20 dic 2013

Domingo 2° de Adviento



Lucas 1,26-38
 
1. Oración Inicial: Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad, abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Tú, que descendiendo sobre María de Nazarét, la convertiste en tierra buena donde el Verbo de Dios pudo germinar, purifica nuestros corazones de todo lo que pone resistencia a la Palabra. Haz que aprendamos como Ella a escuchar con corazón bueno y perfecto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto en nuestras vidas. AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».
2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El evangelio de Lucas es el único que nos habla de María como la auténtica mujer profética que va perfilando, con sus gestos y palabras, lo que posteriormente llevará a cabo su hijo, el Hijo del Altísimo con que se le presenta en la anunciación. En el texto de hoy esto ocurre así, porque María es la figura que lleva a plenitud el misterio y la actitud del tiempo de la espera del Mesías. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Lucas 1,26-38: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿Cuales son las primeras palabras del ángel a María?
3)     ¿Por qué ella se desconcierta ante este saludo?
4)     ¿Qué anuncia el mensajero de Dios y qué responde María?
5)     Finalmente: ¿Qué actitud manifiesta María?
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
  • Revisar nuestras actitudes ante Dios a partir de las que nos muestra María: ¿Qué podemos  imitar de ella en nuestras vidas?
  •  ¿Cómo vamos a acoger el misterio del «Dios tan humano» que Jesús nos muestra?
  •  ¿Cómo vivir y expresar la ternura de Dios con las personas que me rodean?
  •  Navidad: ¿Vuelve a nacer Jesús o se trata de un símbolo? ¿Qué es lo que realmente celebramos?
  •   ¿Creemos que «no hay nada imposible para Dios»?  Comentar.
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Hágase tu voluntad, Señor».
5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué puedes ofrecer esta semana para trabajar por el Señor en lo que más le agrada, el servicio a los demás? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.
6. Oración final: Madre, danos tu coraje para decir sí al Señor.  Ayúdanos a olvidarnos de nosotros mismos para ponernos en las manos de Dios.  Enséñanos a entregar nuestra vida para ayudar a dar a luz a Jesús en el mundo en que vivimos.  AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más
1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
  1. Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
  2. ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
  3. ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
2. Comentario: En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula evangelizada: escucha la palabra de Dios y es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel. Se sorprende pero sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías, el signo que pide María no parte de la incredulidad sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.
El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella.
El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que, siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de la gente. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia haciéndose hombre pobre y creyente.
3. Anuncio del nacimiento de Jesús (1,26-38): En este anuncio,  abandonamos el marco solemne del templo y nos trasladamos a un pequeño lugar de Galilea. La salvación de Dios llega desde un lugar humilde, fuera de las grandes instituciones religiosas de Israel. Jesús es descrito, sin embargo, con los rasgos del Mesías del Antiguo Testamento (Is 7,14; 9,6; 2 Sm 7,14-16) y como Hijo de Dios o su equivalente, Hijo del Altísimo, un título con el que Lucas quiere describir la relación misteriosa que le une al Padre. Relación que, según Lucas, existe desde su nacimiento por obra del Espíritu. Lucas estructura su evangelio de la infancia en torno a la figura de María, mientras que Mateo lo centra en José.
María es presentada por Lucas como prometida de José. Pero esta promesa, o esponsales, era considerada por la ley de Israel como un contrato solemne. Sin embargo la pareja no vivía bajo el mismo techo hasta que se realizaba la boda, según la costumbre, un año después de los esponsales, lo cual explica la pregunta de María en Lc 1,34. A pesar de la importancia de María en el evangelio de la infancia de Lucas, es José el que entronca a Jesús con la familia de David (1,27), cumpliéndose así el propósito general de la esperanza mesiánica: un descendiente de David sería el Mesías de Israel. Y aunque María no pide ningún signo, como hizo Zacarías (Lc 1,18), se le da una garantía de la autenticidad del mensaje: su parienta Isabel, que era estéril, va a dar a luz un hijo. Las palabras del ángel concluyen con el mismo mensaje que recibieron Abrahán y Sara cuando dudaron de la noticia del nacimiento de su hijo (Lc 1,37; ver Gn 18,14).
4.  Reflexión: ¡He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra!  He aquí... ¿Qué palabra puede ser más esencial y llena de vida? No hay palabras que obliguen más al ser humano que este “he aquí”: estar vigilante para no dejar ir nada que nos separe del Sí. Hágase en mí... la elección de Dios es digna de acogida, pero requiere el silencio profundo de todo el ser: Hágase en mí.... María sabe que no es la protagonista, sino sierva de la voluntad divina; pertenece a aquella escuadra de siervos que Jesús llamará amigos: un siervo no sabe lo que hace su señor, pero quien es amigo, sí. La sombra del Espíritu que descenderá sobre una criatura tan bella, por su disponibilidad, oirá los secretos antiguos del Eterno. El tiempo seguirá andando para trazar siempre nuevos recorridos de gracia. Se llenará hasta derramarse cuando el Hijo de Dios vea la luz de un espacio infinitamente pequeño para su poder, el espacio del límite y de la contingencia. María, la primera cuna de la Palabra inefable, primer abrazo de la luz que llega, no posee otro tesoro que su humildad: cavidad que recoge la plenitud, pequeñez que reclama lo infinito, límite amado que requiere un abrazo de infinito.

