10 jul 2014

Corpus Christi



           
Juan 6, 51‑59

1. Oración Inicial: Señor Jesús, abre nuestros ojos y oídos a tu Palabra. Que leamos y escuchemos tu voz y meditemos tus enseñanzas. Envía tu Espíritu Santo y despierta nuestra inteligencia, para que tu Palabra penetre en nuestros corazones y podamos saborearla y comprenderla. Danos una gran fe en ti, para que tus palabras sean para nosotros la luz que nos guíe. Habla, Señor. Nosotros te escuchamos y deseamos poner, en práctica tu Palabra porque tus palabras son vida, gozo, justicia y paz. Amén.

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: Juan desarrolla el tema de la «incomprensión» para adentrarnos de forma didáctica en el conflicto entre los practicantes de la religión judía y los cristianos. La eucaristía desató sospechas entre israelitas, romanos y griegos. No podían entender como una comunidad de creyentes podía celebrar con gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, Jesús era el pan vivo, bajado del cielo, para alimentar a una muchedumbre que añoraba una vida de paz y plenitud.
b. Leer el texto. Juan 6, 51‑59.  Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva para escuchar a Dios. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para dejar que la Palabra de Dios impregne el corazón y la mente. Terminar cantando: "Tu Palabra me Da Vida”.
d. ¿Qué dice el texto?
1) Cada persona lee el versículo o palabra que le tocó más el corazón.
2) ¿Quiénes se encuentran con Jesús? ¿De qué está hablando Jesús?
3) ¿Cómo es la reacción de sus oyentes judíos? ¿Qué le cuestionan?
4) ¿Qué dice Jesús? ¿Cómo se presenta?
5) Según el texto, ¿qué es necesario para tener la vida eterna?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativos para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a.  ¿Encontramos en la misa el alimento de nuestra vida y de nuestra fe? Explicar.
b.  El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mi y yo en él (Jn 6,56). ¿De qué manera en nuestra vida diaria Cristo permanece con nosotros y nosotros con Él?
c.   ¿Cómo nos ayude nuestra participación en la misa a comprometer nuestra vida al servicio de la gente y del Reino de Dios?
d.  ¿Qué es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?

4. Oración: Que le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra?    Hacemos nuestra oración comunitaria, oraciones dirigidas directamente al Señor. Hablar con él, contarle, decirle lo que uno quiere o siente. (peticiones, alabar, dar gracias a Dios, pedir perdón ... )

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Jesús es el alimento de nuestra vida. Ofrece al Señor un compromiso concreto para que nuestra vida sea una prolongación de la misa. Llevamos una *palabra". Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente esta palabra o versículo se hará presente durante el día (semana) mientras participamos en nuestros quehaceres diarios. Trata de buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversar con el Señor.

6. Oración final: Jesús, pan verdadero, alimento para la vida, muéstranos el camino que nos lleve a vivir siguiendo tu ejemplo. Tú eres el pan de cada día, el sostén de nuestra vida. Acércanos, Señor, necesitamos tu fuerza para seguir adelante. Pan de vida para toda la humanidad, enséñanos a ser pan para la gente que nos rodean. Enséñanos a compartir y ser solidarios, como Tú, que entregas tu vida para que vivamos mejor. Amén.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. El evangelio de Juan lleva a su punto culminante del discurso del pan de vida, porque aparecen con un realismo indiscutible los elementos sacramentales de la eucaristía. Es, probablemente el texto más explícito sobre este sacramento que se practicaba en la comunidad, por el que probablemente eran criticados los cristianos. Juan no nos describe la institución de la eucaristía en la última cena; por ello, los especialistas han visto aquí el momento elegido por el evangelista para poner de manifiesto sus ideas teológicas sobre este sacramento que hace a la comunidad. En este momento se usa el verbo comer que tiene un verdadero sentido sacramental, ya que comer “la carne" y beber "la sangre" no pueden hacerlo los humanos (Lv 17,10) más que en sentido simbólico‑sacramental.

2. Nos encontramos ante la radicalización del discurso de Cafarnaún: la carne, en este caso es lo mismo que el cuerpo, y el cuerpo representa a la persona y la historia misma de Jesús que se ha sacrificado y entregado por “el mundo”. El autor nos pone frente al sacrificio redentor de la cruz, sin mencionarlo directamente, más que por medio de “dar” o “entregar". El sentido del “comer" al Hijo del hombre es una expresión que apunta a poseer su vida, su palabra, sus opciones, sus sentimientos filiales. Este es el desarrollo lógico y teológico de todo lo anterior. aunque bien ha podido ser añadido en un segundo momento de la reflexión de este evangelio, que no se ha compuesto de una sola vez.

