9 may 2012

Pascua de Resurrección (B)

1. Oración Inicial: Señor Jesucristo, hoy tu luz resplandece en nosotros(as), fuente de vida y de gozo. Danos tu Espíritu de amor y de verdad para que, como María Magdalena, Pedro y Juan, sepamos también descubrir e interpretar a la luz de la Palabra los signos de tu vida divina presente en nuestro mundo y acogerlos con fe para vivir siempre en el gozo de tu presencia aún cuando todo parezca rodeado de las tinieblas de la tristeza y del mal. AMEN.    Cantar,  "Espíritu Santo Ven".

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Vamos a leer hoy el pasaje que describe el sensacional descubrimiento de la tumba vacía por parte de María Magdalena y de los dos discípulos. El relato contiene elementos muy valiosos que nos ayudan a dinamizar nuestro propio camino pascual. Durante la lectura, tratemos de prestar atención a los detalles del relato.  Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 20,1-9: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva para escuchar a Dios. Leerlo una segunda vez. 

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente.     Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d.  ¿Qué dice el texto?

1)     ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?

2)     ¿Quién fue la primera persona en llegar a la tumba de Jesús? ¿Qué día fue? ¿Qué hace?

3)     En la carrera con Pedro, ¿Quién llegó primero al sepulcro y qué hizo? ¿Qué hizo Pedro al llegar?

4)     ¿Qué pasó con el discípulo amado cuando entró al sepulcro vacío?

5)     ¿Qué es lo que no entendían inicialmente en la Escritura?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. Para dar testimonio no basta saber que Jesús ha resucitado, hay que experimentarlo presente. Cada uno(a) relata, ¿cuál es su experiencia de encuentro personal con el Señor Resucitado? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
  2. Nuestro pueblo vive situaciones de muerte cotidianas (cesantía, salarios injustos, situaciones de corrupción, violencia e injusticia). El Dios de la Vida nos invita a ser testigos de la Resurrección. ¿Cómo podemos ser testigos del proyecto del Reino donde vivimos y trabajamos? ¿Cómo celebrar el gozo pascual en medio del sufrimiento humano?
  3. ¿Qué significa ser testigo de la Resurrección del Señor en nuestros días?
  4. ¿Has pasado ya por una experiencia de pérdida o de muerte? ¿Qué te ha dado nueva vida o qué te ha devuelto esperanza y alegría de vivir?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Hacer oraciones dirigidas directamente al Señor. Dirigirse al Padre, a Jesús o al Espíritu Santo. Hablar con él, contarle, decirle lo que uno quiere o siente.  ¡Alabado sea Cristo, que ha resucitado de entre los muertos dándonos la vida!”

5.  Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿Con qué signos externos concretos voy a celebrar la Resurrección de Jesús en mi casa y en mi comunidad? Llevamos una “palabra”. Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente esta “palabra” o versículo se hará presente durante el día (semana)  mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Señor de la vida, que nos llenas de gozo con ocasión de las fiestas anuales de Pascua. Ayúdanos para que, renovados por la gran alegría experimentada por la comunidad, trabajemos siempre por vencer los signos de la muerte y hacer crecer la Vida, hasta que experimentemos la plenitud del Reino de Dios.  AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más 

 1. De todas las mujeres presentes en la tumba en los otros evangelios, sólo María Magdalena aparece en Juan. Tuvo el valor de quedarse con Jesús hasta la hora de su muerte en la cruz (19, 25). A la noticia de la Magdalena que ve el sepulcro vacío, Pedro y el Discípulo Amado van al sepulcro. El evangelio nos comunica algo extraño: el «otro discípulo (discípulo amado)» corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro, pero no entró. Pedro miró adentro y vio los lienzos en el suelo. El discípulo amado, tras haber entrado, vio también el sudario enrollado en un lado y el evangelio dice: «Vio y creyó» Pero no nos dice nada de la reacción de Pedro que había entrado primero en el sepulcro vacío. Al final, el evangelio añade esta frase: «Aún no habían comprendido la Escritura, según la cual Jesús debía resucitar de entre los muertos». (20,9). Esto significa que el Antiguo Testamento no comunica por sí sólo la comprensión total de lo que encierra. La luz para entender el verdadero sentido del Antiguo Testamento se ve en el preciso momento en que el Discípulo Amado «Vio y creyó». Su experiencia de la resurrección fue como una luz que entró en los ojos de los discípulos y de las discípulas y les reveló el sentido total y completo del A.T. Y es la luz en los ojos la que libera el sentido de las palabras del A.T.   «». 

