21 may 2013

5° DOMINGO DE PASCUA


Juan 13,31-35

 
1. Oración Inicial: Jesús, envíanos tu Espíritu Santo para comprender tú Palabra. Guía nuestros pasos, orienta nuestro caminar, para que sigamos tu ejemplo, abriendo los brazos a la gente y anunciando un Dios que se hace cercano para traernos la justicia y la paz. Queremos ser testigos para construir un mundo nuevo, para que brille el Evangelio y con su luz pueda haber Vida para toda la humanidad como Tú lo quieres. AMÉN. Cantar «Espíritu Santo Ven, Ven».
 

2. Lectura: ¿Qué dice el texto?

a. Introducción: El texto de hoy nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a sus discípulos(as): el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos(as) a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. Abramos nuestros corazones a escuchar la Palabra de Dios.

b. Leer el texto: Juan 13,31-35: Hacer una lectura atenta, pausada y reflexiva. Tratar de descubrir el mensaje de fe que el evangelista quiso transmitir a su comunidad. Leerlo una segunda vez.

c. Un momento de silencio orante: Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones. Terminar cantando: «Tu Palabra me Da Vida».

d. ¿Qué dice el texto?

1)    Cada persona lee en voz alta el versículo o palabra que más le tocó el corazón.

2)    ¿Cuál es la situación en que sucede este relato? En esa noche antes de su muerte, ¿En qué piensan que     estaba pensando Jesús esa noche?

3)    En los vs. 31-32, ¿Cuántas veces se encuentra la palabra "gloria o glorificar "?

4)    ¿Cuál es el mandamiento nuevo que les da Jesús?

5)    Según Jesús, ¿Qué mostraría al mundo que verdaderamente lo seguían?

 3. Meditación: ¿Qué nos dice el texto hoy a nuestra vida? No es necesario responder a cada pregunta. Seleccionar las más significativas para el grupo. Lo importante es conocer y profundizar el texto, reflexionarlo y descubrir su sentido para nuestra vida.

a)    ¿Hemos puesto el amor concreto de Jesús como la pauta de nuestro hablar y de nuestro compromiso? Dar ejemplos.

b)    ¿Tenemos conciencia de que ése es, realmente, «el mandamiento», la verdadera tarea del ser humano y del cristiano(a)? ¿Cómo se demuestra en nuestras vidas?

c)    “Amar como Yo les he amado”: ¿Qué consecuencias prácticas tienen estas palabras de Jesús para nuestras vidas?

d)    ¿Por qué debemos amarnos los unos a los otros?

e)    ¿La gente nos puede identificar como cristianos por la manera que vivimos el amor los unos a los otros? ¿Qué nos falta?

f)     ¿Qué es necesario para que la fe resulte creíble para los que nos rodean?

g)    ¿Cuál es el mensaje del texto para nuestra vida hoy y qué podemos hacer en concreto para que se haga realidad?

 4. Oración: ¿Qué le decimos a Dios después de escuchar y meditar su Palabra? Ponemos en forma de oración todo aquello que hemos reflexionado sobre el Evangelio y sobre nuestra vida. “Ámense los unos a los otros así como Yo los he amado”.

 5. Contemplar el rostro de Dios encontrado en el texto, volver la mirada al mundo y comprometernos con el Reino de Dios y su justicia: Compromiso: ¿Qué gesto concreto podríamos Compromiso: ¿Qué compromiso concreto hago esta semana para poner en práctica el mandamiento nuevo de Jesús? Llevamos una "palabra". Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración donde volver a conversarla con el Señor.

 6. Oración final: Dios Padre nuestro que, por medio de Jesús, has dado por ley a tu pueblo santo el nuevo mandato de amar como Cristo nos amó a nosotros(as); haznos testimonios vivos de ese mismo amor, para que lo difundamos a todo el pueblo. Padre Nuestro, que estás en el cielo… AMÉN.

