17 dic 2012

4° Domingo de Adviento


Lucas 1,39-45

1. Oración Inicial: Jesús, envíanos tu Espíritu Santo para comprender tu Palabra. Guía nuestros pasos, orienta nuestro caminar para que sigamos tu ejemplo, abriendo los brazos a los demás y anunciando un Dios que se hace cercano para traernos la justicia y la paz. Queremos ser testigos para construir un mundo nuevo, para que brille el Evangelio y con su luz pueda haber Vida para toda la humanidad como Tú lo quieres. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?
a. Introducción: El texto de hoy nos relata el encuentro de dos mujeres madres. Pero el encuentro es también el encuentro de los dos hijos por nacer. Ante el saludo de la joven, el niño de Isabel “salta de gozo”. La madre alude poco después a lo que siente dentro de sí; se trata de la alegría del niño el futuro Juan Bautista- alrededor de quien habían girado hasta el momento los acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el paso a Jesús. La alegría es la primera respuesta a la venida del Mesías. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.
b. Leer el texto: Lucas 1,39-45: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.
c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».
d. ¿Qué dice el texto?
1) Cada persona lee el versículo o parte del texto que te impresionó más.
2) ¿En qué estado físico se encuentra María? ¿A pesar de ello, qué decide hacer?
3) ¿A dónde se dirige y para qué?
4) ¿Cómo es el recibimiento de su prima Isabel? ¿Qué experimenta en su interior?
5) ¿Cuáles son sus palabras a María?

3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.
a. ¿Qué actitudes nos revela la decisión de María de visitar a Isabel? ¿En qué nos interpelan?
b. ¿Cómo acogemos hoy a Jesús que viene?
c. ¿Cómo vivir y expresar, con las personas que me rodean, la ternura de Dios hecho niño para que vivamos el
mismo amor con la misma ternura?
d. La Navidad y la Nochebuena están cargadas de símbolos, de riqueza cultural, de tradiciones familiares, de
una tradición social llena de publicidad comercial… ¿Se puede distinguir el trigo de la paja? ¿Qué es lo
esencialmente cristiano de la Navidad? ¿Cómo lo vivimos?
e. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga
realidad?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: María nos muestra con su vida que a Dios se lo comunica a los demás a través del servicio generoso y la entrega solidaria, ¿Qué gestos solidarios podemos realizar por los demás, en especial por la gente que sufre o pasa necesidad? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

6. Oración final: Madre del Salvador, que nazca Jesús con nosotros. Acércanos a tu hijo para que nos llene de su presencia y llegue el Espíritu a nuestras comunidades. Queremos vivir solidarios siguiendo tus pasos, María, para estar cerca del que sufre y pasa necesidad. Aliéntanos para decidir vivir en la práctica las actitudes que tú nos enseñas con tu ejemplo sencillo, solidario y cercano. Que llevemos a Jesús a toda la humanidad. ¡Ven, Señor Jesús! AMÈN. Padre Nuestro, que estás en el cielo…

 Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:
a)      Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.
b)      ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?
c)      ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

2. María visita a Isabel (1,39-40): Lucas acentúa la prontitud de María para atender las exigencias de la Palabra de Dios. El ángel le comentó el embarazo de Isabel e, inmediatamente, María se levantó para comprobar lo que el ángel le había anunciado. Sale de casa y va a ayudar a una persona necesitada. De Nazaret hasta las montañas de Judá hay, más de cien kilómetros. ¡Y no había bus ni tren!

