21 may 2014

5° Domingo de Pascua



Juan 14,1-12

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envíanos tu Espíritu Santo para comprender tu Palabra.  Guía nuestros pasos, orienta nuestro caminar, para que sigamos tu ejemplo abriendo los brazos a los demás y anunciando un Dios que se hace cercano para traernos la justicia y la paz. Queremos ser testigos para construir un mundo nuevo, para que brille el Evangelio y con su luz pueda haber Vida para toda la humanidad como Tú lo quieres.  AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: En los anteriores versículos al texto de hoy, Jesús ha anunciado la traición de Judas, la partida de sus discípulos y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los(as) discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Juan 14,1-12: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d.  ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que le impresionó más.
2)     ¿Qué dice Jesús a sus discípulos con respecto a la situación de crisis que viven?
3)     ¿Qué le dice Tomás? ¿Cómo responde Jesús a Tomás?
4)     ¿Qué pide Felipe a Jesús?  ¿Cómo le responde Jesús?
5)     ¿Qué huellas del rostro de Dios Padre, revelado por Jesús, aparecen en estos doce versículos?
6)     ¿Qué nos revelan estos versículos sobre la relación de Jesús con el Padre?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)    ¿Qué debemos hacer para que nuestra comunidad sea en medio del mundo el Camino, la Verdad y la Vida que fue y es Jesús para nosotros(as)?
b)    “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”: ¿Es nuestro modo de vivir y de compartir una revelación de Jesús? La persona que nos ve: ¿Puede ver y reconocer en nosotros(as) algo de Jesús?
c)    "…él que cree en mí hará también las obras que yo hago; y hará otras todavía más grandes…” ¿Qué  obras de Jesús hemos hecho y cuáles aún tenemos que hacer?
d)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “¡Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, Señor!

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Piensa un gesto concreto, a la luz del camino que vivió Jesús, para vivir esta semana en tu vida cotidiana. Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración Final: Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, Señor. Ayúdanos a seguir tus huellas y tu camino hoy en nuestra realidad. Enséñanos a amar con todas nuestras fuerzas y que nuestro amor no se quede en buenas palabras, sino que se traduzca en obras de justicia, de amor y de servicio a favor de todas las personas, para así extender tu Reino en la tierra. Padre Nuestro, que estás en el cielo…  AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Contexto: La larga conversación (Jn 13,1 a 17,26), que Jesús tuvo con sus discípulos en la última cena, en la vigilia de su prendimiento y muerte, es el Testamento que nos dejó. En él se expresa la última voluntad de Jesús respecto a la vida en comunidad de sus discípulos(as). Era una conversación amistosa, que quedó en la memoria del Discípulo Amado. Jesús, así quiere dar a entender el evangelista, quería alargar al máximo este último encuentro de amistad, momento de gran intimidad. Estos cinco capítulos (Jn 13 a 17) son también un ejemplo de cómo la comunidad del Discípulo Amado catequizaba. Las preguntas de los tres discípulos, Tomás (14,5), Felipe (14,8) y Judas Tadeo (14,22), eran también las preguntas de las comunidades de finales del siglo primero. Las respuestas de Jesús a los tres eran un espejo en el que las comunidades encontraban una respuesta a sus dudas y dificultades. Así, nuestro capítulo 14 era (y aún es hoy) una catequesis que enseña a las comunidades cómo vivir sin la presencia física de Jesús.

