17 dic 2012

3° Domingo de Adviento

¡UN POCO DE ALEGRIA,
POR FAVOR!
3º de adviento
Javier Leoz


Con la que está cayendo en tantos lugares de los cinco continentes de nuestro planeta (y no precisamente lluvia de estrellas o noticias buenas), necesitamos  un poco de aliento en nuestro caminar. Algo que nos impulse a recuperar el brillo en nuestros ojos, el optimismo en nuestro vivir, la sonrisa en nuestros labios, la esperanza en el horizonte de nuestra sociedad. ¿Qué podemos esperar? ¿A quién?
1.Estamos en el Domingo Gaudete”. En el domingo de la alegría. Y, la Navidad, es eso: una buena parte de alegría. Pero no un gusto cualquiera. La razón suprema la tenemos en Jesús: motor y eje de esa emoción y de ese contenido que conserva y dilata la Navidad por todo el orbe cristiano. La venida del Redentor es motivo de esperanza para la humanidad. No todos los días, el Señor, se planta en el corazón de nuestro mundo. No a todas horas, de una forma tan radical (hacerse Hombre y ser Dios) lo contemplamos y vivimos como en estos próximos días: Dios pasa y pone su tienda en nuestro áspero campo.
Nuestra comunidad cristiana, nuestra Iglesia, necesita salvaguardar lo que nunca ha de perder: la alegría que aporta la fe. La alegría que nos otorga el poner nuestros desvelos, trabajos, inquietudes y pensamientos en Cristo. Nada ni nadie nos puede arrebatar ese hontanar de fiesta y de  júbilo que es la confianza en Dios. Hay que estar alegres, y no porque lo diga San Pablo, sino porque vivir junto al Padre, sentirnos tocados por Jesús o empujados por el Espíritu Santo, a la fuerza, nos convierte en personas con un proyecto ilusionante y con rostros cargados de felicidad.
Dicen que, los santos, eran felices porque sentían y palpaban la presencia del Señor muy cerca. Aquí es donde hemos de llegar nosotros. Que apreciemos la cercanía de Jesús en estos próximos días de Navidad. Será entonces cuando, como una parte irrenunciable y esencial de nuestro cristianismo, recuperaremos y saldrá a flote la satisfacción que llevamos dentro.
2.Además, en este Domingo de la alegría, escuchamos una llamada a la conversión. No podemos recibir al Niño con nuestra casa desordenada. La llegada de Jesús bien merece una habitación limpia, unas actitudes armonizadas con el diapasón del evangelio o, con aquellos que menos tienen, una caridad bien espléndida. El Nacimiento de Cristo, además, nos invita a una reflexión sobre aquellos aspectos que no funcionan bien (en relación con los demás, con nosotros mismos y con Dios). ¿Cuánto hace que no te confiesas? ¿No vivirías la Navidad con más autenticidad, con más emoción, con menos peso, si dieras ese paso hacia un encuentro con el Señor mediante el Sacramento de la Reconciliación?
Los padres de la Iglesia escribieron “Cristo ha venido a animar una fiesta en el corazón de la humanidad”. Aquí está “la prueba del nueve” ¿Qué es Jesús para nosotros? ¿Qué sentimientos y sensaciones produce? ¿Cómo estamos preparando la fiesta de la Navidad?
Una de las cosas que más llama la atención en muchos países de misión es que, en medio de tanta pobreza, sus gentes manifiestan una impresionante alegría (muy en contraste con , aquellos otras naciones opulentas, pero con sus habitantes tristes). Ojala que, este adviento, nos inyecte una buena dosis de alegría. La necesitamos para sonreir, para vivir, para caminar, para que se nos note que –Jesús- nos ha redimido y que, precisamente por eso, nuestros cantos expresan el inmenso gozo que sentimos por dentro.
Hermanos ¡un poco de alegría! ¡Un poco de ilusión! ¡Un poco de esperanza! ¿Que por qué? Entre otras cosas, por lo más importante: viene Jesús a salvarnos. Entrará en el mundo llorando para que nosotros, los hombres, acabemos sonriendo.