Una comparación para entender el cambio. Entre un grupo de amigos, uno de ellos muestra una foto en la que se ve a un hombre con un semblante muy severo, con el dedo levantado, casi agrediendo al público. Todos piensan que se tratara de una persona inflexible, antipática, que no deja lugar a intimidades. En ese momento llega un muchacho y exclama: «¡Es mi padre!».  Los demás lo miran y dicen: «¡Vaya padre severo, eh!». Y él contesta: «¡No, no en absoluto! Es muy cariñoso. Mi padre es abogado. Esa foto se la sacaron cuando estaba denunciando un crimen de un latifundista que quería expropiar a una familia pobre de un terreno baldío y que tenía desde hace años. Mi padre ganó el pleito. Los pobres se quedaron con la tierra».  Todos se miran de nuevo y dicen: «¡Qué bonita foto!». Casi de manera milagrosa, la foto se ilumina y asume un aspecto nuevo. Aquel rostro tan severo se cubre de una inmensa ternura. Las palabras del hijo cambian todo, ¡sin cambiar nada! Las palabras y los gestos de Jesús, nacidos de su experiencia de hijo, acogido y resucitado por el Padre, sin cambiar una letra o una coma, cambiaron todo el sentido del Antiguo Testamento (Mt 5,17-18). Dios mismo, que parecía a veces en el Antiguo Testamento tan lejano y severo, asumió los rasgos de un Padre bueno, lleno de ternura.

2. El Discípulo Amado: El otro discípulo a quien Jesús quería: es un personaje que aparece sólo en este evangelio y sólo a partir del capítulo 13, cuando muestra una gran intimidad con Jesús. Aparece en todos los momentos decisivos de la pasión y de la resurrección de Jesús, pero permanece anónimo y sobre su identidad se han dado hipótesis bastantes diferentes. Probablemente se trata del discípulo anónimo del Bautista que sigue a Jesús junto con Andrés (1,35-40). Puesto que el cuarto evangelio no habla nunca del apóstol Juan y considerando que este evangelio a menudo narra cosas particulares propias de un testigo ocular, el "discípulo amado" ha sido identificado con el apóstol Juan. El cuarto evangelio normalmente se le ha atribuido a él. En el texto de hoy se ve una cierta competencia de jerarquías: el discípulo amado (que había aparecido por última vez junto a la cruz) es el primero en llegar a la tumba y ver las vendas con que habían envuelto a Jesús. Pero será Pedro, cuando llegue corriendo un poquito después (que la última vez había aparecido negando a Jesús) quien entre primero a la tumba vacía y ve el paño con que habían cubierto su cabeza, lo cual prueba que los discípulos no habían robado el cuerpo. A continuación entra el discípulo amado quien ve lo mismo y cree (es el primero en creer). Se mantiene la primacía del discípulo amado. Ante la ignorancia colectiva K(“no conocían las Escrituras, que debía resucitar”), uno solo regresa habiendo creído. En la cercanía a Jesús y en la percepción de las señales este discípulo amado  precede siempre a Pedro (13,23.25; 15,15s; 21,7).

3. El Nuevo Rostro de Dios: El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos(as). Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Los seres humanos podrán destruir la vida de mil maneras, pero si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que sólo quiere la vida para su pueblo. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, quiere vernos llenos de vida. En adelante, sólo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «felices los pobres porque le tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilato, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Sólo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos. Dios resucita a los crucificados. Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad como se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados. Sólo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.

25 mar 2012

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos (B)

Marcos 14,1 - 15,47

 1. Oración inicial: Padre Bueno, danos tu Espíritu Santo para que podamos reconocer y acoger a tu Hijo que pasa por nuestra historia. Danos hoy un corazón abierto para escuchar y comprender tu Palabra. Danos también el estar siempre preparados(as) para colaborar en la construcción de tu Reino.  AMEN.  Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

 2. Lectura: ¿Qué dice el texto? Lectura de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús según Marcos (Mc 14,1 a 16,8)

