21 may 2013

ASCENSIÓN DEL SEÑOR


Lucas 24,45-53

1. Oración Inicial: Señor Jesús, envía tu Espíritu Santo para que nos ayude a leer la Biblia como Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros(as) podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar que Tú estás vivo en medio de nuestra historia como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

 2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Lucas es el único evangelista que habla de la ascensión, distinguiéndola de la resurrección. El resucitado necesitaba confirmar a sus discípulos(as) en la fe e instruirles con vistas a su futura misión. Es en lo que insiste el libro de los Hechos al hablar de cuarenta días. Se destaca la importancia del resucitado en el origen de la Iglesia. Después se iniciará el tiempo de la misión en el que Jesús continuará presente mediante la fuerza del Espíritu Santo. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 24,45-53: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.

2) ¿Qué dijo Jesús sobre lo escrito en las escrituras acerca de él?

3) ¿Cuál es la misión que los(as) discípulos(as) deben hacer en nombre de Jesús?

4) ¿Qué promete Jesús para que sus discípulos(as) pudieran ser sus "testigos"?

5) ¿Qué fue el último gesto de Jesús al ascender al cielo?


3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a) Jesús nos llama a ser testigos, ¿Qué significa en nuestros días ser testigos de Jesús? ¿Cómo vivir para hacer vida hoy el proyecto de Jesús?

b) ¿En qué damos verdadero «testimonio» de Jesús y de su Causa? ¿En qué no lo damos suficientemente o en verdad, aún no lo damos?

c) ¿Qué señales damos de interés por los(as) demás y por su liberación de esclavitudes, adicciones o angustias, de sufrimientos, marginación, opresión o depresión?

d) La misión nace del Espíritu: ¿Cómo dejarnos guiar por el Espíritu Santo?

e) ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Que tu Espíritu, Señor, nos de fuerza para ser testigos del Reino».

 5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: El testimonio se demuestra con hechos y actitudes de vida nueva, ¿Qué puedes hacer para «bendecir», buscar el bien, hacer el bien, atraer hacia el bien? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

 6. Oración final: Dios Padre bueno, al celebrar con gozosa esperanza la ascensión de tu amado Hijo Jesús, que fue crucificado por ser fiel a tu voluntad de vida digna para todos y todas, te pedimos que, con la fuerza del amor del Espíritu Santo, le sigamos al servicio de tu Reino de justicia, de amor y de paz. Espíritu de Jesús, fecunda nuestras comunidades, para que sean testimonio vivo del Evangelio, vivido hoy, en nuestros días. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:

a.            Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.

b.            ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?

c.            ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

 
2. Es Lucas, tanto en el Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, el único autor que habla de la Ascensión en todo el Nuevo Testamento. Sin embargo, las diferencias sobre el particular de ciertos aspectos y símbolos en el mismo evangelista, sorprende a quien se detiene un momento a contrastar el final del evangelio (24,46-53) y el comienzo de los Hechos (1,1-11). En realidad, los discursos no son opuestos, pero resalta en concreto, que la Ascensión se posponga “cuarenta días”, en los Hechos de los Apóstoles, mientras que en el Evangelio todo parece suceder en el mismo día de la Pascua. Esto último es lo más determinante ya que la Ascensión no implica un grado más o un misterio distinto de la Pascua. Es lo mismo que la Resurrección, si ésta se concibe como la “exaltación” de Jesús a la derecha de Dios. ¿Qué es lo que pretende Lucas? Simplemente establecer un período determinado, simbólico, de cuarenta días en que lo determinante es lo que se refiere a hablarles del Reino de Dios y a prepararlos para la venida del Espíritu Santo. Jesús instruye a sus discípulos de nuevo, confirmándolos en su fe todavía frágil, para estar alerta. El tiempo Pascual extraordinario, nos quiere decir Lucas, está tocando a su fin y el Resucitado no puede estar llevándolos de la mano como hasta ahora. Deben abrirse al Espíritu porque les espera una gran tarea en todo el mundo, hasta los confines de la tierra.