3. Es una comunión con su vida, esa vida que entrega por la humanidad y que en la eucaristía vuelve a entregar como el resucitado. Si el Hijo vive por el Padre que le entrega su vida, nosotros vivimos por Jesús que nos entrega la que ha recibido. Es todo, pues, un misterio de donación el que acontece en la realización de la eucaristía. De ahí que sea el sacramento que nos va resucitando día a día, para que la muerte no sea nuestro destino, sino que nuestra meta es tener la vida que Jesús posee ahora como Señor de la muerte. Ahí reside la sabiduría del misterio de la eucaristía en la comunidad: ser una donación sin medida. En Juan este discurso está en sinfonía con el mismo misterio de la Encarnación. Es posible que muchas expresiones muestran un “realismo” exagerado para explicar lo que siendo real, se lleva a cabo de forma sacramental. Porque es real la donación de la vida.

4. El evangelista insiste en presentar la carne y la sangre como verdadera comida y bebida. De este modo salió al paso de otra concepción errónea  dentro del cristianismo primitivo: la corriente o tendencia gnóstico. Frente a una concepción que consideraría la eucaristía, a lo sumo, como mero símbolo, el texto subraya que se trata de una verdadera comida, de una comida real, en la que se participa de la carne y de la sangre de Cristo. Los efectos de la eucaristía se expresan mediante la fórmula de la permanencia mutua: el que come... permanece en mi y yo en él. Esta permanencia designa la vida cristiana como tal: el discipulado cristiano se define por la permanencia en la unión con Cristo (Jn 15,4‑7).

5. Juan desarrolla el lema de la “incomprensión” para adentrarnos de forma didáctica en el conflicto entre los practicantes de la religión judía y los cristianos. La eucaristía desató sospechas entre israelitas, romanos y griegos. No podían entender como una comunidad de creyentes podían celebrar con gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, lo que en realidad no entendían era el misterio pascual. Jesús había resucitado, superando el cerco de una muerte violenta e injusta, y ahora vivía en medio de sus seguidores. Él se había convertido en principio de vida para aquellos que yacían inermes bajo la opresión de una religión agobiada por un sinnúmero de preceptos o por una religión que adoraba al déspota de turno.

Jesús era el pan vivo, bajado del cielo, para alimentar a una muchedumbre que añoraba una vida de paz y plenitud. Para ellos la verdad no residía en un sistema abstracto de proposiciones o en la adecuación lógica de la ideología a la realidad. Para ellos la verdad era una praxis de vida que transformaba al ser humano y lo habilitaba para vivir en comunión con sus congéneres y con el universo.

Santísima Trinidad



Juan 3,14-21

1. Oración Inicial: Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad toda entera, abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Haz que aprendamos como Ella a escuchar con corazón bueno y perfecto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto con nuestra perseverancia. AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: Al escuchar este evangelio podemos acabar de una vez por todas con esas imágenes del Dios juez exigente y minucioso que rastrea nuestro comportamiento buscando motivos que justifiquen nuestra condena. Jesús nos dice que Dios no es de esa manera. Dios no quiere nuestra condenación, quiere nuestra salvación. Dios no quiere la muerte del mundo, quiere su vida. Dios no quiere perder ninguna de sus criaturas, y entre ellas nos encontramos tú y yo. Dios no quiere perdernos. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Juan 3,14-21: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿En qué se demuestra el amor que Dios nos tiene?
3)     ¿Para qué Dios envió a su Hijo al mundo?
4)     ¿En qué consiste el juicio de Dios?
5)     ¿Quién es esa luz que vino al mundo?
6)     ¿Por qué algunos odian y no se acercan a la luz?
7)     Por el contrario, ¿Por qué otros(as) se acercan a la luz?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     ¿Qué representa la luz en nuestras vidas cotidianas? ¿Cómo sentimos cuando no hay luz?
b)    ¿Qué significa hoy buscar la luz de Jesús? ¿Qué nos muestra esa luz?
c)     “Prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas…” : En la respuesta que damos a la vida estamos movidos también, tal vez inconscientemente, por nuestro deseo de luz o nuestro de oscuridad, para que su maldad no sea descubierta.   Comentar.
d)    Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él; no lo envió para condenar, sino para que el mundo se salve por él. Pero de hecho muchas veces el cristiano se siente más juzgado que salvado, y siente la moral como un deber exterior e impuesto, como una carga más que como una ayuda. ¿A qué se debe? Si el Evangelio es Buena Noticia y Dios es pura voluntad de salvación, ¿qué es lo que puede estar fallando?
e)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Señor, ayúdanos a ser generosos para entregar nuestros dones al servicio de la gente».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué actitudes poner practicar para vivir “en la verdad y en la luz”?  Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Danos tu luz, Señor, para caminar en tus pasos, para que nuestras vidas puedan ser espejo - reflejo de tu presencia,  Dios de la vida, Luz que siempre brilla, ¡Aurora de nuestras mañanas!  Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  



Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Comentario: Juan 3,9-21 se centra en la descripción del acontecimiento salvífico. La iniciativa procede de Dios (3,16), se realiza por medio del Hijo, que ha venido de su parte y que vuelve a él a través de la cruz-exaltación (3,14). El ser humano se apropia de ella o la rechaza mediante la fe - incredulidad en el Enviado. No existe mejor síntesis de la vida cristiana. Así es el mensaje joánico. Estamos ante el mejor resumen de la teología de Juan. El mejor comentario del mismo nos lo ofrece otro texto del cuarto evangelio, que habla de Jesús como el Enviado, de quien lo ha enviado y de la fe en ambos, del juicio que se realiza en la aceptación o rechazo de la luz (12,44-50).

La “elevación” de Jesús (3,14) es la que constituye el reino, reinado o señorío de la vida. En la elevación a la cruz va incluida la exaltación a la gloria. En dicha elevación, el evangelista Juan acentúa las ideas siguientes: la victoria sobre el príncipe de este mundo (12,31; 14,27-30); la participación del ser humano en ella mediante la fe (12,32); la muerte en cuanto paso necesario y un aspecto parcial de la elevación; la cruz no es el lugar de la máxima humillación, sino un aspecto de la elevación. En este evangelio el fundamento de la teología o de la reflexión teológica no es la cruz, sino el estar sentado a la derecha del Padre; Jesús aparece como el vencedor de la muerte (5,26; 14,30) y el dador de la vida para todos los que creen en él.

El juicio, de salud o desgracia, se realiza en la actitud de aceptación o rechazo frente a Jesús (3,18-21). En el evangelio de Juan no existe un juicio futuro, que tendría lugar al final de los tiempos, al estilo sinóptico (Mt 25,31ss). El juicio se realiza aquí y ahora por la actitud del ser humano ante el Revelador (3,18). Dios envió a su Hijo al mundo para que el ser humano pueda salvarse. Dios hizo la oferta de la vida. Oferta que sigue abierta. Debe ser aceptada en la fe. Lo contrario equivale a la auto-exclusión de la vida. Ese es el juicio.

3. Sigamos profundizando: Los vs. 16‑21 aportan, pues, una reflexión del evangelista y no palabras de Jesús propiamente hablando. Esto puede causar sorpresa, pero es una de las ideas más felices de la teología cristiana. Dios ha entregado a su Hijo al mundo. En esto ha mostrado lo que le ama. Además, Dios lo ha enviado, no para juzgar o condenar, sino salvar lo que estaba perdido. Si existe alguna doctrina más consoladora que esta en el mundo podemos arrepentirnos de ser cristianos. Pero creo que no existe. El v.18 es una fuente de reflexión. La condena de los seres humanos, el juicio, no lo hace Dios. Lo ha dejado en nuestras manos. La cuestión está en creer o no creer en Jesús. El juicio cristiano no es un episodio último al que nos presentamos delante de un tribunal para que le diga si somos buenos o malos. ¡No! Sería una equivocación ver las cosas así, como muchos las ven apoyado en Mt 25. Los cristianos(as) experimentamos el juicio en la medida en que respondemos a lo que Señor ha hecho por nosotros. El juicio no se deja para el final, sino que se va haciendo en la medida en que vivimos la vida nueva, la nueva creación a la que hemos sido convocados. Estas imágenes de la luz y las tinieblas son muy judías pero a Juan le valen para expresar la categoría del juicio.