Clave de lectura: Generalmente, cuando leemos la historia de la pasión y muerte, miramos a Jesús y el sufrimiento que le infligieron. Pero vale la pena mirar también, por lo menos una vez, a los discípulos y ver cómo reaccionaron ante la cruz y como la cruz tuvo repercusiones en sus vidas; ¡porque la cruz sirve de piedra de comparación! Marcos escribe para las comunidades de comienzos de los años setenta. Muchas de estas comunidades, tanto de Italia como de Siria, vivían su propia pasión. Se confrontaban con la Cruz de varios modos. Habían sido perseguidas en la época de Nerón, por los años sesenta, y muchos habían muerto, despedazados por feroces bestias. Otros habían traicionado, negado o abandonado su fe en Jesús, como por ejemplo Pedro, Judas y los discípulos. Otros se preguntaban: “¿Resistiré la persecución?”. Otros ya estaban cansados después de haber perseverados durante tantos esfuerzos, casi sin resultados. Entre los que habían abandonado la fe, algunos se preguntaban si fuese posible todavía volver a la comunidad. Querían recomenzar el camino, pero no sabían si el regreso era posible o no. ¡Una rama cortada no tiene raíces! Todos ellos tenían necesidad de motivaciones nuevas y fuertes para poder emprender de nuevo el camino. Tenían necesidad de una experiencia renovada del amor de Dios que superase los errores humanos. Pero, ¿dónde encontrarla? Tanto para ellos como para nosotros(as) hoy, una respuesta se encuentra en los capítulos del 14 al 16 del Evangelio de Marcos, que describen la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús. Porque en la pasión de Jesús, momento de la más grande derrota de los discípulos, se encuentra escondida la más grande esperanza. Miramos en el espejo de estos capítulos, para ver cómo los discípulos reaccionaron ante la cruz y como Jesús reacciona a la infidelidad y debilidad de los discípulos. Tratemos de descubrir cómo Marcos anima la fe de las comunidades y cómo describe quién es verdaderamente discípulo de Jesús.

MIRANDO EN EL ESPEJO DE LA PASIÓN PARA SABER CÓMO SER DISCÍPULO(A) FIEL

Leer Marcos 14,1-9 y el comentario a continuación: Introducción a la historia de la pasión y muerte de Jesús.

La conspiración contra Jesús (14,1-2): Al término de su actividad misionera, llegando a Jerusalén, Jesús es esperado por los hombres que detentan el poder: Sacerdotes, Ancianos, Escribas, Fariseos, Saduceos, Herodianos, Romanos. Ellos tienen en sus manos el control de la situación……..no permitirán que Jesús, un carpintero del interior de la Galilea, provoque desórdenes. La muerte de Jesús ya había sido decidida por ellos (11,18; 12,12). Jesús era un hombre condenado. Ahora se cumplirá lo que Él mismo había anunciado a los discípulos: “El Hijo del Hombre será entregado y muerto (cf. 8,31; 9,31; 19,33). Este el fondo de la historia de la pasión que sigue. La historia de la pasión indicará que el verdadero discípulo que acepta seguir a Jesús, el Mesías Siervo, y hacer de su vida un servicio a los hermanos, debe cargar la cruz y caminar tras las huellas de Jesús. Si la historia de la pasión pone el acento en el abandono y fallo de los discípulos, no es para desanimar a los lectores. ¡Al contrario, más bien! Es para resaltar que la acogida y el amor de Jesús superan el abandono y el fallo de los discípulos.

Una fiel discípula (14,3-9): Una mujer, cuyo nombre no se da, unge a Jesús con un perfume muy caro (Mc 14,3). Los discípulos critican su gesto. Piensan que es un derroche (14,4.5). Pero Jesús la defiende: “¿Por qué la molestáis? Ella ha cumplido conmigo una buena obra. Ha ungido anticipadamente mi cuerpo para la sepultura” (14,6.8). En aquel tiempo, para quien iba a morir en una cruz, no estaba prevista una sepultura, ni podía ser embalsamado. Sabiendo esto, la mujer se anticipa y unge el cuerpo de Jesús antes de la condena y de la crucifixión. Con este gesto, indica que acepta a Jesús como Mesías Siervo que morirá en cruz. Jesús comprende el gesto de la mujer y lo aprueba. Antes Pedro había rechazado al Mesías Crucificado (8,32). Esta mujer anónima es la discípula fiel, modelo para sus discípulos que no han entendido nada. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en memoria de ella.” Comentar.

Leer Marcos 14,10-31: Comportamiento de los discípulos ante la Cruz

Judas decide traicionar a Jesús (14,10-11): En contraste total con la mujer, Judas, uno de los doce, decide traicionar a Jesús y conspira con los enemigos que le prometen dinero. Sigue viviendo con Jesús, con el único objetivo de tener una oportunidad para entregar a Jesús. Y, en la época en que Marcos escribía su Evangelio, había discípulos que esperaban la ocasión propicia para abandonar la comunidad que les traía tanta persecución. O, quien sabe, quizás esperaban conseguir cualquier ventaja entregando a sus compañeros. ¿Y hoy?

Preparación de la Cena Pascual (14,12-16): Jesús sabe que será entregado, pero a pesar de la traición por parte del amigo, vive en clima de fraternidad la última Cena Pascual con los discípulos. Seguramente se había gastado mucho dinero para la sala, “aquella grande sala en el piso alto, con tapetes” (14,15). Porque era la noche de Pascua. La ciudad estaba llena de gente a causa de la fiesta. Era difícil encontrar y reservar un lugar.