29 nov 2013

Domingo 1° de Adviento




Mateo 24,37-44

1. Oración Inicial: Una persona de la comunidad puede hacer una invocación al Espíritu Santo orando por cada uno(a), pidiendo su luz y su inspiración para tener apertura y docilidad a su Palabra. AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El texto de hoy está tomado del "discurso escatológico" de Mateo. Se trata de una colección de dichos y sentencias de Jesús referentes a su segunda venida. Jesús nos exhorta a estar vigilantes. Nos pide estar atentos a los sucesos para descubrir en ellos la hora de la venida del Hijo del Hombre. Es importante purificar la mirada y aprender a leer los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios. Y esto, para no ser sorprendidos, porque Dios puede venir sin avisar, cuando menos lo esperamos. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Mateo 24,37-44: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto que le impresionó más.
2)   ¿A qué episodio del Antiguo Testamento recurre Jesús para hablar de la venida del Hijo del Hombre? ¿En qué   momento llegó el diluvio?
3)   ¿Qué situación describe Jesús para indicar el destino que las personas recibirán según las obras por ellos practicadas?
4)     Si no sabemos el día que vendrá el Señor: ¿Qué actitud debemos asumir?
5)    ¿Qué ejemplo nos da para que estemos vigilantes y preparados para su venida?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)     ¿Cuál es nuestro modo de esperar la venida de Jesús? ¿Cómo vigilar y estar           preparados?
b)    ¿Qué debemos hacer para mantener una actitud de  vigilancia esperando activamente la venida gloriosa del Señor?
c)    ¿Cuál es la calidad de nuestra esperanza? ¿Cómo sembrar esperanza en el ambiente propio donde estamos insertos? ¿Cuáles son los signos prácticos de esperanza en nuestra comunidad?
d)   Hay gente que vive en desilusión y desesperanza: ¿Qué podemos hacer para que llegue a experimentar el gozo del evangelio?
e)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Ayúdanos, Señor, a vivir como hermanas y hermanos».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Sembrar esperanza en las personas que más la necesitan. Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Padre de bondad y de amor, tú nos has prometido una vida llena de felicidad. Aumenta en nosotros(as) la fe y haz que animados(as) por la esperanza de recibir lo prometido, sepamos mantenernos siempre activos y dispuestos a trabajar contigo en el cumplimiento de tus promesas. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Contexto del discurso de Jesús: El Evangelio de Mateo: En el Evangelio de Mateo hay cinco grandes discursos, como si fuesen una nueva edición de los cinco libros de la Ley de Moisés. El texto que meditamos hoy forma parte del quinto Discurso de esta Nueva Ley. Cada uno de los cuatro discursos precedentes ilumina un determinado aspecto del Reino de Dios anunciado por Jesús. El primero: La justicia del Reino es la condición para entrar en el Reino (Mt del 5 al 7). El segundo: la misión de los ciudadanos del Reino (Mt 10). El tercero: la presencia misteriosa del Reino en la vida de la gente (Mt 13). El cuarto: vivir el Reino en comunidad (Mt 18). El quinto Sermón habla de la vigilancia en vista de la venida definitiva del Reino. En este último discurso, Mateo sigue el esquema de Marcos (Mc 13,5-37), pero añade algunas parábolas que hablan de la necesidad de la vigilancia y del servicio, de la solidaridad y de la fraternidad. La espera de la venida del Hijo del Hombre: Al final del primer siglo, las comunidades vivían en la espera de la venida inmediata de Jesús. Ellos se preguntaban: Cuando venga Jesús: ¿Seremos levantado como Él al cielo? ¿Seremos tomados o dejados? (24, 40-41).