MI ALEGRIA ERES TU, SEÑOR
Javier Leoz

Vienes en silencio y tus pasos, Señor,
producen en mi, calma, seguridad y paz.
Necesito, Señor, un poco de tu mundo:
De tu gozo, para mi corazón triste
De tu alegría, para mi alma esquiva
De tu mano, en mis caminos inciertos
¡VEN, SEÑOR!
Y hazme recuperar la alegría perdida
El gusto por vivir, despertando cada mañana
La esperanza en tanta hora triste
Porque Tú, Señor, eres alegría
haz que mis dos ojos brillen
con el resplandor de la felicidad
con el encanto de la fe
con la virtud de la caridad
MI ALEGRIA ERES TU, SEÑOR
Porque vienes y te sientas a mi lado
Porque compartes mi condición humana
sabiendo lo frío, que tantas veces,
se encuentra mi corazón y mi pensamiento.
Porque, siendo Dios, apuestas fuerte por mí
Porque, estando en el cielo,
plantas tu tienda
en medio de tanta incertidumbre y viento
que sacude a nuestro viejo mundo
MI ALEGRIA ERES TU, SEÑOR
Por eso te doy gracias y bendigo tu nombre
Espero tu llegada y preparo mi interior
Anhelo la Noche Santa de la Navidad
y afino las cuerdas de mi alma,
 con la verdad, la espera, el silencio,
la humildad o la vigilancia.
Sólo sé, mi Señor, que mi alegría
con tu llegada y por tu Nacimiento
eres Tú, Señor.
Amén


6 dic 2012

2° Domingo de Adviento


2° Adviento (C)
Lucas 3,1-9

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envíanos tu Espíritu Santo para comprender tú Palabra.  Guía nuestros pasos, orienta nuestro caminar, para que sigamos tu ejemplo abriendo los brazos a los demás y anunciando un Dios que se hace cercano para traernos la justicia y la paz. Queremos ser testigos para construir un mundo nuevo, para que brille el Evangelio y con su luz pueda haber Vida para toda la humanidad como Tú lo quieres.  AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Lucas inicia la misión de Juan situándola en la historia del mundo pagano y en la del pueblo de Israel. Juan es descrito como el último profeta (Lc 3,7) y termina, como muchos de sus predecesores, encarcelado por fidelidad a su misión. Viene, según la cita de Isaías (Is 40,3-5), a preparar el camino del Señor predicando la conversión y exigiendo frutos que sean pruebas de esa auténtica conversión.  Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 3,1-9: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto te impresionó más.
2)    ¿A quién habló Dios en el desierto?
3)    ¿Por dónde pasó Juan y qué mensaje predicó?
4)    ¿Era suficiente ser “hijos de Abraham” o que los bautizara solamente? ¿Qué pedía Juan?
5)    ¿Qué pasa con el árbol que no da fruto? ¿A qué se refiere el ejemplo?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a.    En la sociedad de hoy, ¿Cuales son los grandes caminos torcidos y sus causas? ¿Qué podemos y debemos hacer para enderezarlos?
b.    «Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos...» ¿Qué caminos torcidos hay en mi vida personal? ¿Qué es lo que El quiere que yo enderece en mi vida?
c.    La misión del Bautista fue ser precursor de Jesús. Como cristianos(as) hoy debemos también preparar los caminos de Dios. ¿Cómo hacerlo en un nuestros días?
d.    Como el profeta Juan, ¿Quiénes hoy gritan y claman proféticamente? ¿Qué hacer para que no se cansen, aunque se sientan «voz que clama en el desierto»?
e.    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Preparen el camino del Señor».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Alimentemos nuestra esperanza y la de los demás, dando testimonio concreto, con nuestro compromiso, de que el mundo puede cambiar y de que la esperanza es posible.  Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Oh Dios de todos los pueblos, que has enviado a lo largo de los siglos mensajeros(as), profetas y precursores tuyos; te pedimos que podamos reconocer tu presencia en todos ellos(as), y que nos alegremos de tu acción constante y callada en todos los pueblos y en todas las religiones, hasta el día en que llegue  la plenitud de tu Reinado para todos los seres humanos. AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
  1. Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
  2. ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
  3. ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. No siempre se prestó atención a los versículos 1-2 de este capítulo. Ellos son una poderosa voz a favor de los humildes y olvidados. El detalle de los hombres más fuertes y encumbrados de su época es impresionante. Tiberio César era emperador y Poncio Pilato gobernador. Luego baja un escalón más y nombra a los pequeños reyes designados por Roma de entre los líderes locales: Herodes (Agripa), nieto del Herodes Antipas, y Felipe que habían sido designados tetrarcas de Galilea e Iturea, respectivamente. Lisanias  de quien no tenemos otras referencias  era tetrarca de Abilinia, una región al noroeste de Damasco. Finalmente nombra a los sumos sacerdotes Caifás y Anás. Y cuando todo hace suponer que a estos grandes líderes de la época Dios los utilizaría para comunicar algo, se introduce la figura del desconocido Juan, el hijo de otro desconocido llamado Zacarías, que habitaba lejos de los palacios y las fortalezas. La Palabra de Dios omite los templos y palacios y sus importantes habitantes: se revela al pobre Juan y en el desierto. Seguramente ninguno de estos ricos y famosos llegó a conocer el texto de Lucas, pero sin duda que lo hubieran considerado una ofensa y una falta de respeto. Dios actúa no solo por donde menos lo esperamos sino que lo hace a través de aquellos que a sus ojos tienen un papel importante en el drama de la historia humana, pero que a los ojos humanos suelen ser los olvidados y olvidables.