Anuncio de la Traición de Judas (14,17-21): Estando reunidos por última vez, Jesús anuncia que uno de los discípulos lo traicionará, “¡uno de ustedes que come conmigo!” (14,18). Este modo de hablar de Marcos acentúa el contraste. Para los judíos, comer juntos, la comunión de la mesa, era la máxima expresión de la intimidad y de la confianza. Así, entre líneas, Marcos manda el siguiente mensaje a los lectores: la traición se cumplirá por manos de alguien muy amigo, pero el amor de Jesús ¡es más grande que la traición!

La Eucaristía, la celebración de la Cena Pascual (14,22-25): Durante la celebración, Jesús realiza un gesto: compartir. Distribuye el pan y el vino, expresión del don de sí, e invitó a los amigos a tomar su cuerpo y su sangre. El evangelista coloca este gesto de donación (14,22-25) entre el anuncio de la traición (14,17-21) y el de la fuga y negación (14,26-31). Así, acentuando el contraste entre el gesto de Jesús y el de los discípulos, revela para las comunidades de aquel tiempo y para todos nosotros la inmensa gratuidad del amor de Jesús que supera la traición, la negación y la fuga de los amigos.

El anuncio de la huída de todos (14,26-28): Terminada la cena, mientras se dirigía con sus amigos hacia el Monte de los Olivos, Jesús anuncia que todos lo abandonarán. ¡Huirán y se dispersarán! Pero desde entonces avisa: “¡Pero después de mi resurrección, los precederé en Galilea!” (14.28). Ellos rompen con Jesús, pero Jesús no rompe con ellos. Él continúa esperando en el mismo lugar, allí en Galilea, donde tres años antes los había llamado por primera vez. ¡La certeza de la presencia de Jesús en la vida del discípulo es más fuerte que el abandono y que la huída! El volver es siempre posible.

El anuncio de la negación de Pedro (14,29-31): Simón, que era llamado Cefas (piedra), es todo menos piedra. Ha sido ya “piedra de escándalo” (16,23) y Satanás para Jesús (8,33) y ahora pretende ser el discípulo más fiel de todos. “Aunque todos se escandalicen, yo no!” (14,29). Pero Jesús avisa: Pedro, tu serás el primero en negarme, antes de que cante el gallo.

Leer Marcos 14,32-52 y el comentario a continuación: El comportamiento de los discípulos en el huerto de los olivos.

El comportamiento de los discípulos durante la agonía de Jesús (14,32-42): En el Huerto, Jesús entra en agonía y pide a Pedro, a Santiago y Juan que oren por Él. Está triste, comienza a tener miedo, y busca el apoyo de los amigos. Pero ellos duermen. No fueron capaces de vigilar una hora con Él. ¡Y esto hasta por tres veces! De nuevo, ¡el contraste entre la conducta de Jesús y los tres discípulos es inmenso! Es aquí, en el Huerto, en la hora de Jesús, donde se desintegra el ánimo de los discípulos. ¡No queda nada!

La conducta de los discípulos durante el arresto de Jesús (14,43-52): Con el caer de la noche, llegan los soldados, guiados por Judas. El beso, señal de amistad y de amor, se convierte en señal de traición. Judas no tiene el valor de asumir su traición. Lo enmascara. Durante el arresto, Jesús permanece tranquilo, señor de la situación. Trata de leer el significado del suceso: “Se cumplirá por tanto las Escrituras” (14,49). Pero los discípulos todos lo abandonaron y huyeron. (14,5) No queda nadie. ¡Jesús se queda sólo!

Leer Marcos 14,53-15,20 y el comentario a continuación: El proceso: diversas visiones del Mesías en conflicto.

Condena de Jesús por parte del Tribunal Supremo (14,53-65). Jesús es conducido ante el tribunal del Sumo Sacerdote, de los Ancianos y de los Escribas, llamado también Sanedrín. Acusado por falsos testigos, Él calla. Sin defensa, es entregado en las manos de sus enemigos. Cumple así, cuanto ha sido anunciado por Isaías respecto al Mesías Siervo, que fue arrestado, juzgado y condenado como una oveja sin abrir la boca (cf. Is 53,6-8). Jesús interrogado asume el hecho de ser el Mesías: “¡Lo soy!”, pero lo asume bajo el título del Hijo del Hombre (14,62). Finalmente es abofeteado por alguien que lo ridiculiza llamándolo Mesías Profeta. (14,65)

La negación de Pedro (14,66-72). Reconocido por la sirvienta como uno de los que estaban en el Huerto, Pedro niega a Jesús. Llegó a negarlo con juramento y maldición. Ni siquiera esta vez es capaz de asumir a Jesús como Mesías Siervo que da la vida por los demás. Pero cuando el gallo canta por segunda vez, él recuerda la palabra de Jesús y comienza a llorar. Es lo que sucede a los que tienen los pies con la gente, pero la cabeza perdida en la ideología de los herodianos y fariseos. Probablemente esta era la situación de muchos en las comunidades del tiempo en el que Marcos escribe su evangelio ¿Y hoy?

