22 mar 2012

2º Domingo de Cuaresma (B)


Marcos 9, 2-10

1.  Oración Inicial:
  Danos tu Espíritu, Padre, para que en una verdadera conversión podamos acoger a tu Hijo que pasa por nuestra historia y así reconocerlo, nuestro pastor y maestro, como él que ofrece la vida por la humanidad. Danos un corazón pronto para escuchar, danos el estar siempre preparados para colaborar en la alegría de nuestros hermanos(as). AMÉN.    Cantar "Espíritu Santo Ven, Ven".

 2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a)  Introducción: Después del anuncio de la pasión y del llamado al seguimiento, Marcos introduce el relato de la transfiguración.  En el texto de hoy aparece el rostro transfigurado del Señor, anticipo de su resurrección. Con ello el Señor quiere fortalecer la fe de sus discípulos de manera que comprenden que, para llegar a la gloria, entes hay que pasar por el camino de la cruz. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

 b. Leer el texto: Marcos 9,2-10: Leemos este texto de Marcos con mucha atención, tratando de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. Terminar cantando: “Tu Palabra me Da Vida”.

d. ¿Qué dice el texto?

1)    ¿Qué versículo o parte del texto te impresionó más? ¿Por qué?

2)    ¿Dónde se encuentra Jesús? ¿Quines lo acompañan?

3)    ¿Cómo sucede la transfiguración y cuál es la reacción de los discípulos ante esta experiencia?

4)    ¿Cuál es el mensaje de la voz del cielo para Jesús? ¿Quién habla?

5)    ¿Quienes también aparecen en la escena?  ¿Qué significan esos personajes para los judíos?

6)    ¿Cuál es el mensaje de la voz del cielo para Jesús? ¿Y cuál es el mensaje para los discípulos?
 
3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

  1. ¿Existe a veces abatimiento y desilusión entre personas hoy? ¿Necesitamos también hoy un alto en el camino para experimentar a Jesús transfigurado y transfigurar así también nuestras vidas? ¿Nos ayuda para ver las dimensiones más profundas de la realidad?
  2. Vamos por la vida caminando hacia el encuentro glorioso con Cristo resucitado: ¿Estamos dispuestos a asumir que ese triunfo final sólo se llega pasando por la cruz, por el servicio, por la vida entregada por los(as) demás?, ¿O preferimos quedarnos en el monte?
  3. ¿Qué significa para nosotros(as) escuchar a Jesús hoy?
  4. Nuestra fe en Jesús: ¿Nos ha regalado algún momento de transfiguración y de intensa alegría? ¿Cómo nos han dado fuerza estos momentos de alegría en los momentos de dificultad?
  5. ¿Cómo transfigurar hoy, la vida personal y familiar, y la vida comunitaria en nuestro barrio?
  6. ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad en nuestra vida?
4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo».

5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto y Comprometernos con la transformación de la realidad: Compromiso: ¿A qué me compromete el «escuchar a Jesús»?  ¿Qué puedo cambiar en mi vida a partir de sus palabras y su vida?  Ofrecerle a Señor alguna actitud concreta para vivir en la semana. Llevamos una “palabra”. Esa “palabra” o versículo que nos va a acompañar hasta que nos encontremos nuevamente. Seguramente se hará presente durante la semana mientras participamos en nuestros quehaceres diarios.

6. Oración final: Dios, Padre nuestro, que nos invitas a «escuchar a tu Hijo muy amado», Jesucristo; abre nuestros corazones para que sepamos acoger su Palabra y ponerla por obra. AMÈN.   Padre Nuestro, que estás en el cielo…

