. Las comunidades venidas del paganismo nacerán de las comunidades de los judíos convertidos. Pero ellos eran diferentes. El Nuevo Testamento no correspondía a lo que el Antiguo Testamento imaginaba y esperaba. Era “la señal de contradicción” (Lc 2,34), causaba tensión y era fuente de muchos dolores. En la conducta de María, Lucas presenta un modelo de cómo las comunidades podían reaccionar y perseverar en el Nuevo. En estos dos capítulos Lucas presenta a María como modelo para la vida de las comunidades. La clave nos viene dada en aquel episodio en la que una mujer del pueblo elogia a la madre de Jesús. Jesús modifica el elogio y dice: “Dichosos aquéllos que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,27-28) Aquí está la grandeza de María. Es en el modo en el que María sabe referirse a la Palabra de Dios en el que las comunidades contemplan el modo más correcto de relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aun cuando no se entienda o cuando nos hace sufrir. Es ésta la visión que subyace en los dos títulos de los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Lucas, que hablan de María, la madre de Jesús.
2. Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.
3. Conducta de María y de los pastores ante los hechos, ante la palabra: Lucas añade enseguida que “María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”. Son dos modos de percibir y acoger la Palabra de Dios:
a.     Los pastores se levantan y van para ver los hechos y verificar en ellos la señal que se les había dado por el ángel, y después, vuelven a sus rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.
b.    María, por su parte, conservaba con cuidado todos los acontecimientos en la memoria y los meditaba en su corazón. Meditar las cosas significa rumiarlas e iluminarlas con la luz de la Palabra de Dios, para así llegar a entender mejor todo el significado para la vida.
4. La circuncisión y el Nombre de Jesús: De acuerdo con una norma de la Ley, el pequeño Jesús es circuncidado el octavo día después de su nacimiento (Génesis 17,12). La circuncisión era una señal de pertenencia al pueblo. Daba identidad a la persona. En esta ocasión cada niño recibía su nombre (Lc 1,59-63). El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). ¡El nombre completo es Jesús Cristo Emmanuel!

Natividad del Señor (B)

Natividad del Señor (B)
Lucas 2, 1-14
 
1. Oración Inicial: Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad, abre nuestra mente a las Escrituras. Tú, que descendiendo sobre María de Nazaret, la convertiste en tierra buena donde el Verbo de Dios pudo germinar, purifica nuestros corazones de todo lo que opone resistencia a la Palabra. Haz que aprendamos como Ella a escuchar con corazón bueno y perfecto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto con nuestra perseverancia. AMEN.  Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El pasaje evangélico de hoy forma parte del así llamado evangelio de la infancia que abarca los dos primeros capítulos del evangelio de Lucas.  Luego el interés primario del autor no es el de informarnos, de presentarnos todos los detalles del nacimiento de Jesús, sino más bien el de anunciar la buena nueva del nacimiento del Mesías prometido. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 2,1-14: Leemos este texto de Lucas con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.   Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d.  ¿Qué dice el texto?

1)     ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?
2)     ¿Por qué o para qué el emperador romano quería censar a la gente?
3)     ¿Qué tenía que hacer José y María para cumplir con las obligaciones del censo?
4)     ¿Por qué nace Jesús en un pesebre? ¿En qué situación social nació Jesús? ¿Qué nos dice este hecho de Dios?
5)     ¿Quiénes son los primeros en recibir la Buena Noticia del nacimiento?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.     ¿Qué significa para nosotros el hecho que el Mesías nace entre los pobres y humildes?
b.    ¿Creemos que el Reino de Dios puede nacer también hoy desde y en medio de los pobres y humildes? Explique.
c.     Jesús ha nacido para traer alegría y paz pero con frecuencia nos dejamos contagiar por la tristeza de una Iglesia envejecida y gastada. ¿Ya no es Jesús Buena Noticia? ¿No sentimos la alegría de ser sus seguidores?
d.    ¿De qué manera somos portadores de alegría, justicia y paz para los demás?
e.     ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Estamos de frente al acontecimiento que es el eje de la Historia, para nosotros los cristianos. Y tan verdad es, que desde hace siglos, se pensó fijar el año cero, aquel que divide la historia en dos grandes partes, precisamente en el año que se pensaba fuese el año del nacimiento de Jesús. Como comunidad orante, hablamos con el Señor alabando, dando gracias, pidiendo, contándole lo que uno quiere o siente. “Hoy nos ha nacido el Salvador."

