29 jun 2013

13° Domingo



Lucas 9,51-62

1. Oración Inicial: Tu Palabra, Señor, es fuente de vida. Ella nos anima a la esperanza, nos impulsa a vivir el amor y nos hace fuertes en la fe. Envía tu Espíritu Santo para  acercarnos a ella y comprenderla. Enséñanos a beber en el pozo de la vida y muéstranos la novedad permanente del Evangelio. AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: Hoy conoceremos el comienzo de la parte más original del Evangelio de Lucas. En adelante, va a presentar la vida de Jesús como un largo camino a Jerusalén.  El texto de hoy está formado por dos narraciones: el rechazo de Jesús en Samaria (ambos pueblos se odiaban) y las exigencias del discipulado. Para seguirle, Jesús exige: despego de los bienes y comodidades materiales; llamamiento de Dios; ruptura con el pasado y el presente, incluso con la propia familia, y seguimiento. Todo esto para quedar libre y disponible para comprometerse con el Reino de Dios.  Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Lucas 9,51-62: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿Cómo recibieron los samaritanos a los mensajeros de Jesús?
3)     ¿Cómo reaccionaron Santiago y Juan?  ¿Qué hizo Jesús al respecto?
4)     En el camino, ¿Qué dijo a Jesús uno de los discípulos?  ¿Cómo le respondió Jesús?
5)     ¿Cómo respondió la segunda persona a la invitación de Jesús? ¿Cómo le respondió Jesús?
6)     ¿Qué dijo a Jesús la tercera persona? ¿Cómo le respondió Jesús?
7)     ¿Cuáles son las condiciones o exigencias del discipulado que aparecen en el texto? ¿Qué defectos y limitaciones tuvieron las personas que seguían a Jesús?
 
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)   ¿Hemos sido personas que a veces querríamos “hacer bajar fuego del cielo” sobre otras?
b)   ¿Cuál es el defecto de los discípulos de Jesús presente en nosotros(as), discípulos(as) de hoy?
c)   El seguimiento de Jesús  ha de ser sin reservas, ni seguridades. ¿Qué desafíos nos presenta?
d)   «Deja que vaya a enterrar primero a mi padre... «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.» ¿Qué ataduras hoy nos impiden seguir a Jesús sin reservas?
e)   ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «… tú, vete a anunciar el Reino de Dios».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Dejemos una de nuestras seguridades para asumir esta semana una tarea misionera. Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Dios Padre nuestro: tu Hijo Jesús, “decidió subir resueltamente a Jerusalén”, sin importarle todo lo que aquel camino le iba a acarrear de sufrimiento y de cruz; ayúdanos, a los que queremos ser seguidores radicales suyos, a tomar también resueltamente la opción de dar nuestra vida día a día en el servicio a la Causa que él con su entrega nos mostró. AMÉN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
a)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido?
b)    ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Contexto histórico de nuestro texto: El contexto histórico del Evangelio de Lucas tiene siempre estos dos aspectos: el contexto del tiempo de Jesús de los años treinta, en Palestina, y el contexto de las comunidades cristianas de los años ochenta, en Grecia, para las que Lucas escribe su Evangelio. a) En el tiempo de Jesús en Palestina. Para Jesús no fue cosa fácil formar a sus discípulos y discípulas. Porque no es por el hecho de que una persona vaya con Jesús o que viva en comunidad, por lo que esta persona es ya santa y perfecta. La mayor dificultad viene de “la levadura de los fariseos y de Herodes” (Mc 8,15), o sea, de la ideología dominante de la época, promovida por la religión oficial (fariseos) y por el gobierno (herodianos). Combatir esta levadura era parte de la formación que Jesús daba a sus discípulos. Porque el modo de pensar de los grandes tenía raíces profundas y renacía, siempre de nuevo, en la cabeza de los pequeños, de los discípulos. El texto que meditamos hoy nos da una idea de cómo Jesús afrontaba este problema. b) Al tiempo de Lucas, en las comunidades de Grecia. Para Lucas era importante ayudar a los(as) cristianos(as) a no dejarse llevar por “la levadura” del imperio romano y de la religión pagana. Lo mismo vale para hoy. El “fermento” del sistema neoliberal, divulgado por los medios de comunicación, propaga la mentalidad consumista, contraria a los valores del Evangelio.