3. Preparar el camino: En el evangelio, al llegar la plenitud de los tiempos, el mismo Dios anuncia la cercanía del Reino por medio de Juan y asegura con Isaías que «todos verán la salvación de Dios» (3, 6). Lucas, con la meticulosidad a que nos tiene acostumbrados (1,1-4), nos da las coordenadas históricas de la predicación de Juan (3,1-3). Para el Dios que llega con el don de la salvación debemos preparar el camino en el hoy de nuestra propia historia. La invitación de Isaías, repetida por Juan Bautista nos invita a entrar en el dinamismo de la conversión/a ponernos en camino, a cambiar} Cambiar desde adentro, creciendo en lo fundamental, el amor para "aquilatar lo mejor" (Filip. 1,10). Con la penetración y sensibilidad del amor escucharemos mejor las exigencias del Señor que llega y saldremos a su encuentro «llenos de los frutos de justicia»  (v.1,11). Esa renovación desde el interior tiene su manifestación externa porque se «abajan los montes», se llenan los valles, se endereza lo torcido y se iguala lo escabroso. Se liman asperezas, se suprimen desigualdades y se acortan distancias para que la salvación llegue a todos(as). La humanidad transformada es la humanidad reconciliada e igualada, integrada en familia. Convertirse entonces es ensanchar el corazón y dilatar la esperanza para hacerla a la medida del mundo, a la medida de Dios. Una humanidad más igualitaria y respetuosa de la dignidad de todos es el mejor camino para que Dios llegue trayendo su salvación. A cada uno corresponde examinar qué renuncias impone el enderezar lo torcido o abajar montes o rellenar valles. Pero nuestros caminos deben ser rectificados para que llegue Dios. Unidos en la esperanza caminamos juntos al encuentro de nuestro Dios.

4. Predicación de Juan en el desierto: Lucas inicia la misión de Juan situándola en la historia del mundo pagano y en la del pueblo de Israel. En esta descripción geopolítica, como en el prólogo, se advierte la influencia de los historiadores de su tiempo. Pero Lucas no nos quiere dar sólo unos datos históricos. Pretende mostrarnos que la salvación de Dios que viene con Jesús no es algo intemporal. Se inserta en una historia y una geografía muy concreta. Así se nos describe la intrincada situación política de Palestina en la época en que Jesús va a empezar su predicación. Había territorios que dependían directamente de Roma, como era el caso de Judea. Otros, sin embargo, mantenían una cierta autonomía, como la provincia de Galilea. La fecha propuesta por Lucas nos permite afirmar que el comienzo de la misión de Juan ocurrió en los años 27 ó 28 d. C. Juan es descrito como un profeta itinerante. Sin embargo, no es uno más en la larga serie de los profetas de Israel. Es el último profeta (el juicio inminente, 3,7), el nuevo Elías esperado por Israel (1,17) y del que nos hablaba el profeta Malaquías (Mal 3,25). Terminará, como muchos de sus predecesores, encarcelado por fidelidad a su misión (3,19-20). El viene a preparar el camino del Señor. Es lo que afirma la cita de Isaías (Is 40,1-5). Sin embargo Lucas, a diferencia de Mateo y Marcos, prolonga el texto del profeta hasta el v. 5 para introducir un rasgo universalista (todos) muy propio de su teología. Juan predica además la conversión y exige de sus oyentes frutos que prueben la autenticidad de su conversión. No basta con los títulos o privilegios, como el ser descendiente de Abrahán. Esta conversión implica para Juan un cambio de vida. Y este cambio es descrito en Lc 3,10-14, mediante el tema de la fraternidad y la justicia que evoca la predicación de los profetas del Antiguo Testamento. Las recomendaciones concretas dirigidas a los publicanos y soldados tienen muy en cuenta las tentaciones propias de su forma de vida. Su mensaje prepara el tiempo nuevo que se inicia con la predicación de Jesús.