Condena de Jesús por parte del poder romano (15,1-20). El proceso continúa su camino. Jesús es entregado al poder romano y por ellos condenado, acusado de ser el Mesías Rey (15,2; cf. 15,25). Otros proponen la alternativa de Barrabás, “en la cárcel junto a los sediciosos” (15,7). Ellos ven en Jesús un Mesías Guerrero anti-romano. Después de haberlo condenado, le escupen, pero Él no abre la boca. Aquí de nuevo aparece el Mesías Siervo anunciado por Isaías (cf Is 50, 6-8)

Leer Marcos 15,21-39 y el comentario a continuación: Delante de la Cruz de Jesús en el Calvario

Simón carga con la cruz (15,21-22). Cuando Jesús fue conducido al lugar de la crucifixión, Simón de Cirene, un padre de familia, es obligado a cargar con la Cruz. Simón es el discípulo ideal que camina por la senda de Jesús. Él carga la cruz literalmente detrás de Jesús, hasta el Calvario.

La crucifixión (15,23-32). Jesús es crucificado como un marginado, en medio de dos ladrones. De nuevo, el evangelio de Marcos evoca la figura del Mesías Siervo, del que Isaías afirma: “Se le dio sepultura junto a los impíos” (Is 53,9). El crimen que se le imputa es “¡Rey de los Judíos!” (15,25). Las autoridades religiosas ridiculizan e insultan a Jesús, diciendo: “¡Baja de la cruz, para que veamos y creamos!” (15,32). Soy como Pedro. Aceptaría a Jesús como Mesías, si no colgase de la Cruz. Como dice el canto: “Querían un gran rey que fuese fuerte, dominador y por esto no han creído en él y mataron al Salvador”.

La muerte de Jesús (15,33-39): Abandonado por todos, Jesús da un gran grito y expira. El centurión, un pagano, que hacía la guardia, hace una solemne profesión de fe: “¡Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”! Un pagano descubre y acepta lo que los discípulos no fueron capaces de descubrir y aceptar, a saber, reconocer la presencia del Hijo de Dios en el ser humano torturado, despreciado y crucificado. Como la mujer anónima al principio de estos capítulos (14,3-9), así, ahora al final, aparece otro discípulo modelo. ¡Es el centurión, un pagano!

Leer Marcos 15, 40-47 y el comentario a continuación: La sepultura

La sepultura de Jesús (15,40-47). Un grupo de mujeres está esperando desde lejos: María Magdalena, María, madre de Santiago y Salomé. Ellas no huyen. Continúan fieles hasta el fin. Son testigos de la muerte de Jesús. Y sucede que es de este grupo de donde nacerá el nuevo anuncio el domingo de Pascua. Les acompaña José de Arimatea, que ha pedido permiso para poder enterrar a Jesús. Al final, dos de ellas, permanecerán vecinas al sepulcro cerrado. Son también testigos de la sepultura de Jesús.

Leer Marcos 16,1- 8 y el comentario a continuación: La Resurrección

El anuncio de la resurrección (16,1-8). El primer día de la semana, muy de madrugada, las mismas tres mujeres van a embalsamar el cuerpo de Jesús. Pero encuentran el sepulcro abierto. Son testigos de la resurrección. Un ángel dice que Jesús ha resucitado y les da a ellas esta orden: “Vayan, digan a sus discípulos y en especial a Pedro que los precederá a Galilea. Allá lo verán como se ha dicho” (Mc 16,7). En Galilea, sobre las orillas del lago, donde todo había comenzado, les recomendará de nuevo todo. ¡Es Jesús quien invita! Él no desiste, ni siquiera ante el abandono de los discípulos. ¡Llama de nuevo! ¡Llama siempre!

El desastre final como nueva llamada para ser discípulo(a): Esta es la historia de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, vista por parte de los discípulos. La frecuencia con que en ella se habla de la incomprensión y del fallo de los discípulos corresponde, muy probablemente, a un hecho histórico. Pero el interés principal del evangelista no consiste en narrar lo que ha sucedido en el pasado, sino que quiere provocar una conversión en los cristianos(as) de su tiempo y hacer surgir en todos ellos(as) y en todos nosotros(as) una nueva esperanza, capaz de superar el desánimo y la muerte. Tres cosas sobresalen y deben ser consideradas a fondo:

1.    La falla de los elegidos: Estos doce especialmente llamados y elegidos por Jesús (3,13-19) y por Él enviados a la misión (6,7-13), fallan. Falla completa. Judas traidor, Pedro lo niega, todos huyen, ninguno queda. ¡Dispersión total! Aparentemente, no hay mucha diferencia entre ellos y las autoridades que decretan la muerte de Jesús. Como sucede con Pedro, también ellos quieren eliminar la cruz y quieren un Mesías glorioso, rey, hijo de Dios bendito. ¡Pero hay una profunda y real diferencial! Los discípulos, a pesar de todos sus defectos y debilidades, no tienen malicia. No tienen mala voluntad. Son un retrato casi fiel de todos nosotros que caminamos por el sendero de Jesús, cayendo incesantemente, pero levantándonos siempre!