3. El texto de hoy es el comienzo de la parte más original del tercer Evangelio con respecto a Mateo y a Marcos, pues se sirve de unas tradiciones que él es el único en referir; en adelante, va a presentar la vida de Jesús como un largo camino a Jerusalén.  Este viaje a ocupa casi diez capítulos (9,51  19,28), una tercera parte del evangelio de Lucas. Más de ocho de los 10 capítulos fueron construidos por el mismo Lucas, dejando entonces el orden de Marcos. Es un viaje anticipado ya a la edad de los 12 años (2,41ss) y que culminará con su Ascensión (Hch. 1,10ss) Estamos más bien frente a un viaje “teológico” que a un viaje geográfico en que Jesús camina hacia Jerusalén y su Ascensión.  El sentido de esta “subida” está claramente presentado en el 1ª versículo (vs. 51).  Esta marcha será una marcha hacia la Pasión que Lucas relaciona con la gloria por venir (9,51; 17, 22-24, 30; 18,33; 19, 12-17). Desde el comienzo aparece con claridad el objetivo del viaje: Jesús va a Jerusalén para mostrar que su forma de interpretar el proyecto de Dios es diferente de la interpretación de la religión oficial. Dentro del viaje ha colocado Lucas las instrucciones para los misioneros (10,1-17; 14,15-24) y da las instrucciones a sus discípulos (no solamente a los doce) sobre: la necesaria y firme decisión de seguir a Jesús, la oración, la sinceridad, el testimonio que debe darse de Jesús, la pobreza, el servicio, la conversión, la misericordia, la renuncia a sí mismos, al dinero y a los bienes, la denuncia profética, la humildad, la corrección fraterna, la vigilancia en espera de su regreso, y sobre todo, el gran mandamiento del amor (10,27). El viaje pues, es el tiempo de la formación de los(as) testigos del Evangelio para el tiempo de la Iglesia, cuando Jesús ya no esté físicamente presente. Esta enseñanza la expone con numerosos discursos y parábolas, poniéndola en práctica con algunos milagros.
El caminar de los primeros evangelizadores continuó el de Jesús. Raramente nos dice por dónde pasa Jesús. Sólo al comienzo del viaje (9,51), en la mitad (17,11) y al final (18,35; 19,1) sabemos por dónde está pasando. Esto sirve para las comunidades de Lucas y para nuestras comunidades hoy. Lo que es cierto es que debemos caminar. No podemos parar. Sin embargo, no siempre está claro y definido por dónde pasamos. Lo cierto es el objetivo: el Reino de Dios y el Dios del Reino.

4. Seguir a Jesús exige: a) Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “No tener nada, no llevar nada”. No se pone el acento en la pobreza absoluta, sino en ser itinerante. El(la) discípulo(a) lo mismo que Jesús, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de comodidad individual. b) Ruptura con el pasado, con las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que atan y generan la muerte. Es necesario que los nuevos discípulos(as) miren adelante, que anuncien el Reino, para que desaparezca el pasado y vivan el proyecto de Jesús. c) Decisión irrevocable. Nada de vacilaciones, nada de componendas, ninguna concesión a las añoranzas y recuerdos del pasado, el compromiso es total, definitivo, la elección irrevocable. Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres que dejándolo todo se comprometen con la causa del Evangelio y, tomando el arado sin mirar hacia atrás, entregan la propia vida en la construcción de un mundo nuevo donde reine la justicia y la igualdad entre los seres humanos. Por otra parte, observamos una nota de tolerancia y paciencia pedagógica en el evangelio de hoy. Un celo apasionado de los discípulos es capaz de pensar en traer fuego a la tierra para consumir a todos los que no acepten a Jesús... No admiten que otros piensen de manera diversa, ni respetan el proceso que ellos llevan. Jesús simplemente marcha a otra aldea, sin condenarlos.  El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Una invitación de Dios y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor a la Causa de Jesús podremos avanzar en su seguimiento.