5.  Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿Qué puedes ofrecer esta semana para trabajar por el Reino? Llevamos una “palabra”. Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: ¡OH Pequeño Niño Jesús, nuestro único tesoro, nos abandonamos a tu voluntad  divina.  Imprime en nosotros tu gracia y tus virtudes, para que podamos colaborar contigo en la construcción de tu Reino aquí en la Tierra.  Amén. Padre Nuestro, que estás en el cielo…  

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. "No había puesto para ellos" Jesús nace en extrema pobreza. No se trata sólo de la indigencia material de su familia. Es mucho más. Nace lejos de la aldea donde residen sus padres, lejos del afecto de familiares y amigos, lejos de la comodidad que podría haber ofrecido la casa paterna, aunque fuese pobre. Nace entre extranjeros que no se interesan por Él y no le ofrecen sino un pesebre donde nacer. Aquí está el gran misterio de la encarnación. Pablo dirá que "de rico que era, (Jesús) se hizo pobre por vosotros, para que llegáseis a ser ricos por medio de su pobreza" (2 Cor 8,9). El prólogo del evangelio de Juan atestigua que siendo Él por medio del cual se ha hecho el mundo, Jesús, el Verbo hecho carne, "vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron" (Jn 1,11). Este es el drama que señala toda la vida de Jesús, llegando su culmen en el rechazo absoluto de Él en el proceso delante de Pilato (ver Jn 18,28-19,16). Es, en último análisis, el drama de Dios que se revela y se ofrece continuamente a la humanidad y es tantas veces rechazado.

2. José y María van a Belén por el censo del emperador pero, en realidad, se están cumpliendo las profecías realizadas por los profetas, entre ellas que el Mesías nacería en Belén. ¿Por qué es importante? Es importante porque Dios mismo cumple con sus promesas. Dios es coherente con sus propias palabras. Dios cumple con lo que promete. En Navidad podemos tener el más profundo de los hechos que Dios hizo por amor a la humanidad, por amor a nosotros. Fue la expresa voluntad de Dios que exista la primera Navidad. Fue el amor de Dios el motor que generó que Jesús naciera. En la Navidad vemos a un Dios que se hace una guagua indefensa para entrar a este su mundo y salvarlo. ¡A Dios gracias!

3. Jesús nace humilde en un pesebre. ¿Por qué? Podemos tener muchísimas interpretaciones, y de las más variadas. Por lo que el texto de Lucas refleja, este hecho tampoco fue dejado librado al azar. El nacimiento de Jesús, tan humilde y sencillo, refleja en parte cual será la misión de este bebé: el no nació para que le sirvan, sino para servir. Aunque el ángel del cielo da a esta guagua tres títulos. “SALVADOR”, “CRISTO”, el “SEÑOR”, nace en medio de la pobreza. No vino al estilo de los reyes de este mundo. No vino para que le hagan honores; vino pensando en nosotros y nuestras necesidades.  Jesús no vino al mundo por que le convenía a él mismo. A nosotros nos conviene que el haya venido. La necesidad no fue de Dios, sino nuestra. Y, es pensando en esto que Dios envió a su Hijo a nacer en este mundo.

4. “Se les apreció un ángel del Señor”: En las tradiciones primitivas del Antiguo Testamento, los ángeles se distinguen difícilmente de Dios (Gen 16,7-13); el fin principal de su presencia es el de ser mediadores entre Dios y los seres humanos, salvaguardando la transcendencia de Dios. En el Nuevo Testamento tienen un papel importante (por ejemplo, ver Mt 1,20-24; Lc 2,9-15; Jn 20.1-13): están al servicio de la salvación de la humanidad. (Heb 1,14)