2.    La fidelidad de los no elegidos: Como contrapunto del la falla de algunos, aparece la fuerza de la fe de otros, de aquéllos que no formaban parte de los doce elegidos: 1.) Una mujer anónima de Betania. Ella aceptó a Jesús como Mesías Siervo y, por esto, lo ungió, anticipándose así a la sepultura. Jesús la elogia. Ella es un modelo para todos. 2.) Simón de Cirene, un padre de familia. Obligado por los soldados, hace lo que Jesús les había pedido a los discípulos que han huido. Lleva la cruz detrás de Jesús hasta el Calvario. 3.) El centurión, un pagano. En la hora de la muerte, él hace la profesión de fe y reconoce al Hijo de Dios en el hombre torturado y crucificado, maldito según la ley de los judíos. 4. María Magdalena, María, la madre de Santiago y Salomé “y muchas otras mujeres que habían subido con él a Jerusalén” (Mc 15,41). Ellas no abandonan a Jesús, sino que continúan con determinación a los pies de la cruz y cerca de la tumba de Jesús. 5.) José de Arimatea, miembro del Sanedrín, que arriesgó todo pidiendo el cuerpo de Jesús para sepultarlo. Los Doce fallaron. La continuidad del mensaje del Reino no ha pasado a través de ellos, sino a través de otros, sobre todo mujeres, que recibirán la orden clara de hacer volver a los hombres tambaleantes 16,7). Y hoy, ¿por dónde pasa la continuidad del mensaje?

3.    El comportamiento de Jesús: El modo con el que el evangelio de Marcos presenta el comportamiento de Jesús durante la narración de la pasión es para dar esperanza hasta al discípulo(a) más desanimado y miedoso. Porque por grande que haya sido la traición y el abandono de los Doce, ¡el amor de Jesús ha sido siempre más grande! En la hora del anuncio de la huida de los discípulos, ya advierte que le esperen en Galilea. Incluso sabiendo que se daría la traición (14.18), la negación (14,30) y la huida (14,27), cumple el gesto de la Eucaristía. Y en la mañana de Pascua, el ángel, a través de las mujeres, envía un mensaje a Pedro que lo negó y a todos los que huyeron: ¡Deben encontrarse en Galilea! Allí donde todo había comenzado, allí recomienza todo de nuevo. La falla de los doce no provoca una rotura de la alianza sellada y confirmada en la sangre de Jesús.

El modelo del discípulo(a): Seguir, Servir, Subir

Marcos pone de relieve la presencia de las mujeres que siguen y sirven a Jesús desde el tiempo en que se hallaba en Galilea y que habían subido con Él a Jerusalén (15,40-41). Marcos usa tres palabras para definir la relación de las mujeres con Jesús: ¡Seguir! ¡Servir! ¡Subir! Ellas “seguían y le servían” a Jesús y junto con otras mujeres “subieron con Él a Jerusalén” Son las tres palabras que definen al discípulo o discípula ideal. Son el modelo para los otros discípulos que habían huido.

1.    Seguir describe la llamada de Jesús y la decisión de seguirlo (1,18). Esta decisión supone dejar todo y correr el riesgo de ser matados (8,34; 10,28).

2.    Servir indica que ellas son verdaderas discípulas, porque el servicio es la característica del discipulado y de Jesús mismo (10,42-45)

3.    Subir indica que ellas son las testigos fieles de la muerte y de la resurrección de Jesús, porque, como los discípulos, lo acompañarán desde la Galilea hasta Jerusalén (He13,31). Testificarán la resurrección de Jesús, darán testimonio también de todo cuanto ellas mismas ven y experimentan. Es la experiencia de nuestro bautismo. “Por medio del bautismo hemos sido sepultados con Él en la muerte, porque como Cristo resucitó de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Rom 6,4). Por medio del bautismo, todos participamos de la muerte y resurrección de Jesús.