23 jun 2013

12° Domingo



Lucas 9,18-24

1. Oración Inicial: Señor de la Vida, tu Palabra es la fuente viva. Envía tu Espíritu Santo para acercarnos a ella y comprenderla. Danos también la gracia, la voluntad y el valor necesario para vivirla en nuestras vidas.   AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.  Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El pasaje de hoy retoma el tema de quién es Jesús. La pregunta ya ha sido planteada por Juan el Bautista y por Herodes. Juan le pregunta a Jesús: ¿«Eres tú el que debe venir, o debemos esperar a otro»? (7,19). Herodes dice y pregunta: «A Juan, lo hice decapitar yo ¿quién es este hombre, de quien oigo tales cosas?» (9,9). En el texto de hoy es el mismo Jesús que pregunta lo que la gente piensa de él: ¿Cuál es la opinión pública y la de los apóstoles? Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Lucas 9,18-24: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto que le impresionó más.
2)    ¿Dónde se encuentra Jesús con sus discípulos? ¿Qué estaba haciendo?
3)    ¿Cuál es la primera pregunta de Jesús a sus discípulos? ¿Cuáles son las opiniones de la gente sobre Jesús?
4)    ¿Cuál es la segunda pregunta de Jesús a sus discípulos? ¿Cómo respondió Pedro?
5)    ¿Qué dice Jesús a todos inmediatamente después?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)    Todos creemos en Jesús, pero hay quienes lo entienden de una forma y otros de otra. ¿Cuál es hoy el Jesús más común según el modo de pensar de la gente?
b)    La pregunta de Jesús también va dirigida a nosotros(as), a la Iglesia de hoy, a nuestra comunidad, a mí personalmente: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién es Jesús para nosotros(as)? ¿Qué significa en nuestra vida?
c)    La condición para seguir a Jesús es la cruz. ¿Cómo reaccionamos frente a las cruces de la vida? ¿Qué desafíos nos presentan?
d)    Somos discípulos misioneros(as): ¿Somos consecuentes en nuestro seguimiento de Jesús?
e)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?»

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Confesar que Jesús es el Mesías es vivir como él nos enseñó: ¿Qué debe cambiar en nuestra vida para lograrlo? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Padre Bueno, ayúdanos a creer en Jesús y a seguir sus pasos. Danos fe para reconocer su presencia entre nosotros, vivo en los sufrientes y excluidos.  Ayúdanos a reconocerlo para aprender de su vida y comprometer la nuestra hacia la realización de tu voluntad, el Reinado de la Vida, la justicia y de Amor.  Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.  


Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
  1. Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
  2. ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
  3. ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. La pregunta de Jesús después de la oración (9,18): En el Evangelio de Lucas, en varias ocasiones importantes y decisivas, se presenta a Jesús en oración: en el bautismo, momento en que asume su misión (3,21); en los 40 días en el desierto, cuando vence las tentaciones del demonio a la luz de la Palabra de Dios (4,1-13); la noche antes de escoger a los doce apóstoles (6,12); en la transfiguración, cuando conversaba con Moisés y Elías sobre la Pasión en Jerusalén (9,29); en el jardín, cuando afronta la agonía (22,39-46); en la cruz, cuando pide perdón para el soldado (23,34) y entrega su espíritu a Dios (23,46).

3. La opinión del pueblo sobre Jesús (9,19): Al igual que Herodes, muchos pensaban que Juan el Bautista había resucitado en Jesús. Era común la creencia que el profeta Elías regresaría (Mateo 17,10-13, Mc 9,11-12, Ml 3,23-24, Sir 48,10). Y todos alimentaban la esperanza de la venida del profeta prometido por Moisés (Deut. 18,15). Respuestas insuficientes.

4. La pregunta de Jesús a sus discípulos (9,20): Después de escuchar las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro dijo: “El Cristo de Dios!” Pedro reconoce que Jesús es el único que la gente está esperando y que viene a cumplir las promesas. Lucas omite la reacción de Pedro que trata de disuadir a Jesús de seguir el camino de la cruz y también omite las duras críticas de Jesús a Pedro (Marcos 8,32-33, 16,22-23).