Hay una promesa muy importante: recibirán la fuerza de lo alto, el Espíritu Santo, que les acompañará siempre. Lucas, pues, usa el misterio de la Ascensión para llamar la atención sobre la necesidad de que los(as) discípulos(as) entren en acción. Hasta ahora todo lo ha hecho Jesús y Dios con él; pero ha llegado el momento de una ruptura necesaria para la Iglesia en que tiene que salir de sí misma, de la pasividad gloriosa de la Pascua, para afrontar la tarea de comunicar la buena noticia del Reino de Dios.

3. El último gesto: Jesús era realista. Sabía que no podía transformar de un día para otro aquella sociedad donde veía sufrir a tanta gente. No tenía poder político ni religioso para provocar un cambio revolucionario. Sólo tenía su palabra, sus gestos y su fe grande en el Dios de los que sufren. Por eso le gusta tanto hacer gestos de bondad. «Abraza» a los niños de la calle para que no se sientan huérfanos. «Toca» a los leprosos para que no se vean excluidos de las aldeas. «Acoge» amistosamente a su mesa a pecadores e indeseables para que no se sientan despreciados. No son gestos convencionales. Le salen desde su voluntad de hacer un mundo más amable y solidario en el que las personas se ayuden y se cuiden mutuamente. No importa que sean gestos pequeños. Dios tiene en cuenta hasta el «vaso de agua» que damos a quien tiene sed.

A Jesús le gusta sobre todo «bendecir». Bendice a los pequeños y bendice sobre todo a los enfermos y desgraciados. Su gesto está cargado de fe y de amor. Desea envolver a los que más sufren con la compasión, la protección y la bendición de Dios. No es extraño que, al narrar la despedida de Jesús, Lucas lo describa levantando sus manos y «bendiciendo» a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sus seguidores quedan envueltos en su bendición.

La Iglesia ha de ser en medio del mundo una fuente de bendición. En un mundo donde es tan frecuente «maldecir», condenar, hacer daño y denigrar, es más necesaria que nunca la presencia de seguidores de Jesús que sepan «bendecir», buscar el bien, hacer el bien, atraer hacia el bien. Una Iglesia fiel a Jesús está llamada a sorprender a la sociedad con gestos públicos de bondad, rompiendo esquemas y distanciándose de estrategias, estilos de actuación y lenguajes agresivos que nada tienen que ver con Jesús, el profeta que bendecía a la gente con sus gestos y palabras de bondad.

 4. Ascensión y Pentecostés son las fiestas de la madurez cristiana. Son un llamado a prolongar la misión de Jesús con nuestras percepciones de la realidad, criterios, decisiones. "La fuerza del Espíritu" (Hch.1,7) está con nosotros. No se trata de quedarse inmóviles mirando hacia arriba y lamentando la ausencia del Señor, sino de ponerse en camino y llevar su Evangelio "a todos los confines de la tierra" (Hch.1,8). Por ello todo intento de mantener a los(as) cristianos(as) en una actitud de dependencia e inmadurez sin reales responsabilidades y voz en la Iglesia es contrario al sentido de la fiesta que celebramos hoy. Ser adulto en la fe es una exigencia evangélica, y el adulto debe tener opinión sobre la misión común.

6° DOMINGO DE PASCUA


Juan 14,23-29

 1. Oración Inicial: Espíritu de la Verdad, que procedes del Padre y del Hijo y que hablaste por los profetas: acude en nuestra ayuda y revélanos el sentido de las Escrituras. Te lo pedimos a ti con confianza, porque tú las inspiraste y las conservas. Tú, que eres Espíritu de Vida, haz que el texto bíblico se convierta para nosotros(as) en Palabra viva y liberadora, que produzca la adhesión y el seguimiento de Jesús para la extensión del Reino de Dios. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

 2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: Estamos en el discurso de despedida de la última cena del Señor con los suyos (14:1-31. Se profundiza en que la palabra de Jesús es la palabra del Padre. Pero se quiere poner de manifiesto que cuando él no esté entre sus seguidores, esa palabra no se agotará, sino que el Espíritu Santo completará todo aquello que sea necesario para la vida de la comunidad. Según Juan, Jesús se despide en el tono de la fidelidad y con el don de la paz. Esta lectura nos va preparando a la fiesta de Pentecostés. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 14,23-29: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que le impresionó más.

2) ¿En qué circunstancia sucede el relato en el texto?

3) ¿Qué debe caracterizar una persona que ama a Jesús? ¿Y cómo responderá Dios?