3. Jesús compara la venida del Hijo del Hombre a los días del Diluvio (24, 37-39): Aquí, para aclarar su llamada a la vigilancia, Jesús recurre a dos episodios del Antiguo Testamento: Noé y el Hijo del Hombre. Los "días de Noé" se refieren a la descripción del Diluvio (Gen 6,5 a 8,14). La imagen del "Hijo del Hombre" viene de una visión del profeta Daniel (Dan 7,13). En los días de Noé, la mayoría de las personas vivían sin preocupaciones, sin darse cuenta que en los acontecimientos se acercaba la hora de Dios. La vida continuaba "y no se dieron cuenta, hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos". Y Jesús concluye: "Así será también la venida el Hijo del hombre". En la visión de Daniel, el Hijo del Hombre vendrá de improviso sobre las nubes del cielo y su venida decretará el fin de los imperios opresores, que no tendrán futuro.

4. Jesús aplica la comparación a los que escuchaban (24,40-41): "Entonces estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado". Estas frases no deben ser tomadas literalmente. Es una forma para indicar el destino que las personas recibirán según la justicia de las obras por ellos practicadas. Algunos serán tomados, o sea, recibirán la salvación y otros no la recibirán. Así sucedió en el diluvio: "solo tú has sido justo en esta generación (Gen 7,1). Y se salvaron Noé y su familia.

5. Jesús aporta la conclusión (24,42): ¡Estén preparados! Es Dios el que determina a hora de la venida del  Hijo. Pero el tiempo de Dios no se mide con nuestro reloj o calendario. Para Dios, un día puede ser igual a mil años y mil años iguales a un día (Si 90,4; 2 Pe 3,8). El tiempo de Dios es independiente de nuestro tiempo. No podemos interferir el tiempo de Dios, pero debemos estar preparados para el momento en el que la hora de Dios se hace presente en nuestro tiempo. ¡Puede ser hoy, puede ser de aquí a mil años! Dios viene cuando menos se espera. Puede suceder que Él venga y la gente no se dé cuenta  de la hora de su llegada.

6. ¿Cuándo vendrá el fin del mundo?  Cuando la Biblia habla del "fin del mundo", se refiere, no al fin del mundo, sino al fin de un mundo: Se refiere al fin de este mundo, donde reina la injusticia y el poder del mal que amargan la vida. Este mundo de injusticia tendrá fin y a su puesto vendrá "un cielo nuevo y una tierra nueva", anunciados por Isaías (Is 65,15-17) y previsto por el Apocalipsis (Ap 21,1). Ninguno sabe cuándo ni cómo será el fin de este mundo (Mt 24,36), porque ninguno sabe lo que Dios tiene preparado para los que le aman (1 Cor 2,9). El mundo nuevo de la vida sin muerte supera todo, como el árbol supera a su simiente (1 Cor 15,35-38). Los primeros cristianos estaban ansiosos por asistir a este fin (2 Tes 2,2). Seguían mirando al cielo, esperando la venida de Cristo (Hch 1,11). Algunos ya no trabajaban (2 Tes 3,11). Pero, "no nos corresponde a nosotros conocer los tiempos y momentos que el Padre tiene reservado en virtud de su poder" (Hch 1,7). El único modo de contribuir a la venida del fin "de modo que puedan llegar los tiempos de la consolación" (Hch 3,20), es dar testimonio del Evangelio en todo lugar, hasta los extremos confines de la tierra (Hch 1,8).
Revestidos de su espíritu, estaremos en vela preparados para su venida. El Hijo del Hombre viene y nos sorprende a la hora que menos pensamos (24,44), particularmente en nuestro  encuentro diario con los seres humanos de los que ha hecho sus hermanos. De ahí que la exigencia de estar en vela (vs.42) se traduce en escuchar el clamor de liberación, en secundar y dinamizar las esperanzas profundas de nuestros pueblos. La espera del Señor no nos saca de la historia, nos compromete con ella pues esperamos al Dios que ha venido y está con nosotros. La esperanza es ambiciosa, pero vale la pena. Ella nos ayudará a ver lo que hay de incoherente en nuestro comportamiento personal, de engaño y de doblez en nuestras vidas, pero también de prometedor en los esfuerzos por defender la vida y la justicia.