5. La prohibición de revelar que Jesús es el Cristo de Dios (9,21): Se les prohibió revelar a la gente que Jesús es el Cristo, el Mesías de Dios. ¿Por qué Jesús se lo prohibió? En aquel tiempo todos esperaban la venida del Cristo, del Mesías, pero cada uno a su manera: ¡algunos esperaban un rey, otros a un sacerdote, otros a un médico, un guerrero, un juez, o un profeta! Nadie parecía esperar al Mesías siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 52,13-53:12). Quién insiste en mantener la idea de Pedro, es decir, del Mesías glorioso sin la cruz, no entiende nada y nunca llegará a asumir la actitud de un verdadero discípulo. Continuará a caminar en la oscuridad, como Pedro, confundiendo a la gente con árboles (cf. Mt 8,24). Porque sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y lo que significa seguir a Jesús. Por ello, Jesús volvió a insistir en la cruz y más tarde ofrece el segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección.

6. El primer anuncio de la pasión (9,22):  Jesús comienza a enseñar que él es el Mesías Siervo, y dice que como el Mesías Siervo anunciado por Isaías, pronto será condenado a muerte en el desempeño de su misión de justicia (Isaías 49,4-9; 53,1-12). Lucas por lo general sigue el Evangelio de Marcos, pero en este caso omite la reacción de Pedro que aconsejaba a Jesús a no pensar en el Mesías sufriente y omite también la dura respuesta: “¡Ve detrás de mí, Satanás! Porque no piensas según Dios, sino según los hombres.” Satanás es una palabra hebrea que significa acusador, que aleja a los demás del camino de Dios. Jesús no permite que Pedro se aleje de su misión. Y Jesús añade: “El Hijo del Hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.”

7. Condiciones para seguir a Jesús: Jesús saca conclusiones válidas hasta el día de hoy: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame.” En aquella época la cruz era la pena de muerte que el Imperio Romano impuso a los delincuentes marginados. Tomar la cruz cargarla detrás de Jesús era lo mismo que aceptar ser marginados por el sistema injusto que legitimaba la injusticia. Era lo mismo que romper con el sistema. Como dice Pablo en Gálatas: “El mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo" (Gal 6,14). La cruz no es fatalismo, y mucho menos es exigencia del Padre. La cruz es el resultado del compromiso libremente adoptado por Jesús de revelar la Buena Nueva que Dios es Padre, y que por tanto, todos y todas tenemos que ser aceptados y tratados como hermanos y hermanas. Debido a este anuncio revolucionario, fue perseguido y no tuvo miedo a dar su vida. No hay prueba de amor más grande que dar la vida por el hermano.

11° Domingo



Guión  Nº 16
Lucas 7,36 - 8,3

1. Oración Inicial: Señor de la Vida, tu Palabra es la fuente viva. Envía tu Espíritu Santo para acercarnos a ella y comprenderla. Danos también la gracia, la voluntad y el valor necesario para llevarla  a la práctica en nuestras vidas.   AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a)  Introducción: El texto de hoy nos presenta dos episodios ligados entre sí. El primero es un episodio lleno de emoción. Una mujer, considerada pecadora en la ciudad, tiene el valor de entrar en la casa de Simón, un fariseo, durante el almuerzo, para acercarse a Jesús, lavarle los pies y llenarlo de besos y perfumes. El segundo es una descripción de la comunidad de Jesús formada de discípulos y discípulas. Conoceremos los nombres de tres mujeres que entre muchas otras le seguían, desafiando así las costumbres y la mentalidad existente en el tiempo de Jesús.  Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 7,36-8,3: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d) ¿Qué dice el texto?