4) ¿Cuál es el origen de las palabras de Jesús?

5) ¿Cuál es el rol que cumple el Espíritu Santo según el texto?

6) ¿Por qué no se debe angustiarse ni tener miedo?


3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a)    “La persona que me ama hace caso de mis palabras”: ¿Hacemos caso y ponemos en práctica las palabras de Jesús? ¿Sentimos que Dios habita en y entre nosotros(as)? Dar ejemplos.

b)    “…El Espíritu Santo… les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”. ¿Qué importancia tiene el Espíritu Santo en nuestra lectura e interpretación de la Biblia? ¿Por qué pedimos la presencia del Espíritu Santo antes de leer la Escritura?

c)    “Les dejo la Paz, les doy mi Paz...: ¿Vivimos en la Paz de Cristo? ¿Somos instrumentos de paz en medio de nuestra realidad? ¿Qué nos falta?

d)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “El Espíritu Santo…les enseñará todas las cosas…”

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Comprometernos esta semana a ser fiel a la Palabra de Jesús para que Dios habite en nosotros(as) y nosotros(as) en Él. Llevamos una “palabra”. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Dios Bueno: envía sobre nosotros tu Espíritu de sabiduría, para que, conforme prometió Jesús, nos vaya recordando todo lo que tu Hijo nos enseñó, y nos vaya haciendo descubrir otras muchas posibilidades que aquellas mismas enseñanzas comportan para vivir la fe de un modo nuevo, con fidelidad creativa, en este mundo también nuevo en que nos ha tocado vivir. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.


Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:

Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.

a)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido?

b)    ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?

c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

 2. En el evangelio de Juan, Jesús, dentro del contexto de la Ultima Cena y del gran discurso de despedida, insiste en el vínculo fundamental que debe prevalecer siempre entre los(as) discípulos(as) y él: el amor. Judas Tadeo ha hecho una pregunta a Jesús: “¿Por qué vas a mostrarte a nosotros y no a la gente del mundo”? Obviamente, Jesús, su mensaje, su proyecto del reino, son para el mundo; pero no olvidemos que para Juan la categoría “mundo” es todo aquello que se opone al plan o querer de Dios y, por tanto, rechaza abiertamente a Jesús; luego, el sentido que da Juan a la manifestación de Jesús es una experiencia exclusiva de un reducido número de personas que deben ir adquiriendo una formación tal que lleguen a asimilar a su Maestro y su propuesta, pero con el fin de ser luz para el “mundo”; y el primer medio que garantiza la continuidad de la persona y de la obra de Jesús encarnado en una comunidad al servicio del mundo, es el amor. Amor a Jesús y a su proyecto, porque aquí se habla necesariamente de Jesús y del reino como una realidad inseparable.

Ahora bien, Jesús sabe que no podrá estar por mucho tiempo acompañando a sus discípulos(as); pero también sabe que hay otra forma no necesariamente física de estar con ellos(as). Por eso los(as) prepara para que aprendan a experimentarlo no ya como una realidad material, sino en otra dimensión en la cual podrán contar con la fuerza, la luz, el consuelo y la guía necesaria para mantenerse firmes y afrontar el diario caminar en fidelidad. Les promete el Espíritu Santo, el alma y motor de la vida y de su propio proyecto, para que acompañe al discípulo(a) y a la comunidad. Finalmente, Jesús entrega a sus discípulos(as) el don de la paz: “mi paz les dejo, les doy mi paz” (v. 27); testamento espiritual que el discípulo(a) habrá de buscar y cultivar como un proyecto que permite hacer presente en el mundo la voluntad del Padre manifestada en Jesús. Es que en la Sagrada Escritura y en el proyecto de vida cristiana la paz no se reduce a una mera ausencia de armas y de violencia; la paz involucra a todas las dimensiones de la vida humana y se convierte en un compromiso permanente para los seguidores de Jesús.

 3. Jesús es el camino: Seguir a Jesús, guardar su palabra como dice el texto de san Juan (vs.23), es la prueba del amor, del verdadero discípulo(a). Es, a la vez, el único camino al Padre. El acceso a Dios se hace posible sólo en Jesús. Ese es uno de los grandes temas del evangelio de Juan: Jesús es la Palabra, el Hijo, la revelación de Dios (vs.24), en nuestra historia humana. Por eso, no hay otro camino a Dios sino el de "guardar su palabra". Llegar al Padre es un asunto de vida, de práctica. Se trata de una adhesión y un amor a la persona de Jesús que se expresa en la atención de su palabra, en el esfuerzo por poner en práctica el modo de vivir de Jesús. Esa es la primera gran afirmación del texto de hoy.