 3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.    ¿Qué nos han llamado más la atención en el comportamiento de los doce apóstoles y en la conducta de las mujeres durante la pasión y muerte de Jesús? ¿Qué hubiéramos hecho nosotros(as) si hubiéramos estado presentes? ¿Hubiéramos actuado como los hombres o como las mujeres?

b.    ¿Qué es lo que ha llamado más la atención en el comportamiento de Jesús con respecto a los discípulos en la narración de su pasión y muerte? ¿Por qué?

c.    ¿Quiénes sufren hoy la pasión? ¿Quiénes son los crucificados de hoy?

d.    Cristo, en su solidaridad con la humanidad, se "despoja de su rango divino y toma la condición de esclavo...” (Fil 2, 6-11) ¿Qué nos dice este gesto de Jesús? ¿Hasta dónde llega nuestra solidaridad con los pobres? ¿De qué debemos despojarnos para ser solidarios con la humanidad doliente?

e.    Jesús nos sigue invitando a estar preparando la pascua, su Pascua, que es también nuestra pascua. Aunque esta celebración es permanente, ¿cómo vamos a celebrar esta Pascua, esta semana santa?, ¿qué va a significar para cada persona concretamente?

  1. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «…no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.”»

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿Qué podemos hacer para aliviar la carga de los que sufren hoy su pasión o crucifixión? Llevamos una “palabra”. Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente durante la semana mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Dios, Padre Bueno, a la luz de tu Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, danos el don de saber encontrar hoy el sentido más profundo de nuestra misión cristiana, para que podamos comprometamos con todo lo que implica el seguimiento de Jesús en la sociedad en la que nos ha tocado vivir y avanzar así, en la construcción de tu Reino. AMÈN.  Padre Nuestro, que estás en el cielo…

22 mar 2012

5º Domingo de Cuaresma (B)

    Juan 12,20-33

1. Oración Inicial: Padre bueno, te pedimos que envíes tu Espíritu en abundancia, para que sepamos escuchar tu voz que proclama la gloria de tu Hijo que se ofrece para nuestra salvación. Haz que de esta escucha atenta y comprometida, sepamos hacer germinar en nosotros(as) la esperanza de otro mundo posible. AMÉN.     Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a) Introducción: El texto de hoy nos ofrece hoy una escena muy significativa. La suerte de Jesús está echada en cuanto los judíos ya han decidido que debe morir. Pero Jesús del evangelio de Juan no muere de cualquier manera; no le quitan la vida, sino que Él va a entregarla libremente. «Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado». Jesús decide definitivamente llegar hasta las últimas consecuencias en su compromiso por el Reino de Dios. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

c) Leer el texto: Juan 12,20-33: Leemos este texto de Juan con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad.  Leerlo una segunda vez.

d) Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

e) ¿Qué dice el texto?

1)    ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?

2)    ¿Qué responde Jesús a Felipe y Andrés?

3)    ¿Qué dice sobre el grano de trigo? ¿Qué trata de explicar?

4)    ¿Qué dice Jesús sobre «la hora de ser glorificado»?  ¿A qué se refiere?

5)    ¿Jesús pide librarse de esta «hora»? Si no, ¿qué dice al respecto?

6)    ¿En qué consiste «el juicio de este mundo»?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. Si el grano de trigo somos nosotros(as), ¿a qué debemos morir? ¿De qué tenemos que morir para poder dar vida a otros?
  2. ¿Cómo podemos dar fruto del Reino de Dios hoy?
  3. «El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna».  ¿Qué sentido tiene esta enseñanza hoy para nosotros(as)?
  4. ¿Hemos entendido que vivir el evangelio es de dar la vida por amor? ¿Cómo hacerlo hoy en nuestro país?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿De qué tenemos que morir para dar vida? Llevamos una “palabra”. Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente durante la semana mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

 6. Oración final: Dios todo bondadoso, en Jesús, nuestro hermano mayor y Señor, vemos realizado el ejemplo del grano de trigo que se entregó a sí mismo y supo dar la vida por amor. Ayúdanos a entregar también nuestras vidas. Danos un hambre insaciable de amor, de justicia, de libertad para todos los seres humanos, especialmente aquellos a quienes la sociedad actual se lo niega. Padre Nuestro, que estás en el cielo…    AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más


1.
La petición de los griegos que quieren ver a Jesús motiva la respuesta que puede servir de título al texto: Ha llegado la «hora». Todo converge hacia la «hora».  Se alude a la pasión como la hora de la glorificación. El texto es una expresión clara de la teología de Juan sobre la glorificación. Es el momento de la decisión, de la crisis del mundo. El mundo quiere vivir de sí mismo y para sí mismo. Busca en sí el sentido de la existencia. Así se autoexcluye de la salvación, porque es Jesús quien con su muerte da la vida. Para los discípulos la pasión, como glorificación, comporta que quien quiere conservar la vida la pierda. En este contexto hace Juan una referencia teológica a Getsemaní.