El evangelio de Juan es muy sintomático al respecto, ya que usa muchas figuras y símbolos (el agua, el Espíritu, la carne, la luz, el nacer de nuevo, las tinieblas)  para poner de manifiesto la acción salvadora de Jesús. El diálogo es de gran altura, pero en él prevalece la afirmación de que el amor de Dios está por encima de todo. Aquí se nos ofrece una razón profunda de por qué Dios se ha encarnado: porque ama este mundo, nos ama a nosotros que somos los que hacemos el mundo malo o bueno. Dios no pretende condenarnos, sino salvarnos. Esta es una de las afirmaciones más importantes de la teología del NT, como lo había sido de la teología profética del AT. Dios no lleva al destierro, Dios no condena, Dios, por medio de su Hijo que los hombres hemos “elevado” (para usar la terminología teológica joánica del texto) a la cruz, nos salva y seguirá salvando siempre. Incluso el juicio de la historia, como el juicio que todo el mundo espera, lo establece esta teología joánica  en aceptar este mensaje de gracia y de amor. El juicio no está en que al final se nos declare buenos o perversos, sino en aceptar la vida y la luz donde está: en Jesús.

Pentecostés



GUION Juan 20,19-23

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu santo. Que tu palabra nos oriente a fin de que  podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar al pueblo que Tú estás vivo en medio de nosotros(as) como fuente de fraternidad, de justicia y de paz.  AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El Señor resucitado cumple la promesa de volver con sus discípulos (Jn 14,18; 16,16) y de enviarles el Espíritu (14,26). La situación de los discípulos, encerrados por miedo a los judíos, refleja la actitud de la comunidad de Juan, que temerosa ante un mundo hostil, vive la tentación de refugiarse en la pieza, en su propio círculo. Jesús, sin embargo los envía al mundo para que sean testigos suyos y del Padre. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Juan 20,19-23: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿En qué situación humana se encontraban los discípulos? ¿Qué les dice Jesús?
3)     ¿Cómo reaccionaron los discípulos al ver y escuchar al Jesús Resucitado?
4)    A continuación, ¿Qué les dice Jesús y qué gesto realiza? ¿Cuáles son las palabras que  acompañan ese gesto?
5)   ¿Cuáles son las características de la misión que los discípulos reciben de parte de Jesús?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     ¡Jesús insiste en la paz y lo repite muchas veces! Hoy lo que más falta a la humanidad es la paz: rehacer los pedazos de la vida desintegrados, reconstruir las relaciones humanas, rotas a causa de las injusticias que se cometen y por tantos otros motivos: ¿Qué pasos podemos dar para ayudar a reconstruir la paz y las relaciones quebrantadas entre las personas?
b)    A veces nos resulta más seguro y cómodo quedarnos instalados dónde estamos, sin embargo Jesús nos dice, “...los envío a ustedes” y nos da la fuerza de su Espíritu Santo: ¿Qué debemos hacer entonces para ser una comunidad misionera?
c)     Una comunidad sin perdón y sin reconciliación, no es una comunidad cristiana. ¿Qué nos falta al respecto? ¿Cómo ser signos de reconciliación en nuestra familia, nuestro barrio, nuestra sociedad?
d)    ¿Qué significado tiene saber que contamos con la fuerza del Espíritu Santo para la misión?
e)     ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué pasos me comprometo a dar esta semana para ayudar a reconstruir la paz y las relaciones rotas entre las personas? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu Santo ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros(as) como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Apariciones a los discípulos(as). El presente relato está pensado desde el cum­plimiento de las promesas de Jesús. He aquí la dialéctica entre promesa y cumplimiento. Jesús había dicho: volveré a estar con ustedes (14,18); el evangelista constata: se presentó en medio de ellos (20,19). Jesús había pro­metido: dentro de poco volverán a verme (16,16ss); el evangelista afirma: los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor (20.20). Jesús anunció: los enviaré el Espíritu (14,26; 15,26; 16,7ss), y tendrán paz (16,33); el evangelista recoge las palabras de Jesús: la paz con ustedes... y reciban el Espíritu Santo (20,21ss). Jesús afirmó: voy al Padre (14,12) y el evangelista se encarga de recoger otras palabras de Jesús que significan dar cumplimiento de lo que había prometido: voy a mi Padre, que es también su Padre (20,17).