1)     Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)     ¿Dónde se encuentra Jesús? ¿Qué hace la mujer pecadora y cómo lo hace?
3)     ¿Cuál es la reacción de Simón? ¿Cuáles son sus pensamientos?
4)     ¿Cómo le respondió Jesús? ¿Cuál es la enseñanza que Jesús busca darle?
5)     Finalmente, ¿Qué comportamiento tiene Jesús con la mujer  y qué le dice?
6)     ¿En qué consiste la actividad de Jesús en las ciudades y los pueblos de Galilea?
7)     ¿Quienes son las mujeres que siguen a Jesús como discípulas?  ¿Cuántas más son?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. ¿Qué actitudes personales y comunitarias nos recuerdan la actitud de Simón frente a la pecadora?
  2. Hay personas que se alejan de Dios y de la comunidad. ¿Somos capaces de ir a buscarlas y a acoger a los hermanos y hermanas que necesitan de perdón y comprensión?
  3. ¿Qué significado tiene: «sus muchos pecados están perdonados porque tiene mucho amor»?
  4. La mujer no hubiese hecho lo que hizo si no hubiera tenido la confianza de ser acogida por Jesús. ¿La gente tiene la misma certeza con respecto a nuestra comunidad?  ¿Echamos en cara el pecado o actuamos con amor, comprensión y compasión?
  5. Nombrar mujeres discípulas que conocemos en nuestra comunidad y que son modelos de vida cristiana entregadas a la Causa de Jesús.
  6. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Señor, abre nuestro corazón a la misericordia».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Acercarnos a alguien que necesite acercarse a Dios. Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino también poner en práctica la Palabra. Abre nuestro corazón a la misericordia para que no juzguemos ni discriminemos a nadie. Ayúdanos a vivir, Señor, como las discípulas del Evangelio, siguiendo tus pasos, anunciando la Buena Noticia y construyendo tu Reino.   AMÉN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
  1. Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
  2. ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
  3. ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
2. Contexto literario e histórico del texto: En el capítulo 7 de su Evangelio, Lucas describe las cosas nuevas y sorprendentes que salen del pueblo a partir del anuncio que Jesús hace del Reino de Dios. En Cafarnaún, elogia la fe del extranjero: “¡Yo les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande!” (7,1-10). En Naím resucita al hijo de la viuda (7,11-17). El modo de Jesús de anunciar el Reino sorprende tanto a los judíos. No estaban acostumbrados a la apertura a los no judíos. Y ahora al final del capítulo, aquí en nuestro texto (Lc 7,36 a 8,3), otra novedad de la Buena Nueva comienza a despuntar y a sorprender. El comportamiento de Jesús hacia las mujeres. En tiempos del Nuevo Testamento, en Palestina, la mujer vivía marginada. No participaba de la sinagoga, no podía hacer de testigo en la vida pública. No obstante, había muchas mujeres que se resistían contra la exclusión. Desde el tiempo de Esdras (s. IV a. d. C), la oposición iba creciendo, como vemos en la historia de Judit, Ester, Rut, Noemí, Susana, la Sulamita y otras mujeres. Esta resistencia de las mujeres encontró eco y acogida en Jesús. En el episodio de la mujer del ungüento (7,36-50) aparecen tanto el inconformismo y la resistencia de las mujeres, como la acogida de Jesús hacia ellas. En la descripción de la comunidad que crece en torno a Jesús (8,1-3), vemos a hombres y mujeres reunidos alrededor de Jesús, en igualdad de condiciones, como discípulos y discípulas.

3. El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el Evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas es quien reporta el mayor número de episodios en los que se demuestra el trato de Jesús con las mujeres. Pero la novedad, la Buena Noticia de Dios para las mujeres, no está en las abundantes citas de su presencia junto a Jesús, sino en la conducta de Jesús hacia ellas. Jesús las toca y se deja tocar por ellas sin miedo a ser contaminado (7,39; 8,44-45.54); la diferencia con los maestros de la época es que Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (8,2-3; 10-39). La fuerza liberadora de Dios, que obra en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible a los sufrimientos de la viuda y solidariza con su dolor (7,13). El trabajo de la mujer que prepara el alimento es visto por Jesús como signo del Reino (13,20-21). La viuda tenaz que lucha por sus derechos se convierte en modelo de oración (18,1-8) y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con otros es modelo de entrega y dedicación (Lc 21,1.4). En una época en la que el testimonio de la mujer no se consideraba válido, Jesús escoge a las mujeres como testigos de su muerte (23,49), de su sepultura (23,55-56) y su resurrección (24,1-11.22-24).