4. El Espíritu de Jesús: La presencia de Jesús en la historia humana asume una nueva forma: el Espíritu. Enviado por el Padre, el Espíritu enseñará y hará posible el recuerdo de Jesús, de sus palabras y obras (14,26). Esa confianza en la presencia del Espí­ritu de Dios entre nosotros da sentido al "testamento" de Jesús: el don de la paz. "La paz les dejo, mi paz les doy" (vs.27). Como sabemos, se trata de la palabra hebrea shalom, que traducimos en castellano como "paz". El testamento de Jesús ha de entenderse en términos de shalom que significa bienestar, vida, armonía y, por tanto, paz. Aquí "paz" en la boca de Jesús expresa su deseo de que la vida en plenitud alcance a sus discípulos. ¡Que los seguidores de Jesús estén llenos de vida! Esa es la idea que el evangelio expresa. Y eso sólo es posible si están llenos del Espíritu de Jesús, el Espíritu de la vida plena y, por tanto, el Espíritu de la Paz. El Espíritu de Jesús nos permite no quedar presos del miedo y temor (vs.28), experiencias y sentimientos tan frecuentes en el contexto en que vivimos. No se trata de negar nuestros sentimientos, sino más bien de vivir en la “paz-shalom-vida” del Espíritu de Jesús.

5. La propuesta es sencilla: quien ama está cumpliendo la voluntad de Dios, del Padre. Por tanto, quien ama en el mundo, sin ser del “círculo” de Jesús, también estaría integrado en este proceso de transformación que se nos propone en el discurso joánico. Esta es una de las ventajas de que el Espíritu esté por encima de los círculos, de las instituciones, de las iglesias y de las teologías oficiales. El mundo, es verdad, necesita el amor que Jesús propone para que Dios “haga morada” en él. Y donde hay amor verdadero, allí está Dios, como podrá inferirse de la reflexión que el mismo círculo joánico ofrecerá en 1Jn 4.

5° DOMINGO DE PASCUA


Juan 13,31-35

 
1. Oración Inicial: Jesús, envíanos tu Espíritu Santo para comprender tú Palabra. Guía nuestros pasos, orienta nuestro caminar, para que sigamos tu ejemplo, abriendo los brazos a la gente y anunciando un Dios que se hace cercano para traernos la justicia y la paz. Queremos ser testigos para construir un mundo nuevo, para que brille el Evangelio y con su luz pueda haber Vida para toda la humanidad como Tú lo quieres. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».
 

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El texto de hoy nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a sus discípulos(as): el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos(as) a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 13,31-35: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee en voz alta el versículo o palabra que más le tocó el corazón.

2)    ¿Cuál es la situación en que sucede este relato? En esa noche antes de su muerte, ¿En qué piensan que     estaba pensando Jesús esa noche?

3)    En los vs. 31-32, ¿Cuántas veces se encuentra la palabra "gloria o glorificar "?

4)    ¿Cuál es el mandamiento nuevo que les da Jesús?

5)    Según Jesús, ¿Qué mostraría al mundo que verdaderamente lo seguían?

 3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a)    ¿Hemos puesto el amor concreto de Jesús como la pauta de nuestro hablar y de nuestro compromiso? Dar ejemplos.

b)    ¿Tenemos conciencia de que ése es, realmente, «el mandamiento», la verdadera tarea del ser humano y del cristiano(a)? ¿Cómo se demuestra en nuestras vidas?

c)    “Amar como Yo les he amado”: ¿Qué consecuencias prácticas tienen estas palabras de Jesús para nuestras vidas?

d)    ¿Por qué debemos amarnos los unos a los otros?

e)    ¿La gente nos puede identificar como cristianos por la manera que vivimos el amor los unos a los otros? ¿Qué nos falta?

f)     ¿Qué es necesario para que la fe resulte creíble para los que nos rodean?

g)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “Ámense los unos a los otros así como Yo los he amado”.

