27 ene 2013

4° Domingo del Tiempo Ordinario


Lucas 4,21-30

1. Oración Inicial: ¡Padre Bueno! Tú eres nuestro creador, nos acoges a través de Jesús tu Hijo y nos guías con tu Espíritu Santo. Abre nuestras mentes para que podamos comprender tu Palabra y el sentido de la vida que nos has dado. Refuerza nuestras voluntades para cumplir tu voluntad y así mostrar que otro mundo es posible, más semejante a tu imagen. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El texto de hoy nos pone delante del conflicto surgido entre Jesús y la gente de Nazaret. Sucedió un sábado tras la lectura que hizo Jesús de un texto del profeta Isaías. Jesús decía que en él se cumplían esas palabras, es decir, que es el ungido (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos. En un primer momento, todos quedaron admirados pero cuando se dieron cuenta del alcance y del significado del programa de Jesús, se rebelan y quieren matarlo. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Lucas 4,21-30: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?
1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2) ¿Dónde transcurre el relato? ¿Qué palabras de Isaías había leído Jesús (ver Lc. 4, 18-19)?
3) ¿Cómo reacciona la gente inicialmente? Luego: ¿Qué reacción de desconfianza demuestra?
4) ¿Qué les dice Jesús entonces? ¿A qué profetas del Antiguo Testamento hace referencia Jesús?
5) Sidón y Siria eran lugares de "paganos", es decir, alejados de Dios, rechazados por los Israelitas. ¿Por qué Jesús recuerda los episodios a favor de ellos de parte de Dios?
6) ¿Quiénes rechazan a Jesús y qué intentan hacer con él? Finalmente, ¿Qué hizo Jesús?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a)    Conflictos como encontró Jesús se dan también hoy. Aceptamos al otro en la medida en que se comporta de acuerdo con nuestras ideas, pero cuando el otro decide admitir en comunidad a personas que nosotros excluimos, surge el conflicto. Comentar.
b)    ¿Quiénes son los excluidos que hoy deberíamos acoger en nuestra comunidad?
c)    La cruz, en su forma de rechazo de los demás, de conflicto con los otros, sobre todo con el poder… a todos nos asusta y nos acobarda... ¿He dejado de comprometerme con la lucha por la justicia, de decir la verdad, de denunciar las cosas malas, por temor al conflicto, al qué dirán, al rechazo, a las posibles represalias de los poderosos, de la sociedad o de la institución? ¿Prefiero más bien no complicarme la vida?
d)    Seguir a Jesús produce a veces conflictos e incomprensión. ¿Cómo vivimos esto en nuestra vida? ¿Somos fieles o “acomodamos su mensaje” para evitar “problemas”?
e)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy?

4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: Cada persona piensa en una buena acción que puede realizar esta semana fuera o más allá de la iglesia. Llevamos una “palabra”. Esa palabra o versículo nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente.

6. Oración final: Dios del Reino que nace desde los pobres, que en Jesús nos has dado un ejemplo de coherencia y entrega a la verdad sin miedo a las consecuencias, al conflicto, a la Cruz. Ayúdanos a ser como Él, coherentes con nuestra misión de anunciar la Buena Noticia a los pobres y servir a la Verdad con valor y coherencia, sin amedrentarnos ni retroceder al experimentar el rechazo y la cruz que también Él experimentó. AMÉN. Padre Nuestro, que estás en el cielo…
  
Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. Ante un público atento, Jesús une la Biblia con la vida de la gente (4,20-21): Terminada la lectura, Jesús devuelve el libro al servidor y se sienta. Jesús no es aún el coordinador de la comunidad, es laico, y como tal participa en la celebración, como todos los demás. Había estado ausente de la comunidad durante varias semanas, luego se había unido al movimiento de Juan Bautista y se había hecho bautizar por él en el Jordán (Lc 3,21-22). Además, pasó más de cuarenta días en el desierto reflexionando sobre su misión (Lc 4, 1-2). Aquel sábado, tras su vuelta a la comunidad, Jesús es invitado a leer. Todos están atentos y curiosos: “¿Qué dirá?” El comentario de Jesús es muy breve, más aún, brevísimo. Actualiza el texto, lo une a la vida de la gente. La promesa de liberación a los oprimidos y de evangelización de los pobres se cumple en Jesús (Lc.4, 21).