Al discípulo(a) no se le dispensa del sufrimiento ni de la decisión personal. El apóstol acepta una ley fundamental: la unidad con Cristo crea un problema vital. El discípulo(a) no puede ahorrar-guardarse la vida. El no es norma para sí. Conserva la vida si la entrega. Jesús lo afirma a través de tres sentencias: el grano que muere para dar fruto, el siervo que debe seguir a su señor, la turbación de Jesús que anuncia la inminencia de su exaltación. Este texto es un momento clave en el proceso de autorevelación de Jesús al mundo. La hora de la glorificación está cerca pero ha de pasar por la cruz. Esto provoca una crisis en muchos de los discípulos que rehúsan seguirle por este camino. Y el evangelio, de los judíos pasa a los gentiles representados aquí por los griegos. La «hora» de Jesús es también la hora del mundo. En ella se manifiesta que Dios es Amor, pero también queda al descubierto el pecado del mundo. Es la hora de la exaltación de Jesús, de su muerte y de su gloria. Es la hora del juicio contra Satanás y su ralea, pero también la hora del perdón para cuantos creen en él. Es la hora en la que Dios convoca a todos los elegidos en torno al que es "exaltado". Pues todo lo que podemos esperar y temer es fruto y consecuencia de la victoria y del juicio que acontece en la cruz de Cristo.

2. «Dar fruto»: Juan utiliza siempre la expresión «dar fruto» en este sentido misionero. La eficacia de la muerte de Jesús para la extensión del reino de Dios entre los seres humanos y los pueblos no es una eficacia automática: por lo tanto no ahorra a nadie la opción libre por el evangelio. Por eso Jesús, que ha cumplido en su vida y en su muerte la ley de la siembra, de la generosidad y la entrega, nos advierte que todos debemos hacer lo mismo que él si queremos entrar con él en la vida eterna. Pues el que sólo se cuida de sí mismo y no tiene más preocupaciones que la de salvar su vida, la pierde; en cambio, gana la vida eterna el que vive y muere por los demás.

3. «Atraeré a todos hacia mi»: Puesto fuera de la violencia de la que se sentía amenazado, esta suspensión de la cruz se convierte en una verdadera entronización, o sea, una colocación buena en vista de aquél que es para todos salvación y bendición. De la violencia que lo quería marginar y quitar del medio, se pasa a la fuerza ejercida por aquella imagen del entronizado. Se trata de "un atraer" que se engendra no por curiosidad, sino por amor; será suscitador de discipulado, de adhesión en todos aquéllos que sabrán andar más allá del hecho físico, y verán en Él la gratuidad hecha totalidad. No será la muerte ignominiosa la que alejará, sino que se convertirá en fuente de atracción misteriosa, gramática que abre nuevos sentidos por la vida. Una vida entregada que genera vida; una vida sacrificada que genera esperanza y nueva solidaridad, nueva comunión, nueva libertad.

4. Muerte que da vida: Pocas frases encontramos en el evangelio tan desafiantes como estas palabras que recogen una convicción muy de Jesús: «Les aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». La idea de Jesús es clara. Con la vida sucede lo mismo que con el grano de trigo, que tiene que morir para liberar toda su energía y producir un día fruto. Si «no muere», se queda solo encima del terreno. Por el contrario, si «muere» vuelve a levantarse trayendo consigo nuevos granos y nueva vida. Con este lenguaje tan gráfico y lleno de fuerza, Jesús deja entrever que su muerte, lejos de ser un fracaso, será precisamente lo que dará fecundidad a su vida. Pero, al mismo tiempo, invita a sus seguidores a vivir según esta misma ley paradójica: para dar vida es necesario «morir». No se puede engendrar vida sin dar la propia. No es posible ayudar a vivir si uno no está dispuesto a «desvivirse» por los demás. Nadie contribuye a un mundo más justo y humano viviendo apegado a su propio bienestar. Nadie trabaja seriamente por el reino de Dios y su justicia, si no está dispuesto a asumir los riesgos y rechazos, la conflictividad y persecución que sufrió Jesús. Nos pasamos la vida tratando de evitar sufrimientos y problemas. La cultura del bienestar nos empuja a organizarnos de la manera más cómoda y placentera posible. Es el ideal supremo. Sin embargo, hay sufrimientos y renuncias que son necesarios asumir si queremos que nuestra vida sea fecunda y creativa. El hedonismo no es una fuerza movilizadora; la obsesión por el propio bienestar empequeñece a las personas. Nos estamos acostumbrando a vivirlo todo cerrando los ojos al sufrimiento de los demás. Parece lo más inteligente y sensato para ser felices. Es un error. Seguramente, lograremos evitarnos algunos problemas y sinsabores, pero nuestro bienestar será cada vez más vacío, aburrido y estéril, nuestra religión cada vez más triste y egoísta. Mientras tanto, los oprimidos y afligidos quieren saber si le importa a alguien su dolor.