1 dic 2012

1° Domingo de Adviento


1° Adviento (C)
Lucas 21, 25-28.34-36

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que nos ayude a leer e interpretar la Biblia. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Escritura, en la creación, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en tos pobres y en los que sufren. AMÉN.  Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.   Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Previo al texto de hoy, Lucas habla de la destrucción de Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude al triunfo de Jesús y a la actitud que deberá tener la comunidad cristiana. En este acontecimiento habrá fenómenos extraños y desconcierto pero cuando comienzan, se acerca nuestra liberación y el Reino de Dios. Jesús dice que no debemos preocupamos ni buscar saber cuándo eso pasará... mas bien, pide que sus discípulos(as) estén prevenidos(as) y orando en todo tiempo. Abramos nuestros corazones a la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 21,25-28,34-36: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto te impresionó más.
2)    ¿Qué sentimientos han tenido durante la lectura? ¿De miedo o de esperanza? ¿Por qué?
3)    Nombra las señales que aparecerán antes de la venida del Hijo del Hombre.
4)    Según Jesús, ¿qué debe ser nuestra actitud cuando comienza a suceder y por qué?
5)    ¿De cuáles conductas se debe cuidar para que no caiga de improviso ese día?
6)    ¿Qué debe ser nuestra actitud y conducta mientras llega?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. Hoy, cuando se habla de la manifestación gloriosa de Jesús, las posiciones son muy variadas. Algunas personas tienen miedo. Otras permanecen indiferentes. Otras comienzan a vivir con más seriedad. Y todavía otras, cuando oyen una noticia preocupante, exclaman: "¡El fin del mundo está cerca!" ¿Y nosotros(as)? ¿Qué pensamos al respecto?
  2. Hay situaciones de muerte que vive el mundo de hoy (injusticia, guerras, desastres naturales, hambre): ¿Qué interpretación hacemos de estas realidades? ¿Como signos del fin del mundo o como situaciones de injusticia que merecen ser rechazadas y corregidas?
  3. ¿Qué signos de desesperanza existen en esta sociedad actual?
  4. ¿Qué es lo que hoy empuja a la gente a tener esperanza o a resistir? ¿Somos testigos de esperanza? ¿Cuál es el ideal que nos anima a continuar luchando por un mundo nuevo?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. « tengan ánimo y levantan la cabeza, porque está por llegarles la liberación».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Ofrecer a Dios una acción concreta que puedes hacer esta semana para construir este Reino que humaniza y libera. Llevamos una “palabra”.  Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Padre bueno, nos llamas a la esperanza. Acoge nuestras limitaciones y temores, y libera toda tu fuerza, para que renazcamos a una esperanza nueva y seamos tus instrumentos en la transformación del mundo. Despierten la fe en nuestra comunidad. Ayúdanos a estar más atentos al Evangelio y cuidar mejor tu presencia en medio de nosotros(as).  AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…
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Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:

  1. Compartir sobre lo que le pasa a la gente en su diario vivir durante la semana.
  2. ¿Cómo hemos experimentado a Jesús en lo que hemos vivido?
  3. ¿Qué hemos hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. El contexto del discurso de Jesús: El texto de hoy es parte del así llamado «discurso escatológico» (21,5-36). Este discurso está presentado como respuesta de Jesús a una pregunta de los discípulos. Ante la belleza y grandeza del templo de la ciudad de Jerusalén, Jesús había dicho: «No quedará piedra sobre piedra» (21,5-6). Los discípulos querían que Jesús les diese más información sobre esta destrucción del templo y pedían: «¿Cuándo sucederá esto … y cuáles serán las señales de que estas cosas están a punto de suceder?» (21,7). En el tiempo de Jesús (año 33), de frente a los desastres, guerras y persecuciones, mucha gente decía: «El fin del mundo está cerca».  La comunidad del tiempo de Lucas (año 85) pensaba lo mismo. Además, a causa de la destrucción de Jerusalén (año 70) y de la persecución de los cristianos, que duraba ya unos cuarenta años, había quien decía: «Dios no controla los acontecimientos de la vida! ¡Estamos perdidos!». Por esto, la preocupación principal del discurso es el de ayudar a los discípulos(as) a discernir los signos de los tiempos para no ser engañados(as) por estas conversaciones de la gente sobre el fin del mundo: «Atención! ¡No se dejan engañar». (21,8).

3. Señales en el sol, en la luna y en las estrellas (21,25-26): Estos dos versículos describen tres fenómenos cósmicos. (1) «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas»; (2) el fragor del mar y de las olas"; (3) «las potencias del cielo se conmoverán». En tos años 80, época en la que escribe Lucas, estos tres fenómenos no se habían manifestado. Las comunidades podían afirmar, “¡Este es la última señal que falta antes del fin!" A primera vista, parece más terrible que las precedentes, ya que Lucas dice, que suscita angustia y causa temor en la gente y en las naciones. En realidad, aunque su apariencia es negativa, estas imágenes cósmicas sugieren algo positivo, a saber, el comienzo de la nueva creación que substituirá la antigua creación (Ap 21,1). El comienzo del cielo nuevo y de la tierra nueva, anunciada por Isaías (Is 65,17). Introducen la manifestación del Hijo de Dios, el comienzo de nuevos tiempos.

4. La llegada del Reino de Dios y la manifestación del Hijo del Hombre (21,27): Esta imagen viene de la profecía de Daniel (Dn 7,1-14). Daniel dice que después de las desgracias causadas por los cuatro reinos de este mundo (Dn 7,1-14), vendrá el Reino de Dios (Dn 7,9-14). Estos cuatro reinos, todos, tienen apariencia animal: león, oso, pantera y bestia feroz (Dn 7,3-7). El Reino de Dios aparece con el aspecto de Hijo de Hombre. O sea, con el aspecto humano de la gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de las comunidades cristianas. Es la nueva historia, la nueva creación, a cuya realización debemos colaborar.

5. Una esperanza que nace en el corazón (21,28): Lucas, dice: «Cuando comiencen a acaecer estas cosas, ¡alzan los ojos y levantan la cabeza, porque su liberación está cerca!»  Esta afirmación índica que el objetivo del discurso no es el de causar miedo, sino sembrar esperanza y alegría en el pueblo que estaba sufriendo por causa de la persecución. Las palabras de Jesús ayudaban a las comunidades a leer tos hechos con lentes de esperanza. Deben tener miedo aquellos que oprimen y avasallan al pueblo. Ellos, sí, deben saber que su imperio se ha acabado.

6. Exhortación a la vigilancia (21,34-36): ¡Dios siempre llega! Viene cuando menos se espera. Jesús da consejos a la gente, de modo que siempre estén atentos: (1) evitar lo que pueda turbar y endurecer el corazón (disipaciones, borracheras y afanes de la vida); (2) orar siempre pidiendo fuerza para continuar esperando en pie la venida del Hijo del Hombre. La atención a lo que vendrá no elimina la exigencia de hoy. No se trata de una espera pasiva, lo propio es la vigilancia, la atención a tos signos de los tiempos (21,29-33), en ellos se manifiesta el Señor. La oración debe ser de «todo tiempo», ella constituye un gesto y una experiencia de gratuidad. De la gratuidad del amor de Dios que da sentido pleno a la exigencia que hace auténtica la esperanza.