3. Saludo de Isabel (1,41-44): Isabel representa el Antiguo Testamento que termina; María, el Nuevo que comienza. El Antiguo Testamento acoge al Nuevo con gratitud y confianza, y reconoce en él el don gratuito de Dios que completa y realiza toda expectativa del pueblo. En el encuentro de las dos mujeres, se manifiesta el don del Espíritu que hace al niño dar saltos de alegría en el seno de Isabel. La Buena Noticia de Dios revela su presencia en uno de los aspectos más comunes de la vida humana: dos amas de casa se visitan para ayudarse. Visita, alegría, embarazo, niño, ayuda mutua, casa, familia: en todo esto es donde Lucas quiere que las comunidades y nosotros descubramos la presencia del Reino. - El elogio de Isabel a María "Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá." Éste es el recado que Lucas deja a las comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues tiene la fuerza para realizar aquello que nos dice: es Palabra creadora. Genera vida nueva en el seno de la Virgen, en el seno de las personas pobres y abandonadas que la acogen con fe.

4. MADRES CREYENTES: El encuentro de dos embarazadas es descrito con suma ternura. El movimiento del bebé en el vientre de Isabel como signo de alegría y de la llegada del Espíritu Santo pone en evidencia que esta parte de la historia de la salvación está en manos de mujeres y en funciones que solo ellas puedan ejercer. La buena noticia comienza entonces con el encuentro de dos mujeres en los extremos de la vida. La escena es conmovedora. La ha compuesto Lucas para crear la atmósfera de alegría, gozo profundo y alabanza que ha de acompañar al nacimiento de Jesús. La vida cambia cuando es vivida desde la fe. Acontecimientos como el embarazo o el nacimiento de un hijo cobran un sentido nuevo y profundo. Todo sucede en una aldea desconocida, en la montaña de Judá. Dos mujeres embarazadas conversan sobre lo que están viviendo en lo íntimo de su corazón. No están presentes los varones. Ni siquiera José, que podía haber acompañado a su esposa. Son estas dos mujeres, llenas de fe y de Espíritu, quienes mejor captan lo que está sucediendo.

María «saluda» a Isabel. Le desea todo lo mejor ahora que está esperando un hijo. Su saludo llena de paz y de gozo toda la casa. Hasta el niño que lleva Isabel en su vientre «salta de alegría». María es portadora de salvación: es que lleva consigo a Jesús. Hay muchas maneras de «saludar» y de acercarnos a las personas. María trae paz, alegría y bendición de Dios. Lucas recordará más tarde que era eso precisamente lo que su hijo Jesús pedía a sus seguidores: «en cualquier casa que entren, digan primero: Paz a esta casa».

Desbordada por la alegría, Isabel exclama: «Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». Dios está siempre en el origen de la vida. Las madres, portadoras de vida, son mujeres «bendecidas» por el creador: el fruto de sus vientres es bendito. María es la «bendecida» por excelencia: con ella nos llega Jesús, la bendición de Dios al mundo. Isabel termina exclamando: «Dichosa tú, que has creído». María es feliz porque ha creído. Ahí está su grandeza e Isabel sabe valorarla. Estas dos madres nos invitan a vivir y celebrar desde la fe el misterio de la Navidad.

Feliz el pueblo donde hay madres creyentes, portadoras de vida, capaces de irradiar paz y alegría. Feliz la Iglesia donde hay mujeres «bendecidas» por Dios, mujeres felices que creen y transmiten la fe a sus hijos e hijas. Felices los hogares donde unas madres buenas enseñan a vivir con hondura la Navidad.

Mujeres de su tiempo. María emprende un viaje tremendo y doblemente duro para su tiempo, para estar con su prima. Ellas, ambas, saben que son portadoras de un mundo nuevo, ni más ni menos, un nuevo estilo. María e Isabel están en conocimiento que ambas tienen una semilla profética en su vientre y no lo ocultan, sino que se reverencian, se potencian y se respetan.

Vemos después que Juan es uno y Jesús es otro... son distintos, cada uno con su línea, con sus discípulos, con su misión. ¡Es fuerte! ellas comparten el momento del Anuncio, pero después cada una a sus cosas, a poner en pie el proyecto, a alimentar a la criatura, lejos una de otra, sin mezcla ni confusión.
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