Para Las Personas Que Quieran Profundizar Más

1. Querido(a) Animador(a): Sugerimos seguir la siguiente pauta al iniciar cada encuentro:

a)    Compartir sobre lo que le pasó a la gente en su diario vivir durante la semana.

b)    ¿Cómo he experimentado a Jesús en lo que he vivido? ¿Qué ha hecho Cristo en mi vida?

c)    ¿Qué he hecho esta semana para extender el Reino de Dios?

 2. Hacer presente al Señor: Juan nos presenta a Jesús despidiéndose de sus discípulos, y dejándoles un resumen de su enseñanza. El Señor partirá pronto pero seguirá en medio de ellos(as) si viven de acuerdo con el "mandamiento nuevo" que les confía; "como yo los he amado, así ámense también ustedes los unos a los otros" (vs.34). Nuevo, no porque sea la primera vez que lo dice, sino porque el amor es creación permanente, innovación de todos los días, búsque­da continúa de maneras para salir de uno mismo y hacer del otro el centro de nuestras vidas. Esa es la manera de hacer que Jesús esté siempre presente. "En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se aman los unos a los otros" (v.35). Se reconocerá a Jesús si amamos como él. Totalmente, sin que nadie quede excluido de nuestro amor, a través de una solidaridad especial hacia los insignificantes y oprimidos, teniendo presente ante todo el Reino de Dios, denunciando con claridad a los responsables de las injusticias y maltratos hacia los pobres. "Como yo los he amado": sin doble lenguaje, sin temor a que los poderosos se disgusten, sin buscar honores ni comodidades, sin silen­cios cómplices. Es importante recordar todo eso, para hacer del amor concreto de Jesús la pauta de nuestro hablar y de nuestro compromiso ante los desafíos que la dura realidad de nuestro país y de nuestro continente nos lanza hoy.

3. Una de las principales causas por las que algunas personas abandonan las comunidades radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. A veces nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el hermano(a) la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización.

4. Un mandamiento nuevo: Lo que caracteriza este mandamiento son tres cosas:

a. La reciprocidad del amor. El acto de amar en este caso no es una acción dirigida a otro sino que tiene que ver con una situación de amor en medio de una comunidad de fieles. Podemos decir que en este caso se refiere específicamente a lo que luego sería la iglesia. No es posible eludir la sensación de que esta invitación al amor mutuo funciona como antídoto a la desazón –y a la falta de claridad- reinante entre ellos. Cuando no entendemos del todo lo Dios está haciendo y por qué lo está haciendo, el amor en la iglesia debe ayudarnos a llevar adelante el tiempo de espera hasta poder ver el plan final de Dios.
b. Este amor es reflejo del de Jesús mismo. El amor es fruto de experimentar lo que Dios ha hecho a través de Cristo en nuestra vida y nuestra iglesia. ¿Ha hecho algo? ¿Se lo hemos permitido? Solo sabiendo de la acción de Dios y reconociéndolo como fuente de toda bondad estaremos capacitados(as) para intentar ejercitar este mandamiento. Es así que esto nos remite a observar la comunidad de la que formamos parte. ¿Qué necesidades hay en ella? ¿Cómo reaccionamos ante los conflictos? ¿Cuál es nuestra actitud hacia quienes están fuera de ella? Estas y otras preguntas son cruciales para poder responder a este pedido de Jesús. De más está decir que el amor en la comunidad debe ser también el amor de la comunidad hacia fuera de ella, al mundo que la rodea.

c. El tercer elemento en juego es que este amor cobra valor de testimonio ante el mundo. El ser discípulo(a) se hará evidente por el amor que viven. No los conocerán por otra cosa que no sea por el amor compartido. Vivimos un mundo donde el amor con estas características no siempre abunda. A pesar de que hay iglesias en casi todos los barrios y ciudades, todavía no hemos respondido con eficacia a esta afirmación de Jesús. Por un lado se da él en toda su plenitud, en su vida. Por otro nos pide que testifiquemos de su entrega a través del amor mutuo y su reflejo hacia el mundo. Quizá en este tiempo tengamos una nueva oportunidad para mostrar como Dios puede capacitar a hombres y mujeres frágiles para la delicada tarea de construir una comunidad de amor, sensible a las necesidades del prójimo.

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