7. El fin del mundo: Cuando decimos «fin del mundo», ¿de qué estamos hablando? ¿El fin del mundo del que habla la Biblia o el fin de este mundo, donde reina el poder del mal que destroza y oprime la vida? Este mundo de injusticia tendrá fin. Mientras llega ese día, transcurre el tiempo de la comunidad cristiana. La comunidad debe empeñarse en la construcción del «derecho y la justicia». Esto implica compromisos concretos con el «vía crucis cotidiano» que viven los pueblos pobres del mundo. Esa solidaridad debe concretarse en la decisión de forjar una sociedad distinta donde sea posible la justicia, la fraternidad y la paz, en las que se expresa históricamente el Reino, don de Dios. Para que los pobres, todos los seres humanos, puedan llamar a sus países «justicia» y «alegría».

Domingo 34 Cristo Rey


34º Tiempo Ordinario (B) Cristo Rey
Juan 18,33-37

1. Oración Inicial: Señor de la Vida, tu Palabra es la fuente viva. Envía tu Espíritu Santo para acercarnos a ella y comprenderla. Danos también la gracia, la voluntad y el valor necesario para vivirla en nuestras vidas. AMÉN.   Cantar  «Espíritu Santo Ven, Ven».

2.   Lectura:   ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El juicio de Jesús tiene lugar en el palacio donde reside el prefecto romano cuando viene a Jerusalén. Acaba de amanecer. Pilato ocupa la sede desde la que dicta sus sentencias. Jesús comparece maniatado como un delincuente. Allí están frente a frente: el representante del imperio más poderoso y el profeta del reino de Dios. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 18,33-37: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones.  Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d.  ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee el versículo o parte del texto te impresionó más.
2)    ¿Qué preguntas hace Pilato a Jesús? ¿Cuál es la actitud de Pilato y qué le preocupa?
3)    ¿Qué responde finalmente Jesús a la pregunta si es Rey o no? ¿En qué consiste su realeza?
4)    ¿Quiénes son los que escuchan su voz?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida?  No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo.  Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. Frente a las palabras, «mi reinado no es de este mundo», algunas personas desconectan a Jesús y su evangelio de todo compromiso y contacto con el orden temporal, de la realidad concreta que vivimos, y lo transfiere a un mundo sólo «espiritual». ¿Está bien pensar así?
  2. Jesús se presenta como «Testigo de la Verdad»: El(la) seguidor(a) de Jesús es «testigo»: ¿Cómo somos testigos de Jesús en nuestra comunidad? ¿Nuestro rostro se parece al de Jesús, y nuestra vida recuerda a la suya?
  3. Jesús habló y luchó por el Reino de Dios. Por esta causa se entregó incondicionalmente. ¿Se podría pensar tal vez que un título más adecuado que «Cristo Rey»? ¿Podría ser el de «Cristo, luchador por la Causa del Reino»?  Comentar.
  4. La frase final del texto dice: «… escucha mi voz», Nosotros(as) estamos absortos en miles de trabajos y cosas: ¿A dónde dirigimos nuestros oídos? ¿A quién atendemos y escuchamos?
  5. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. « he venido al mundo para dar testimonio de la verdad».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Dedica un tiempo concreto de esta semana a leer la Palabra de Dios y confrontarla con tu vida. Llevamos una “palabra”.  Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Buen Jesús, tú eres rey de la Justicia, que cambia la sociedad y subvierte los valores del mundo, que observa la dignidad de las personas y quiere la igualdad. Tú eres rey de la Paz, que es compromiso por la vida y lucha por la justicia. Tú eres rey, buen Jesús, Señor del Reino que amanece, como esperanza, utopía y horizonte allí donde nace una nueva manera de vivir...sencillamente en el amor... Tú lo has dicho: «Yo soy Rey». AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