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más


1. Contexto: El anuncio de la pasión sumergió a los discípulos en una profunda crisis. Ellos se encontraban en medio de los pobres, pero en sus cabezas todo era confusión, perdidos como estaban en la propaganda del gobierno y en la religión oficial de la época (Mc 8,15). La religión oficial enseñaba que el Mesías sería glorioso y victorioso. Y es por esto por lo que Pedro reacciona con mucha fuerza contra la cruz (Mc. 8,32) Un condenado a la muerte de cruz no podía ser el Mesías, al contrario, según la Ley de Dios, debía ser considerado como un «maldito de Dios» (Dt 21,22-23). Ante esto, la experiencia de la Transfiguración de Jesús podía ayudar a los discípulos a superar el trauma de la Cruz. En efecto, en la Transfiguración, Jesús aparece en la gloria con Moisés y con Elías. El camino de la gloria pasa por tanto por la cruz. En los años 70, cuando Marcos escribe su evangelio, la cruz constituía un gran impedimento para la aceptación de Jesús como Mesías por parte de los judíos. ¿Cómo podía ser que un crucificado, muerto como un marginado, pudiese ser el gran Mesías esperado por siglos de los pueblos? La cruz era un impedimento para creer en Jesús. Decían: «La cruz es un escándalo» (1Cor 1,23). Las comunidades no sabían cómo responder a las preguntas críticas de los judíos. Uno de los mayores esfuerzos de los primeros cristianos consistía en ayudar a las personas a comprender que la cruz no era un escándalo, ni locura, antes bien, era la expresión del poder y de la sabiduría de Dios (1Cor 1,22-31). El evangelio de Marcos contribuye a este esfuerzo. Se sirve de textos del Antiguo Testamento para describir la escena de la Transfiguración. Ilumina los hechos de la vida de Jesús y muestra que en Jesús se ven realizadas las profecías y que la Cruz es el camino que conduce a la gloria. ¡Y no sólo la cruz de Jesús era un problema! En los años 70 la cruz de la persecución formaba parte de la vida de los cristianos. En efecto, poco tiempo antes, Nerón había desencadenado la persecución y hubo muchos muertos. Hasta hoy, muchas personas sufren porque son cristianos y porque viven el evangelio. ¿Cómo afrontar la cruz? ¿Qué significado tiene?

2. La Transfiguración: el cambio que se da en la práctica de Jesús: En medio de los conflictos con los fariseos y los herodianos (8,11-21), Jesús deja la Galilea y se dirige a la región de Cesárea de Filipo (8,27), donde comienza a preparar a sus discípulos. Por el camino, lanza una pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (8,27). Después de haber escuchado la respuesta que lo consideraban el Mesías, Jesús empieza a hablar de su Pasión y Muerte (8,31). Pedro reacciona: “¡No quiera Dios, Señor, que esto suceda!” (Mt 16,22). Jesús replica: «Lejos de mi Satanás, tú me sirves de escándalo, porque no piensas según Dios, sino según los hombres». (8,33). Fue un momento de crisis. Los discípulos presos por la idea de un Mesías glorioso (8, 32-33; 9,32), no comprenden la propuesta de Jesús y tratan de conducirla por otro camino. Estaba cercana la fiesta de las Tiendas, (cf. Lc 9,33), en la que la expectativa mesiánica popular por lo general acostumbraba a aumentar y mucho. Jesús sube a la montaña. La manifestación del Reino sería muy diferente de lo que la gente se imaginaba. La victoria del Siervo llegaría a través de la condena a muerte (Is 50,4-9; 53,1-12). La cruz aparece en el horizonte, no ya como una posibilidad, sino más bien como una certeza.

3. La voz del cielo esclarece los hechos: (9,7): Apenas Jesús queda envuelto en la gloria, una voz del cielo dice: «Este es mi Hijo predilecto, escúchenlo». La expresión «Hijo predilecto» evoca la figura del Mesías Siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42,1). La expresión «escúchenlo» evoca la profecía que prometía la llegada de un nuevo Moisés (cf. Dt 18,15). En Jesús, se están realizando las profecías del Antiguo Testamento. Los discípulos no podían dudarlo. Los cristianos de los años 70 no podían dudarlo. Jesús es verdaderamente el Mesías glorioso, pero el camino de la gloria pasa por la cruz, según el anuncio dado en la profecía del Siervo (Is 53,3-9). La gloria de la Transfiguración es la prueba. Moisés y Elías lo confirman.

4. ¡Sólo Jesús y nadie más! (9,8) Marcos dice que, después de la visión, los discípulos sólo ven a Jesús y a nadie más. La insistencia en afirmar que sólo ven a Jesús, sugiere que desde ahora en adelante Jesús es la única revelación de Dios para nosotros. Para nosotros los cristianos(as), Jesús, y solamente Él, es la llave para comprender todo el sentido del Antiguo Testamento. Vivir escuchando a Jesús es una experiencia única. Por fin, estás escuchando a alguien que dice la  verdad. Alguien que sabe por qué y para qué hay que vivir. Alguien que ofrece las claves para construir un mundo más justo y más digno del ser humano. No hemos de confundir a nadie con Jesús. Sólo él es el Hijo amado. Su Palabra es la única que hemos de escuchar. Las demás nos han de llevar a él. Y hemos de escucharla también hoy, cuando nos habla de «cargar la cruz» de estos tiempos. El éxito nos hace daño a los cristianos. Nos ha llevado incluso a pensar que era posible una Iglesia fiel a Jesús y a su proyecto del reino, sin conflictos, sin rechazo y sin cruz. Hoy se nos ofrecen más posibilidades de vivir como cristianos (as) «crucificados». Nos hará bien. Nos ayudará a recuperar nuestra identidad cristiana.

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