3.  El Evangelio de Juan: un tejido hecho con tres hilos: La palabra texto quiere decir tejido. Así, el texto del evangelio de Juan es como un bonito tejido, hecho con tres hilos muy distintos y, al mismo tiempo, muy parecidos. Estos tres hilos se combinan tan bien entre ellos que nos confundimos y, a veces, ni siquiera percibimos cuándo se pasa de un hilo a otro.
a)     El primer hilo: son los hechos de la vida de Jesús, acaecidos por el año 30 d.C. y recordados por testigos oculares, las personas que han vivido con Jesús y que vieron las cosas que Él hizo y las palabras que enseñó. Es el Jesús histórico, conservado en los testimonios del Discípulo Amado (1 Jn 1, 1).
b)    El segundo hilo: son los hechos y los problemas de la vida de las comunidades de la segunda mitad del siglo primero. Partiendo de la fe en Jesús y convencidas de la presencia del Resucitado en medio de ellas, las comunidades han iluminado estos hechos y problemas con las palabras y los gestos de Jesús. Así, por ejemplo, los litigios que tenían con los fariseos, acabaron por influir profundamente la narración y la transmisión de las discusiones entre Jesús y los fariseos.
c)     El tercer hilo: son los comentarios hechos por el evangelista. En algunos pasajes, nos resulta difícil percibir cuándo Jesús deja de hablar y cuándo el evangelista comienza a hacer sus comentarios (Jn 2, 22; 3, 16-21; 7, 39; 12, 37-43; 20, 30-31).
En los cinco capítulos que describen la despedida de Jesús (Jn 13 al 17), se nota la presencia de estos tres hilos: aquél en el que Jesús habla, aquél en el que hablan las comunidades y aquél en el que habla el evangelista. En estos capítulos los tres hilos están entrelazados de tal modo que el conjunto se presenta como una composición de extraña belleza e inspiración, donde es difícil distinguir qué es de uno y qué es de otro.

4. El camino hacia el Padre: En los versículos finales del capítulo once de Juan, comien­za el relato de la marcha de Jesús hacia Jerusalén. Allí encontrará la muerte, el Señor lo sabe, esa conciencia intran­quiliza a los discípulos. Jesús les pide que ahonden su fe en esa hora de prueba, la adhesión a él es adhesión a Dios (14,1). Los seguidores de Jesús son una familia, vivirán en la casa del Padre (vs. 2). Lo garantiza el Señor, él les había indicado el camino, pero no es fácil entender su ense­ñanza (vs.4). Tomás no está seguro, su pregunta arranca a Jesús una respuesta breve que constituye una profunda revelación de sí mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (vs.6). Por Jesús vamos al Padre, su vida y su mensaje nos dicen que el camino es la práctica del amor a Dios y a los hermanos(as). Es una senda que representa una exigencia coti­diana. Estar con Jesús es estar junto al Padre.

5. "¡Yo soy el camino, la verdad y la vida!": Tres palabras importantes. Sin camino, no se camina. Sin verdad, no se acierta. ¡Sin vida, sólo hay muerte! Jesús explica el sentido. Él mismo es el camino, porque "Nadie va al Padre sino por mí". Ya que, Él es la puerta, por la que las ovejas entran y salen (10, 9). Jesús es la verdad, porque mirándole a él, vemos la imagen del Padre. ¡Jesús es la vida, porque caminando como Jesús ha caminado, estaremos unidos al Padre y tendremos la vida en nosotros(as)!

6. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre": No tenemos que pensar que Dios sea lejano, como alguien distante y desconocido. Quien quiera saber cómo es y quién es Dios Padre, le basta mirar a Jesús. ¡Él lo ha revelado en las palabras y en los gestos de su vida! Por su forma de ser Jesús revelaba un rostro nuevo de Dios que atraía al pueblo. Estaba totalmente identificado con el Padre. ¡Por eso, en Jesús todo es revelación del Padre! ¡Y, los signos y obras que realiza, son las obras del Padre! De la misma manera, en nuestro modo de vivir y de compartir, tenemos que ser una revelación de Jesús. El que nos ve, tiene que poder ver y reconocer en nosotros algo de Jesús.