3. Shalom: la construcción de la paz: En el evangelio de Juan, el primer encuentro entre Jesús resucitado y sus discípulos está marcado por el saludo: «La paz esté con ustedes». La paz que Jesús nos da es diversa de la Pax Romana, construida por el Imperio Romano (14,27). Paz en la Biblia (shalom) es una palabra rica de un profundo significado. Significa integridad de las personas delante de Dios y de los(as) demás. Significa también vida plena, feliz, abundante (10,10). La paz es señal de presencia de Dios, porque nuestro Dios es un Dios de paz. «Que la Paz de Dios está con ustedes». (Rm 15,33). Por esto, la propuesta de paz de Dios produce reacciones violentas. Como dice el salmo: «Desde mucho tiempo vivo con los que odian la paz. Estoy a favor de la paz, pero cuando yo digo “¡Paz!” ellos gritan “¡Guerra!”» (Sl 121,6-7) La paz que Jesús nos da es señal de «espada» (Mt 10,34). Supone persecuciones para las comunidades. Y el mismo Jesús nos anuncia tribulaciones. (Jn 16,33) Es necesario tener confianza, luchar, obrar, perseverar en el Espíritu de modo que un día triunfe la paz de Dios (Sl 85,11) Y entonces, el Reino de Dios será justicia, paz y alegría y estos serán los frutos del Espíritu Santo (Rom 14,17) y «Dios será todo en todos» (1Cor 15,28).

4. El envío: «Como mi Padre me envió, así yo los envío» (20,21): De este Jesús crucificado y resucitado nosotros(as) recibimos la misión, la misma que Él recibió del Padre. Y también para nosotros(as) Él repite: «La paz esté con ustedes». La repetición recalca la importancia de la paz. Construir la paz forma parte de la misión. La Paz que Jesús nos deja significa mucho más que ausencia de guerra. Significa construir un conjunto humano armonioso, en el que las personas puedan ser ellas mismas, con todo lo necesario para vivir, y donde puedan vivir felices y en justicia y paz. En una palabra, quiere decir construir una comunidad según la comunidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Jesús comunica el don del Espíritu (20,22): Jesús sopló y dijo: «Reciban el Espíritu Santo». Y es por tanto con la ayuda del Espíritu Santo con la que podemos realizar la misión que él nos confía. En el evangelio de Juan, la resurrección (Pascua) y la efusión del Espíritu Santo (Pentecostés) son una misma cosa. Todo sucede en mismo momento.

5.  La acción del Espíritu Santo en el evangelio de Juan: La lengua hebraica usa la misma palabra para decir viento y espíritu. El viento tiene en sí una meta, una dirección: viento del Norte, viento del Sur. Así también el Espíritu de Dios (el viento de Dios) tiene en sí una meta, un proyecto que se manifiesta de muchos modos en las obras que el Espíritu de Dios cumple en la creación, en la historia y sobre todo en Jesús. La gran Promesa del Espíritu está presente en los profetas: la vista de los huesos secos que se revisten de vida, gracias a la fuerza del Espíritu de Dios (Ez 37,1-14); la efusión del Espíritu de Dios sobre todas las gentes (Jl 3,1-5); la visión del Mesías Siervo que será ungido por el Espíritu para restablecer el derecho sobre la tierra y para anunciar la buena noticia a los pobres (Is 11,1-9; 42,1; 44,1-3; 61,1-3). Los profetas entrevén un futuro en el cual el pueblo de Dios renace gracias a la efusión del Espíritu (Ez 36,26-27; Sl 51,12; cf. Is 32,15-20). En el evangelio de Juan estas profecías se cumplen en Jesús. Como sucede en la creación (Gen 1,1), así el Espíritu aparece y desciende sobre Jesús «bajo forma de una paloma venida del cielo»  (1,32). ¡Es el comienzo de la nueva creación! Jesús pronuncia las palabras de Dios y nos comunica el Espíritu, con abundancia (3,34). Sus palabras son Espíritu y vida (6,63). Cuando Jesús se despide, dice que enviará otro consolador, otro defensor que estará con nosotros(as). Es el Espíritu Santo (14,16-17). Por su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquista para nosotros(as) el don del Espíritu. Cuando aparece a los Apóstoles sopló sobre ellos y dijo: «Reciban el Espíritu Santo» (20,22) El primer efecto de la acción del Espíritu Santo en nosotros es la reconciliación: «A quienes le perdonan los pecados les quedan perdonados y a quienes se los retengan les quedan retenidos» (20,23). Mediante el bautismo todos(as) recibimos este mismo Espíritu de Jesús (1,33). El Espíritu es como el agua que brota de lo íntimo de las personas que creen en Jesús (7,37-39; 4,14). El Espíritu se nos da para poder recordar y entender el pleno significado de las palabras de Jesús (14,26; 16,12-13). Animados por el Espíritu de Jesús podemos adorar a Dios en cualquier lugar (4,23-24). Aquí se vive la libertad del Espíritu. «Donde está el Espíritu del Señor, hay libertad», confirma San Pablo (2 Cor 3,17).