3. Reacción contradictoria del público (4,22): Por parte de la gente la reacción es doble. En primer lugar, una actitud atenta de admiración y de aclamación. Luego, inmediatamente, una reacción de desconfianza. Dicen: “¿Acaso no es éste el hijo de José?” ¿Por qué están escandalizados? Jesús habla de acoger a los pobres, a los ciegos, a los prisioneros, a los oprimidos. Pero ellos no aceptan su propuesta. Y así, en el mismo momento en que Jesús presenta su proyecto: acoger a los excluidos, ¡él mismo es excluido! Pero el motivo también es otro. Es importante notar los detalles en las citas que el Evangelio de Lucas hace del Antiguo Testamento. Al comentar Lucas 3,4-6, Lucas presenta un cita más larga de Isaías para poder mostrar que la apertura a los paganos estaba ya prevista por los profetas. Aquí sucede algo semejante. Jesús cita el texto de Isaías hasta donde dice: "y proclamar el año de gracia del Señor", y corta el resto de la frase, que dice “y un día de venganza de nuestro Dios, para consolar a todos los afligidos" (Is 62,2b). La gente de Nazaret critica el hecho de que haya omitido la frase sobre la venganza contra los opresores del pueblo. Ellos querían que el día de la venida del reino fuese un día de venganza contra los opresores del pueblo. Los afligidos habrían visto así restablecidos sus derechos. Pero en este caso, el advenimiento, la venida del Reino no habría traído un cambio real del sistema injusto. Jesús no acepta este modo de pensar, no acepta la venganza. Su experiencia de Dios Padre, le ayudaba a entender mejor el significado exacto de las profecías. Su reacción, contraria a la de la gente de Nazaret, nos hace ver que la antigua imagen de Dios, como juez severo y vengativo, era más fuerte que la Buena Noticia de Dios, Padre amoroso que acoge a los excluidos.

4. Jesús critica la reacción de la gente (4,23-24): Jesús interpreta la reacción de la gente y la considera una forma de envidia: “Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaún, ¡hazlo también aquí en tu patria!” Jesús era conocido en toda la Galilea (Lc 4,14) y a la gente de Nazaret no le gustaba el hecho de que Jesús, un hijo de su tierra, hiciera cosas buenas en la tierra de los otros y no en su propia tierra. Pero, la reacción tiene una causa más profunda. Incluso, si Jesús hubiera hecho las mismas cosas que en Cafarnaún, la gente no habría creído en él. Ellos conocían a Jesús: “¿Quién es éste para enseñarnos? ¿No es el hijo de José?” (Lc 4,22). “¿No es él el carpintero?” (Mc 6,3-4) Hasta hoy, tantas veces lo mismo: cuando un laico o una laica predican en la iglesia, muchos no aceptan, salen y dicen: “Él es como nosotros: ¡no sabe nada!” No pueden creer que Dios pueda hablar mediante personas más comunes. Marcos añade que Jesús quedó extrañado de la incredulidad de su pueblo (Mc 3,6).

5. Iluminación bíblica por parte de Jesús, citando a Elías y a Eliseo (4,23-27): Para confirmar que su misión era verdaderamente la de optar y acoger a los excluidos, Jesús se sirve de dos pasajes de la Biblia muy conocidos, la historia de Elías y la de Eliseo. Él gran profeta Elías no fue enviado a alguien que perteneciera al pueblo judío, sino a una viuda de un país pagano (1 Re 17, 7-16). Así desde la marginalidad llega el mensaje de Dios. Lo mismo ocurre con el discípulo de Elías, Eliseo, que sana a un leproso, pagano también y, por consiguiente, menospreciado por los auditores de Jesús, y no a un miembro del pueblo escogido (2 Re 5,14). De nuevo, he aquí que aparece en todo esto la preocupación de Lucas que desea mostrar que la apertura hacia los paganos viene de Jesús mismo. Jesús tuvo las mismas dificultades que tenían las comunidades en tiempos de Lucas.

6. Reacción furiosa por parte de la gente que quiere matar a Jesús (4,28-30): El uso de estos dos pasajes de la Biblia produce entre la gente todavía más rabia. La comunidad de Nazaret llega hasta el punto de querer matar a Jesús. Pero él mantiene la calma. La rabia de los otros no consigue desviarlo de su camino. Lucas indica cómo es difícil superar la mentalidad de privilegio y de cerrazón hacia los otros. Hoy sucede lo mismo. Una frecuente pretensión del creyente es querer apropiarse de Dios, incluso ponerlo a su servicio. Es también nuestra tentación como cristianos(as) y como Iglesia. Lo que creemos conocer nos impide estar atentos a lo nuevo, sobre todo si llega a través de lo insignificante y lo marginado. El Señor nos recuerda que Dios nos interpela desde aquellos que no sabemos apreciar.

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