4° Domingo de Pascua



Juan 10,1-18


1. Oración Inicial: Señor de la Vida, envía tu Espíritu Santo.  Concédenos escuchar con apertura de corazón tu Palabra y comprender su mensaje para que vivamos siempre conforme a tu voluntad y actuemos como luz y fermento del mundo.     AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El texto de hoy nos pone delante la figura tan familiar del Buen Pastor. Hablando de las ovejas del redil de Dios, Jesús usa diversas imágenes para describir la conducta de aquéllos que se ocupan del rebaño. Durante su lectura tratamos de poner atención a las diversas imágenes o comparaciones que usa Jesús para presentarse como el verdadero Pastor. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Juan 10,1-18: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que le impresionó más.
2)     ¿Con qué comparación comienza Jesús su discurso? ¿Lograron entender lo quería decir?
3)     ¿Quién es la puerta por donde pasan las ovejas? ¿Qué les espera a quienes entran por ella?
4)    ¿Quién es el Buen Pastor? ¿Cuál es la diferencia entre la práctica del Buen Pastor y la práctica de los ladrones?
5)    ¿Por qué ha venido Jesús? ¿Cómo defiende la vida de las ovejas el buen pastor? ¿Cuál es la relación entre el pastor y sus ovejas?
6)     ¿Cuál es la meta de Jesús para las personas que no son todavía sus seguidores?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     ¿Quiénes son hoy los "ladrones" y "lobos" que amenazan y matan la vida?
b)    Jesús ha venido para que tengamos vida en abundancia: Compartir algunos hechos concretos en nuestra realidad que revelan la negación de una vida digna. ¿Cómo estamos reaccionando delante de esta realidad? ¿Qué hacemos para defender la vida amenazada de los pobres?
c)   ¿Cómo procla­mar al Buen Pastor que vino a traer vida en abundancia? Ante los hechos de nuestra realidad: ¿Qué debe­mos hacer para ser pastores y no salteadores en el Chile de hoy?
d)    Jesús abre el horizonte y dice que tiene otras ovejas que no son de este redil: ¿No será que hoy la Iglesia está muy encerrada en sus cosas, en una manera de celebrar, de organizarse, lo que mantiene alejada a mucha gente que, de buena gana, entraría en nuestra comunión si abriéramos las puertas que nos encierran?
e)     ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «…he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué puedes hacer para ponerse al servicio de la vida esta semana?  Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Jesús, Buen Pastor, cuida a toda la humanidad, y ya que compartimos la alegría de la Resurrección, danos fuerza para trabajar con valor por el Reino y el gozo de verlo crecer poco a poco en el mundo, de modo que la fraternidad y solidaridad universal sea cada día más real.  Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
     ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido?  ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?  ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. El contexto: He aquí un ejemplo de cómo fue escrito y confeccionado el evangelio de Juan. Las palabras de Jesús sobre el Pastor (10,1-18) son como un ladrillo colocado en una pared casi terminada. Inmediatamente antes, en Juan 9,40-41, Jesús hablaba de la ceguera de los fariseos. Inmediatamente después, en Juan 10,19-21, vemos la conclusión de la discusión sobre la ceguera. Y así las palabras sobre el Buen Pastor nos enseñan cómo hacer para quitar de los ojos la ceguera. Con este ladrillo la pared queda más fuerte y más bella.

3. La comparación entre el salteador y el pastor (10,1-5): Para entender esta comparación debemos recordar lo siguiente: En aquel tiempo, los pastores se ocupaban del rebaño durante el día. Cuando llegaba la noche, llevaban las ovejas a un gran redil o recinto comunitario, bien protegido contra salteadores y lobos. Todos los pastores de una misma región llevaban allí sus rebaños. Había un guardián que se ocupaba del redil toda la noche. Por la mañana venía el pastor, tocaba las palmas de las manos sobre la puerta y el guardián abría. El pastor se acercaba y llamaba a sus ovejas por su nombre. Las ovejas reconocían la voz del pastor, se levantaban y salían detrás de él a pastar. Las ovejas de los otros pastores oían la voz, pero se quedaban donde estaban, porque para ellas no era conocida la voz. Todos los días había peligros de asaltos. Los ladrones entraban por una hendidura, quitando las piedras del muro que rodeaba, para robar las ovejas. No entraban por la puerta, porque allí estaba el guardián vigilando.