 5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué gesto concreto podríamos Compromiso: ¿Qué compromiso concreto hago esta semana para poner en práctica el mandamiento nuevo de Jesús? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

 6. Oración final: Dios Padre nuestro que, por medio de Jesús, has dado por ley a tu pueblo santo el nuevo mandato de amar como Cristo nos amó a nosotros(as); haznos testimonios vivos de ese mismo amor, para que lo difundamos a todo el pueblo. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:

a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.

b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?

c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

 2. Hacer presente al Señor: Juan nos presenta a Jesús despidiéndose de sus discípulos, y dejándoles un resumen de su enseñanza. El Señor partirá pronto pero seguirá en medio de ellos(as) si viven de acuerdo con el "mandamiento nuevo" que les confía; "como yo los he amado, así ámense también ustedes los unos a los otros" (vs.34). Nuevo, no porque sea la primera vez que lo dice, sino porque el amor es creación permanente, innovación de todos los días, búsque­da continúa de maneras para salir de uno mismo y hacer del otro el centro de nuestras vidas. Esa es la manera de hacer que Jesús esté siempre presente. "En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se aman los unos a los otros" (v.35). Se reconocerá a Jesús si amamos como él. Totalmente, sin que nadie quede excluido de nuestro amor, a través de una solidaridad especial hacia los insignificantes y oprimidos, teniendo presente ante todo el Reino de Dios, denunciando con claridad a los responsables de las injusticias y maltratos hacia los pobres. "Como yo los he amado": sin doble lenguaje, sin temor a que los poderosos se disgusten, sin buscar honores ni comodidades, sin silen­cios cómplices. Es importante recordar todo eso, para hacer del amor concreto de Jesús la pauta de nuestro hablar y de nuestro compromiso ante los desafíos que la dura realidad de nuestro país y de nuestro continente nos lanza hoy.

3. Una de las principales causas por las que algunas personas abandonan las comunidades radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. A veces nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el hermano(a) la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

4. Un mandamiento nuevo: Lo que caracteriza este mandamiento son tres cosas:

a. La reciprocidad del amor. El acto de amar en este caso no es una acción dirigida a otro sino que tiene que ver con una situación de amor en medio de una comunidad de fieles. Podemos decir que en este caso se refiere específicamente a lo que luego sería la iglesia. No es posible eludir la sensación de que esta invitación al amor mutuo funciona como antídoto a la desazón –y a la falta de claridad- reinante entre ellos. Cuando no entendemos del todo lo Dios está haciendo y por qué lo está haciendo, el amor en la iglesia debe ayudarnos a llevar adelante el tiempo de espera hasta poder ver el plan final de Dios.
b. Este amor es reflejo del de Jesús mismo. El amor es fruto de experimentar lo que Dios ha hecho a través de Cristo en nuestra vida y nuestra iglesia. ¿Ha hecho algo? ¿Se lo hemos permitido? Solo sabiendo de la acción de Dios y reconociéndolo como fuente de toda bondad estaremos capacitados(as) para intentar ejercitar este mandamiento. Es así que esto nos remite a observar la comunidad de la que formamos parte. ¿Qué necesidades hay en ella? ¿Cómo reaccionamos ante los conflictos? ¿Cuál es nuestra actitud hacia quienes están fuera de ella? Estas y otras preguntas son cruciales para poder responder a este pedido de Jesús. De más está decir que el amor en la comunidad debe ser también el amor de la comunidad hacia fuera de ella, al mundo que la rodea.

c. El tercer elemento en juego es que este amor cobra valor de testimonio ante el mundo. El ser discípulo(a) se hará evidente por el amor que viven. No los conocerán por otra cosa que no sea por el amor compartido. Vivimos un mundo donde el amor con estas características no siempre abunda. A pesar de que hay iglesias en casi todos los barrios y ciudades, todavía no hemos respondido con eficacia a esta afirmación de Jesús. Por un lado se da él en toda su plenitud, en su vida. Por otro nos pide que testifiquemos de su entrega a través del amor mutuo y su reflejo hacia el mundo. Quizá en este tiempo tengamos una nueva oportunidad para mostrar como Dios puede capacitar a hombres y mujeres frágiles para la delicada tarea de construir una comunidad de amor, sensible a las necesidades del prójimo.