5. “les anuncio una gran alegría”: Con el vs.8 la escena cambia del ámbito íntimo-familiar del nacimiento de Jesús a su revelación pública, delante de los primeros testigos: los pastores. El corazón de esta segunda parte del pasaje es: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David un salvador, que es el Cristo Señor”; (vs. 10-11). El mensajero divino declara ante todo sus intenciones: él anuncia una gran “alegría” que no se da sólo a los pastores, sino a todo el pueblo. Aparece por primera vez aquí la palabra “evangelio” y vuelve, justamente unido a este término, el tema de la alegría que es el objeto directo de la buena noticia: la palabra alegría se extiende como un hilo a través de toda la obra de Lucas. Si seguimos este hilo hacia atrás, vemos que a Zacarías les son prometidas “alegría” y “regocijo”, “muchos se alegrarán” por el nacimiento de Juan con motivo de la “historia” que Dios está comenzando con su pueblo (1,14).  Encontrándose con María, el niño de Isabel, salta de gozo en su seno. (1,44) La razón y el contenido de esta “gran alegría” es, en este caso, el mensaje de la Navidad, porque Jesús, “Dios ha visitado y redimido a su pueblo” (1,68), se ha preocupado por la humanidad perdida “como había prometido a los padres y profetas” (1,5), ha demostrado su benevolencia por los seres humanos, su pueblo.

6. Los primeros que visitaron a Jesús: Son unos pastores del campo. Las personas que cuidaban ovejas eran despreciadas por no poder obedecer a la ley de Moisés respecto a los rituales de pureza. Por otras cuestiones eran considerados inferiores. Serán ellos y no otros, los primeros que lo visitarán. Nuevamente: ¿casualidad? Vemos aquí la clase del amor de Dios. Dios ama a la humanidad, Dios ama al pecador, al alejado de su amor. Esta guagua no vendrá en esta su primera venida para juzgar y castigar, sino para liberar, sanar y vendar. El profeta Isaías tuvo razón cuando dijo –en el capitulo 53- que por sus heridas nosotros encontramos la salud.

4º Domingo de Adviento (B)

4º Domingo de Adviento (B)
Lucas 1,26-38


1.  Oración Inicial: Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad, abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Tú, que descendiendo sobre María de Nazaret, la convertiste en tierra buena donde el Verbo de Dios pudo germinar, purifica nuestros corazones de todo lo que pone resistencia a la Palabra. Haz que aprendamos como Ella a escuchar con corazón bueno y perfecto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto en nuestras vidas. AMEN.

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El evangelio de Lucas, que es el único que nos habla de María como la auténtica mujer profética que va perfilando, con sus gestos y palabras, lo que posteriormente llevará a cabo su hijo, el Hijo del Altísimo con que se le presenta en la anunciación. Esto ocurre así, en el texto de hoy porque María es la figura que lleva a plenitud el misterio y la actitud del tiempo de la espera de Mesías. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 1, 26-38: Leemos este texto de Lucas con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.       Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d.  ¿Qué dice el texto?

1)     ¿Cuales son las primeras palabras del ángel a María?
2)     ¿Por qué ella se desconcierta ante este saludo?
3)     ¿Qué anuncia el mensajero de Dios y qué responde María?
4)     Finalmente, ¿qué actitud manifiesta María?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.     Revisar nuestras actitudes ante Dios a partir de las que nos muestra María: ¿Qué podemos imitar de ella en nuestras vidas?
b.    ¿Cómo vamos a acoger el misterio del «Dios tan humano» que Jesús nos muestra?
c.     ¿Cómo vivir y expresar la ternura de Dios con las personas que nos rodean?
d.    Navidad: Para muchos en la sociedad hoy: ¿Qué sentido tiene esta fecha?   ¿Vuelve a nacer Jesús o se trata de un símbolo? Y nosotros: ¿Qué es lo que realmente celebramos?
e.     ¿Creemos que «no hay nada imposible para Dios»?  Comentar.
f.     ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Desde la vida iluminada por la Palabra, ahora nos dirigimos a Dios. Como comunidad orante, hablamos con el Señor alabando, dando gracias, pidiendo, contándole lo que uno quiere o siente. “Hágase tu voluntad, Señor."

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿Qué puedes ofrecer esta semana para trabajar por el Señor en lo que más le agrada, el servicio a los demás? Llevamos una “palabra”. Seguramente esta “palabra” o versículo se hará presente durante el día (semana)  mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Madre, danos tu coraje para decir sí al Señor.  Ayúdanos a olvidarnos de nosotros mismos para ponernos en las manos de Dios.  Enséñanos a entregar nuestra vida para ayudar a dar a luz a Jesús en el mundo en que vivimos. Amén.  Dios te salve María…; Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más


1. Comentario:   En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula y evangelizada: escucha la palabra de Dios, es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende pero que sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías el signo que pide María no parte de la incredulidad, sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.