4. La comparación de la puerta de las ovejas (10, 6-10): Aquéllos que escuchaban, los fariseos, (9,40-41), no entendían lo que significaba “entrar por la puerta”. Jesús lo explica: “Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores”. ¿De quién está hablando Jesús con esta frase tan dura? Probablemente, por su manera de hablar de los salteadores, se refería a los jefes religiosos que arrastraban a la gente detrás de ellos, pero no respondían a las esperanzas de la gente. No estaban interesados en el bien del pueblo, sino más bien en su propio dinero y en sus intereses. Engañaban a la gente y la abandonaban a su suerte. El criterio fundamental para discernir entre el pastor y el salteador es la defensa de la vida de las ovejas. Entrar por la puerta significa imitar la conducta de Jesús en defensa de la vida de las ovejas. Jesús pide a la gente tomar la iniciativa de no seguir a quien se presenta como si fuese pastor, pero que no está interesado en la vida de la gente.

5. La comparación del Buen Pastor (10,11-15): Jesús cambia la comparación. Antes Él era la puerta, ahora es el pastor. Pero Jesús no es un pastor cualquiera, es ¡el buen pastor! La imagen del buen pastor viene del Antiguo Testamento. Diciendo que es el Buen Pastor, Jesús se presenta como aquél que viene a cumplir las promesas de los profetas y las esperanzas del pueblo. Hay dos puntos en los que insiste: (a) En la defensa de la vida de las ovejas: el buen pastor da su vida. (b) En el mutuo entendimiento entre el pastor y las ovejas: El Pastor conoce a sus ovejas y ellas conocen al pastor. Y el falso pastor, que quiere vencer su ceguera, debe confrontar su propia opinión con la opinión de la gente. Esto era lo que no hacían los fariseos. Ellos despreciaban a las ovejas y las llamaban gente maldita e ignorante (7,49; 9,34). Al contrario, Jesús dice que la gente tiene una percepción infalible para saber quién es el buen pastor, porque reconoce la voz del pastor (10,4). Los fariseos pensaban que poseían la certeza en discernir las cosas de Dios. Pero en realidad eran ciegos. El discurso sobre el Buen Pastor encierra dos importantes reglas para quitar la ceguera farisaica de nuestros ojos: (a) Los pastores están muy atentos a la reacción de las ovejas, porque reconocen la voz del pastor. (b) Las ovejas deben prestar mucha atención a la conducta de aquéllos que se dicen pastores para verificar si verdaderamente les interesa la vida de las ovejas, sí o no, o si son capaces de dar la vida por las ovejas. ¿Y los pastores de hoy?

6. La meta a la que Jesús quiere llegar: un solo rebaño y un solo pastor (10,16-18): Jesús abre el horizonte y dice que tiene otras ovejas que no son de este redil. Y ellas no oyen la voz de Jesús, pero cuando la oigan, se darán cuenta que Él es el pastor y lo seguirán. Aquí aparece el comportamiento ecuménico de las comunidades del “Discípulo Amado”.

7. ¿Qué debemos hacer? Estamos ante la disyuntiva central: vida o muerte. Jesús hace ver así lo que está realmente en juego al interior de la Iglesia. Porque de eso se trata, de cómo se viven las responsabilidades en la comunidad cristiana. Quienes tienen una tarea de orientación en ella deben estar cerca al pueblo cristiano, conocer sus necesidades y esperanzas. Más todavía, compartir su vida. Como el buen pastor debemos ser la puerta por la que entran las personas a la justicia y la alegría del Reino (vs.7-9). La responsabilidad pastoral no es un privilegio, es un servicio. El pastor que se aleja de los sufrimientos cotidianos de los pobres, de los maltratos que reciben, se convierte en un extraño, y finalmente -por duros que puedan parecer los términos- en un "ladrón y salteador". Es un riesgo permanente. La advertencia del Señor es severa y exigente.