4. Amor y perdón: La defensa plena de respeto, y por eso mismo liberadora, que Jesús hace de la mujer pecadora y arrepentida ante el fariseo Simón, nos dice tal vez más sobre la identidad de Jesús y el perdón de Dios que todas las hermosas parábolas sobre la misericordia que encontramos en el mismo Lucas. El fariseo Simón, descubierto en su mal pensamiento sobre Jesús y la mujer es llevado a emitir un juicio aparentemente impersonal: amará más "aquél a quién (se) le perdonó más" (vs.43). Partiendo de su respuesta Jesús ya puede decirle que Dios no juzga como los seres humanos. El tiene otros criterios para mirar la realidad. Para el fariseo Simón el mundo se divide entre buenos y malos, justos y pecadores. Según esta mentalidad, Dios ama a los buenos y no quiere a los pecadores; Dios se aparta de los pecadores. Jesús explica que ante Dios las situaciones humanas de justos y pecadores quedan profundamente alteradas. La mujer, ciertamente "una pecadora pública", y por tanto socialmente despreciada y marginada, se convierte en ejemplo de conversión y de actitud arrepentida porque ha acogido el misterioso y gratuito perdón del Señor. Simón, el fariseo justo, resulta juzgado. Varias cosas deja clara la respuesta de Jesús. El perdón viene de su amor misericordioso, que se adelanta y es motivo del arrepentimiento humano. El amor mostrado por la mujer expresa la acogida del perdón. El perdón es obra del amor gratuito de Dios, pero una vez recibido compromete a amar (vs.47). El perdón de Dios no es un simple borrón y cuenta nueva, se trata, más bien, de una invitación y capacitación a entrar en una relación nueva con Dios, basada en el amor. El perdón de Dios libera, nos hace libres y capaces de amar. En medio de una sociedad en la que hay mucha violencia y venganza, deberíamos reflexionar con mayor creatividad en la eficacia del perdón, otorgado no como signo de debilidad e impotencia, sino como expresión de un amor capaz de generar nuevas, conductas basadas en un amor que respeta la dignidad de las personas y construye auténtica justicia y paz.

5. En este texto, Lucas nos da una gran lección porque es el único evangelista que nos muestra esta sorprendente libertad manifestada por Jesús al incorporar muchas mujeres a su grupo itinerante de discípulos(as). Hoy las mujeres se han convertido en la piedra angular de muchas comunidades que realizan su tarea evangelizadora en el mundo. Ellas, ignoradas a veces por el clericalismo y el machismo, han sido fundadoras y continuadoras de grandes experiencias cristianas. Por eso, es necesario que la iglesia reexamine su teología de la mujer y sus papeles y funciones en la iglesia.

5 jun 2013

10° Domingo

10° Tiempo Ordinario (C)
Lucas 7,11-17

1. Oración Inicial: Señor de la Vida, tu Palabra es la fuente viva. Envía tu Espíritu Santo para acercarnos a ella y comprenderla. Danos también la gracia, la voluntad y el valor necesario para llevarla  a la práctica en nuestras vidas.   AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a)  Introducción: El evangelio de hoy presenta el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naín. Las viudas, según la tradición bíblica, eran vulnerables, y más aún si no tenían en la familia un hijo varón que les garantizara seguridad y dignidad. La pérdida de su hijo suponía también la pérdida de dignidad y consideración en la sociedad donde vivía, máxime cuando ya había sufrido la pérdida de su marido, que le aseguraba estabilidad y respeto. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Lucas 7,11-17: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d) ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2)    El texto narra que habían dos multitudes. ¿Cuál es la que capta la atención de Jesús?
3)    ¿Cuáles son las palabras y gestos de Jesús en este encuentro?
4)    ¿Cómo reaccionó la gente?
5)    ¿Qué pasó después?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.    El texto de hoy es uno de los típicos que nos hablan de los sentimientos de compasión, de misericordia de Jesús. Se «conmovía» Jesús ante el sufrimiento de los pobres, de los enfermos, de las viudas… ¿Cuál es nuestra actitud y la de nuestra comunidad frente al sufrimiento de los demás?
b.    Dios visitó a su pueblo. ¿Percibo las numerosas visitas de Dios en mi vida y en la vida de la gente?
c.    ¿Soy agradecido y glorifico a Dios por tantas cosas buenas que he recibido de él?
d.    ¿Qué hago para ayudar a los otros a vencer el dolor y a abrirse a una vida nueva?
  1. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Dios ha visitado a su pueblo».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Acercarnos a alguien que sufre y responder como Jesús lo haría. Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar sino también poner en práctica la Palabra. Abre nuestro corazón a la misericordia para que no juzguemos ni discriminemos a nadie. Ayúdanos a vivir, Señor, como las discípulas del Evangelio, siguiendo tus pasos, anunciando la Buena Noticia y construyendo tu Reino.   AMÉN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…


Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
  1. Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
  2. ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
  3. ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?
 2. Jesús se conmueve por la suerte de esta mujer: Naín era, y continúa siendo, una pequeña aldea cerca de Nazaret. Jesús iba con sus discípulos cuando se cruzaron con el entierro del hijo único de una viuda. Las viudas, según la tradición bíblica, eran vulnerables, y más aún si no tenían en la familia un hijo varón que les garantizara seguridad y dignidad. Sólo el hombre garantizaba para ellas un status dentro de la sociedad, pues eran consideradas objetos de propiedad, primero del padre y luego de su marido. Eran valoradas especialmente por su condición de procreadoras. La viuda de Naín está pasando por una dura prueba. La pérdida de su hijo suponía también la pérdida de dignidad y consideración en la sociedad donde vivía, máxime cuando ya había sufrido la pérdida de su marido, que le aseguraba estabilidad y respeto. El llanto de la viuda es el grito silencioso de una mujer que siente no sólo pérdida de su hijo sino también su destino de vulnerabilidad, exclusión y desigualdad. Es el llanto que denuncia el machismo y la discriminación social.  Jesús se conmueve por la suerte de esta mujer, se solidariza, la mira y la toma en cuenta, le pide que no llore, se acerca al féretro... y ordena al muchacho difunto que se levante. Finalmente, Jesús coloca al muchacho con vida en brazos de su madre. Jesús transgrede de nuevo las reglas excluyentes de aquella sociedad, devolviendo la vida y la dignidad a la mujer.

3. El encuentro de dos procesiones (7,11-12): “Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.” Lucas es como un pintor. Con pocas palabras es capaz de pintar un hermoso cuadro sobre el encuentro de dos multitudes o procesiones: la procesión de la muerte que sale de la ciudad y acompaña a la viuda que lleva su hijo único hacia el cementerio; la procesión de la vida que entra en la ciudad y acompaña a Jesús. Las dos se encuentran en la pequeña plaza junto a la puerta de la ciudad de Naín.

4. La compasión entra en acción (7,13):   «Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».  Es la compasión que mueve  a Jesús a hablar y a actuar. Compasión significa literalmente “sufrir con”, asumir el dolor de la otra persona, identificarse con ella, sentir con ella el dolor. Es la compasión que pone en acción en Jesús el poder, el poder de la vida sobre la muerte, el poder creador.

5. “¡Joven, a ti te digo: levántate!” (7,14-15): “Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate». El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.” A veces, en situaciones de gran dolor causado por la muerte de un ser querido, la gente dice: “En el tiempo de Jesús, cuando Jesús vivía en esta tierra, había esperanza de no perder a una persona querida porque Jesús podía resucitarla.” Estas personas consideran el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naín como un suceso del pasado que suscita nostalgia y también cierta envidia. La intención del evangelio no es, sin embargo, la de suscitar nostalgia o envidia, sino que nos ayude a experimentar mejor la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Es el mismo Jesús, capaz de vencer la muerte y el dolor de la muerte, que continúa estando vivo en medio de nosotros. Él sigue estando con nosotros hoy y, ante los problemas del dolor que nos matan, nos dice: «A ti te digo: levántate».

6. Las repercusiones (7,16-17): “Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo». El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina. Es el profeta anunciado por Moisés (Dt 18,15). El Dios que viene a visitarnos es el “Padre de los huérfanos y protector de las viudas” (Sal 68,6; cfr. Jdt 9,11)