El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella. El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de los hombres. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia, haciéndose hombre pobre y creyente.

2. Lucas 1,26-38  Anuncio del nacimiento de Jesús. En este anuncio, abandonamos el marco solemne del templo y nos trasladamos a un pequeño lugar de Galilea. La salvación de Dios llega desde un lugar humilde, fuera de las grandes instituciones religiosas de Israel. Jesús es descrito, sin embargo, con los rasgos del Mesías del Antiguo Testamento (Is 7,14; 9,6; 2 Sm 7,14-16) y como Hijo de Dios, o su equivalente Hijo del Altísimo, un título con el que Lucas quiere describir la relación misteriosa que le une al Padre. Relación que, según Lucas, existe desde su nacimiento por obra del Espíritu. Lucas estructura su evangelio de la infancia en torno a la figura de María, mientras que Mateo lo centra en José. María es presentada por Lucas como prometida de José. Pero esta promesa, o esponsales, era considerada por la ley de Israel como un contrato solemne. Sin embargo la pareja no vivía bajo el mismo techo hasta que se realizaba la boda, según la costumbre, un año después de los esponsales, lo cual explica la pregunta de María en Lc 1,34. A pesar de la importancia de María en el evangelio de la infancia de Lucas, es José el que entronca a Jesús con la familia de David (Lc 1,27), cumpliéndose así el propósito general de la esperanza mesiánica: un descendiente de David sería el Mesías de Israel. Y aunque María no pide ningún signo, como hizo Zacarías (Lc 1,18), se le da una garantía de la autenticidad del mensaje: su parienta Isabel, que era estéril, va a dar a luz un hijo. Las palabras del ángel concluyen con el mismo mensaje que recibieron Abrahán y Sara cuando dudaron de la noticia del nacimiento de su hijo (Lc 1,37; ver Genesis 18,14).

3.  Reflexión: ¡He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra!  He aquí... ¿Qué palabra puede ser más esencial y llena de vida? No hay palabras que obligue más al ser humano que este estar ahí, vigilante, para contener el respiro para no dejar ir nada de cuanto el Misterio está participando de Sí. Suceda... la elección de Dios es digna de acogida, pero requiere el silencio profundo de todo el propio ser: suceda en mí. María sabe que no es la protagonista, sino sierva de la voluntad divina; pertenece a aquella escuadra de siervos que Jesús llamará amigos: un siervo no sabe lo que hace su señor. Pero quien es amigo sí. Todo lo que he oído del Padre se lo hecho conocer. La sombra del Espíritu que extiende la tienda de la presencia sobre una criatura tan bella por su disponibilidad, oirá los secretos arcanos del Eterno. Y el tiempo que seguirá andando para trazar siempre nuevos recorridos de gracia se llenará hasta derramarse cuando el Hijo de Dios vea la luz de un espacio infinitamente pequeño para su poder, el espacio del límite y de la contingencia. María la primera cuna de la Palabra inefable, primer abrazo de la luz que llega, no posee otro tesoro que su humildad.

4. El plan de Dios se realiza con los medios menos aceptados en la sociedad: Una mujer, pobre, humilde, de la periferia, es la interlocutora del mensajero de Dios, que vincula a María en el proyecto liberador del Padre. Eran días en que el pueblo esperaba de muchas formas la llegada del Mesías. Las difíciles condiciones de vida acrecentaban las expectativas populares. Dios se manifiesta de manera inesperada en la elección de una mujer del pueblo. Así el texto del evangelio muestra hasta dónde llega la voluntad de Dios. Aquello que se considera imposible para la humanidad es posible para Dios, como la concepción de un hijo por una mujer adulta, el caso de Isabel; después por una joven mujer sin esposo, el caso de María. Estos hechos nos muestran que el querer de Dios rompe con todas las estructuras humanas. Pongamos en las manos de Dios la vida de las mujeres, madres, hijas, hermanas, especialmente las que luchan de manera comprometida por un mundo más justo e igualitario.