 1. El contexto: Estos pocos versículos nos ayudan a entrar más profundamente todavía en el relato de la Pasión y nos conducen casi hasta la intimidad de Jesús, en un lugar cerrado, apartado, donde Él se encuentra solo, cara a cara con Pilato: el pretorio. Aquí es interrogado, responde, pregunta, continúa revelando su misterio de salvación y a llamarnos para Él. Aquí Jesús se muestra como rey y como pastor. Aquí está atado y coronado en su condena a muerte, aquí Él nos conduce a las verdes praderas de sus palabras de verdad. El pasaje forma parte de una sección algo más amplia, comprendida entre los versículos 28-40 y relata el proceso de Jesús ante el Gobernador. Después de una noche de interrogatorios, de golpes, desprecios y traiciones, Jesús es entregado al poder romano y condenado a muerte, pero precisamente en esta muerte, Él se revela Rey y Señor, Aquel que ha venido a dar la vida, justo por injustos, inocente por nosotros(as) pecadores.

2. «Mi reino no es de este mundo»: Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. No pertenece a ningún sistema injusto de este mundo. No pretende ocupar ningún trono. No busca poder ni dinero. Tiene un fundamento  completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo. Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey...y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana. Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana. Es fácil caer en la tentación de interpretar la afirmación«mi Reino no es de este mundo», como referida a un Reino que se sitúa exclusivamente en un plano religioso y espiritual, sin o con poca incidencia en el campo temporal, en el terreno de la historia concreta. Pero ello no corresponde al conjunto del Evangelio. Un texto anterior del propio Juan nos puede ayudar a comprender el nuestro. En el capítulo ocho, en medio de una dura polémica con los fariseos, Jesús les dice: «yo no soy de este mundo»  (v.23). Los términos en la lengua original, el griego, son exclusivamente los mismos. Hay una distancia e incluso una ruptura y Jesús la quiere hacer notar; pero ella no está entre lo religioso y lo temporal, sino entre la dominación y el servicio. El Reino de Jesús no es como el que Pilato conoce, un Reino de arbitrariedad, privilegios y dominación; su Reino es de amor, libertad, justicia y servicio.

3. Jesús, el Rey atado y entregado: La «entrega del Cristo» es una realidad teológica, pero al mismo tiempo vital, de extrema importancia, porque nos conduce a lo largo de un camino de sabiduría muy fuerte. Puede ser útil recorrerlo, buscándolo en los signos a través de las páginas de la Escritura. Ante todo, parece que es el mismo Padre quien entrega a su Hijo Jesús, como un don para todos(as). Romanos 8,32 dice: «Dios, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar con Él todas las cosas?»  Al mismo tiempo, sin embargo, es Jesús mismo, en la suprema libertad de su amor, en íntima unión con la voluntad del Padre, quien se entrega por nosotros(as), quien ofrece su vida; dice San Pablo: «Cristo nos ha amado y se ha entregado a sí mismo por nosotros». (Ef 5,2.25). Pero también están estas palabras de Jesús: «Yo ofrezco mi vida por las ovejas; ninguno me la quita, sino que yo la ofrezco por mi mismo». (Jn 10,18). Por tanto, antes de toda otra entrega, está esta entrega voluntaria, que es solamente entrega de amor y de donación.

4. Soy Rey: Pilato es astuto, no se engaña. No ve en la respuesta de Jesús una negación de su realeza. Deduce e insiste: «luego tu eres Rey» (v.37). El Señor lo acepta sin evasivas: «sí, como dices, soy Rey». Para eso ha venido al mundo. Para instaurar un mundo de paz y fraternidad, de justicia y respeto por los derechos de todos, de amistad con Dios y entre nosotros. Ese es su Reino que llega a la historia humana, la impulsa y la lleva más allá de ella misma. Reina­do que «no tendrá fin», pero está presente desde ahora, no es sólo para el futuro, «su dominio es eterno» (Dan.7,14). No se limita al pasado, ni al presente o al futuro. Se trata de un Reino cuya llegada plena pedimos en la oración del Padre Nuestro, De esa verdad Jesús es testigo.

5. El(la) seguidor(a) de Jesús es «testigo». Hemos venido tras las huellas de Jesús para ser discípulos(as). El quehacer es vivir la verdad del evangelio y comunicar la experiencia de Jesús que está cambiando nuestra vida. Vive convirtiéndose a Jesús, contagia la atracción que siente por él, ayuda a mirar hacia el evangelio, pone en todas partes la verdad de Jesús. La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda a la suya.